31 de octubre de 2011

Soy Tintín, ¿es usted...?



A punto está de llegar a su fin este lunes, testigo del penúltimo cambio de mes de 2010. Se percibe algo de vértigo. Aprovechando el primer asueto docente en el máster, y pese al trabajo pendiente, me he regalado una jornada de auténtico relax mental. Y ha sido muy bien recibida. Todo sea dicho.


Llega la noche y veo que en Twitter siguen rivalizando dos asuntos para hacerse con el dominio de los Trending Topics (TT). Ha sido una dura pugna durante todo el día. Rajoy y Halloween han batallado por hacerse con el dominio de la red social…, y eso que nada comparten en el origen de ambos debates. A nadie sorprende que la penúltima fiesta estadounidense en importar iba a ser un hecho dominante en las conversaciones, aunque sí que resulta más chocante que el candidato popular haya conseguido arrebatar el dominio a los zombies. Y todo por un flagrante error del equipo de comunicación que gestiona su cuenta en Twitter. Todo empezó de la manera más absurda. Un usuario hizo suya la imagen de perfil de Rajoy. Nada extraño. Cualquier político, y más de la dimensión de Rajoy, debe estar preparado para aguantar bromas, críticas y, en la red, mordaces tuits contra su persona. Pero aquí aparece el factor desestabilizador. Uno de los administradores de la cuenta de Rajoy se dirigió al tuitero para pedirle que modificase su imagen de perfil: “Cambie la fotografía, por favor. Gracias de antemano”. Craso error. Parece mentira que ese grupo de personas se dediquen a gestionar el perfil de Rajoy. Visto el éxito, podían ocupar su tiempo en cavar agujeros en el aire. Seguro que ahí no firmarían un error de tal magnitud. Ese comentario, simple en su forma, no ha hecho más que disparar la imaginación de los internautas, que en legión se han cambiado su avatar por fotos, más o menos ingeniosas, del candidato popular. Tal ha sido la avalancha, que desde la propia cuenta de Rajoy han intentado dar marcha atrás. Pero, como de costumbre, ya era tarde. “Simpática iniciativa la del avatar de hoy. No perdáis el sentido del humor; es bueno en los tiempos que corren”, se tuiteaba en el perfil.


Y aunque la creatividad ha imperado en buena parte de esas imágenes de Rajoy, nada comparado con lo vivido en Twitter el pasado viernes, coincidiendo con el estreno de “Las aventuras de Tintín: El secreto del Unicornio”. En apenas unos minutos, el hashtag #TintinHoy se convirtió en la principal tendencia en España. Todo empezó con una broma de colegas entre un redactor de El País, un docente universitario, un corresponsal de La Vanguardia y un freelance. Ellos, sin pretenderlo, dieron un simbólico empujón para que los periodistas, multitud en Twitter, comenzaran a denunciar con humor su precaria situación laboral. De nuevo, los apenas 140 caracteres dieron cobijo a la ironía afilada de los plumillas.


El primer mensaje, la verdad, no fue un ejemplo de originalidad: “Venga, Tintín, hazte algo pa la web”. El segundo ya empezó a allanar el camino: “Tintín, ya que estás en África envía una crónica, eso sí, gratis”. Y el tercero ya encendió la traca: “Manda cinco líneas para la web. También envías fotos, ¿no?”. De ahí al barullo colectivo sólo hubo que dar un poco de tiempo a los compañeros. Intenté guardar las mejores perlas, pero me resultó imposible. Como leí en un mensaje ajeno a la profesión: “Si tuvieran tanto ingenio en el día a día, no habría crisis en el periodismo”. Discrepo en el fondo, sí, pero sirve como resumen de lo que se pudo leer esa jornada en Twitter. Vamos allá... Como se dice en estos casos: "No están todos los que son, pero sí..."

“Falta cubrir 2 min del informativo. Tintín, busca en Youtube a ver si encuentras un gato que sepa tocar la trompeta o algo así”.
“#tintinhoy sería becario hasta los 25, freelance en negro hasta los 30, teleoperador hasta los 35 y dueño de un bar hasta los 75”.
“#tintinhoy, ¿cómo que no te lo vas a firmar? Pues pon Tintín/agencias”.
“Anda, pásate un día trabajando para elaborar un artículo por el que sólo vamos a pagarte 35 euros. Sí, las llamadas las pagas tú también”.
“No, no, no me jodas. Tintín, lo de Botín no me lo metas tan arriba”.

[...]

“Tintín, ese tema no da clics”.
“Sé que te jugaste la vida, muchas gracias pero con la publi solo te queda una columna, y sin foto”.
“La Big Mac, ¿normal o grande?”.
“Tintín, no podemos pagarte el viaje al país de los soviets, cógete un teletipo de EFE y cámbiale el nombre”.
“Vas a hacer una entrevista alucinante. Toma, te doy su teléfono y que te cuente un par de cosas”.
[...]

“Tintín, no podemos hacerte un contrato, pásanos mejor una factura a final de mes y listo”.
“Oye, da esto más grande, y en impar, que esta gente nos mete mucha publicidad”.
“Ctrl + C / Ctrl + V”.
“Mira, si tú no quieres este trabajo, tengo a mil tíos esperando en la puerta (obligatorio chasquear los dedos)”.
“Te he tenido que cambiar el reportaje de arriba abajo. ¿Dónde coño está eso de Syldavia?”.
[...]

“¡Tintín, ni Congo ni conga, a cubrir campaña con teletipos! Y da gracias de tener algo q la cosa está muy mal”.
“Ya sé que tienes 30 años, pero tienes q seguir siendo becario”.
"¿Para qué vas a ir al Congo? ¿No puedes hacer la entrevista por teléfono o e-mail?".
"Tintín, desde mañana viajas en Ryanair. ¿El perro te cabe en la maleta?".
“#tintinhoy habría sufrido un ERE y se estaría reciclando en redes sociales para intentar ser community manager...”.
[...]

"A ver, chaval, el del tupé, hazte un tema sobre #tintinhoy en Twitter, que parece que no se habla de otra cosa".
“-Tintin, grábate unos planos de lluvia. - Pero si no llueve. - Pues búscala!”.
“-Dicen que no admiten preguntas ¿No voy, no? -Déjate de chorradas y acuérdate de enseñarme el script antes de montar”.
“-¡¡Una bomba, ocho muertos!! -¿Dónde? -En Afganistán -Ah, bueeeno...”.
“Al Rastapopoulos ni una sola pregunta comprometida, que ya sabes que posee el 20% de las acciones de nuestro grupo. Alé, andando, #tintinhoy”.
[...]

“#tintinhoy, has llegado ya a Syldavia? Te mando por correo los teletipos”.
“Por dios, Tintín, baja ya de la Luna. Esto es un periódico”.
“Lo del cetro del Ottokar está bien, ¿pero no tienes algo de personajes? ¿Algo más humano?”.
“Tintín, con los recortes estamos prescindiendo de colaboradores, tendrás que echar a Milú”.
“Estamos en agosto, bájate y haz una encuesta, #tintinhoy”.
[...]

“Tintín, mira a ver qué es trending topic hoy y haz una pieza. ¿Que eres tú? Pues mira, más fácil aún. Pero no te lo firmes”.
“Que te quede bonito, es una noticia pagada”.
“#tintinhoy seria #Communitymanager y tuitaria sus aventuras”.
“-De esa historia no tenemos imágenes -Mira a ver qué hay en YouTube, que seguro que hay algo, y lo tapas con eso”.
“#tintinhoy se dedicaría a mirar teletipos y la aventura sería llegar a fin de mes!”.

Y, ahora, mis favoritos. Es difícil elegir, pero… Ahí va mi Top5… Y uno de regalo, que estamos que lo tiramos...

“¿Que se te acaba la beca mañana? ¿Y no te puedes matricular en un postgrado?".
“¿De qué va esto de #TintinHoy? Lo sentimos, no se aceptan preguntas”.
“Tintín: manda YA titulares web, un par de tuits, actualiza el blog y escribe la crónica. Y luego llama a los de la radio”.
“#tintinhoy pertenecería a una de las cuatro castas de periodistas: becarios, precarios, 'pre-EREs' y directivos/tertulianos”.
“Hola, buenas tardes, mi nombre es Tintín. ¿Es usted el titular de la línea?”.

25 de octubre de 2011

El aprecio por la vida

“No permitas que sean necesarias las tragedias esporádicas las que te hagan apreciar la vida. Disfruta de cada día como si fuera el último sin necesidad de que nadie te lo diga”. Este proyecto vital, resumido en poco más de una treintena de palabras, se me repitió durante la tarde de ayer en multitud de ocasiones. Era domingo. Y en el periódico intentábamos dar forma al ejemplar de la semana, mientras yo no conseguía sacarme la frase de la cabeza. Que si la tragedia, la vida, la obra... Volvía una y otra vez, con la precisión de un metrónomo suizo. Ese proyecto vital hecho eslogan no es mío. Tampoco lo acuñó ninguna firma prestigiosa. Lo pronunció un amigo, un compañero de batallas. No obstante, como ejemplo, tiene un valor similar a la frase que podemos extraer de la página de dedicatorias de una obra cualquiera de Vargas Llosa. O, tal vez, más. ¡Quién sabe!


No creo que nadie, en un entorno próximo, conociese a Marco Simoncelli. Como aficionada al deporte del motor, le hubiera reconocido a lo lejos por su estrafalario peinado. Sobre dos ruedas, nunca pasaba inadvertido. Las maniobras más polémicas siempre le otorgan un papel en la escena. Normalmente, como actor principal. En la parrilla, mostraba su indómito carácter italiano. Una sonrisa, pese a la tensión de los instantes precios, siempre decoraba su rostro juvenil antes de que se pusiera el semáforo en verde. Ayer, a primera hora de la mañana, no habría acertado a decir su ciudad natal. Hoy todos, o una mayoría, ubicamos Cattolica sobre el mapa. Hacia allí ya viaja el cuerpo sin vida de 'SuperSic', inerte desde el mismo momento del fatal accidente durante el segundo giro del Gran Premio de Malasia.

Ser testigos de la muerte en directo no causa indiferencia. Y menos cuando la víctima aún no rebasaba el cuarto de siglo. Es cierto que había vivido muy deprisa, pero todavía le quedaban muchos kilómetros por recorrer. En esas, entre trayecto hecho y por hacer, sacas el carné de identidad y corroboras que tú si pudiste atravesar la frontera de los 25 años… y otras más.


Pasas el día leyendo artículos que caen en tus manos acerca de Simoncelli. De su vida y de su trágica muerte. No tengo remedio. No hay ningún libro de autor que me impresione más que un óbito escrito por un corazón de luto. Pero ese todo se convierte en el más absoluto nada en apenas un instante. El tiempo que ocupas en desbloquear el Iphone y llegar hasta la pestaña de notificaciones. Reparas en un aviso de Whatsapp. Lees el mensaje con la apatía que te deja una jornada cercana a su epílogo. Lo lees y lo relees con el deseo de haber mezclado las letras variando el significado inicial. Pero no. Te cuentan que a un compañero le han diagnosticado una de esas enfermedades malsonantes. Te encuentras mal, vas al médico a que te eche un ojo… Y salta por los aires esa vida que llevabas años organizándote. Esos planes a corto, medio y largo plazo. Esa rutina que intenta esquivar el tedio, no siempre con éxito.


Piensas en él y resulta inevitable aliviar el gesto. Dibujas una media sonrisa de complicidad, mientras un escalofrío te atraviesa a modo de rayo traicionero. Te acuerdas del Atleti, del “pupas”. Y deseas que los efectos de ese diagnóstico se minimicen al máximo. Seguro. Contestas a la recepción del mensaje y poco más. No preguntas. Ya sólo esperas que, en unos días, vuelva a vibrar el Iphone y esa próxima notificación llegue cargada de esperanza. De un destino acorde a la calidad humana de su protagonista. De buenas noticias.

22 de octubre de 2011

Un escaparate para la esperanza

Tiempo de reflexión. Jornada de emociones contrapuestas. La satisfacción por un futuro despojado de la violencia terrorista contrasta a estas horas con esa rabia contenida al pensar en todas aquellas víctimas que no pudieron disfrutar de ayer, de ese 20 de octubre de 2010, de hoy y del mañana. El Diario Vasco, con un soberbio toque de serenidad, exhibe en su presentación una de las frases más contundentes, por reales, de las leídas entre las decenas y decenas de portadas de periódicos de ámbito nacional, autonómico y local en esta ilusionante (y siempre prudente) jornada de resaca. “Un día para la esperanza” reza el antetítulo de la cabecera del grupo Vocento. Un deseo verbalizado que se cierra con un conciso “FIN”.

En este día de lectura de periódicos apresurada, por tiempo, y pausada, más por deseo que realidad, resulta de obligado cumplimiento un repaso pormenorizado de las portadas de los diarios editados en España. Sin excepciones. También podría haber sido un día para ojear la prensa internacional, pero la muerte (?) del dictador libio Moamar el Gadafi ha relegado a las páginas interiores el penúltimo paso de la banda terrorista hacia su desaparación. Así que la búsqueda se ha limitado a las fronteras nacionales. Más tiempo para detenerse en los detalles que marcan diferencias en una noticia que presenta, de inicio, una dificultad en el lucimiento de los diseñadores y responsables directivos de los diarios por la escasez de imágenes gráficas del día.

A modo de conclusión: riesgos controlados, pocas sorpresas y alguna decepción. El entusiasmo generalizado contrasta con la cautela de algunos. Y como era de esperar, la apariencia ideológica de cada medio ha estado también muy presente en el enfoque de las cabeceras. También, entre las señas diferenciadoras, ha impreso carácter la elección de ceder su portada íntegramente a ETA o compartirla, como mínimo, con Gadafi. Otros, para más sobrecarga informativa, tuvieron que buscar un espacio adicional, más o menos generoso, para noticias de proximidad geográfica. Así, portadas históricas han perdido, con ese extra de informaciones, su carácter extraordinario. Algunas, si extraemos las palabras y dejamos el diseño, podrían pasar por la presentación de un día corriente. Y ayer no lo fue.


Por diseño, por eso de ser el primer estímulo que percibe el lector al echar un vistazo a la oferta en el quiosco, los diarios más osados tienen los nombres y apellidos habituales. Y una grata sorpresa que se verá más adelante. Público viste de rojo su portada y hace suya la expresión (el hashtag, en Twitter) más utilizada ayer en la red: Agur, ETA. Subrayando la fecha y editorializando con el subtítulo, el diario de Mediapro cierra una elegante página de presentación.



Otra portada que siempre reclama su espacio en jornada de relevancia informativa lleva la mirada hacia el sur. El Ideal también aprovecha los escasos recursos gráficos del día (a excepción de la repetida imagen de los terroristas, encapuchados y puño en alto) para ofrecer un diseño innovador. Un nuevo acierto, al menos, por darse en una jornada extraordinaria también en los informativo. Coincidiendo con El Periódico de Catalunya, el cuño de ETA, sensiblemente modificado en este caso para incluir la palabra “FIN”, prepondera en la primera página del diario andaluz, que se cierra con un titular, cargado de tal originalidad que le podía haber hecho único. Aunque, no fue así. Otro diario, bastante alejado geográficamente, también recurrió, aunque con menor ambición gráfica, al “ETA nos deja en paz”. El Ideal, siguiendo esa línea de ir un paso más allá, lo remarca al tintar de rojo las dos palabras más añoradas de la frase. Un toque diferenciador.





El periódico con el que compartía titular tiene su ámbito de influencia a cientos de kilómetros. El diario Información de Alicante también abría hoy con el “ETA nos deja en paz”, aunque ahí se quedan las semejanzas entre una portada y otra. Mientras la andaluza la dedica en su integridad a la organización terrorista, la alicantina incluye elementos (y más elementos) que restan contundencia a las noticias de la jornada. El titular de ETA, dos subtítulos, un texto, una llamada al editorial, tres destacados para Zapatero, Rajoy y Rubalcaba (con foto, nombre y cita), más la foto de la lectura del comunicado y otra llamada con las siete firmas prestigiadas que hablan de la decisión de la banda terrorista... Eso para empezar.

Superado el tema de apertura de ETA, se continúa con la muerte de Gadafi, noticia que también aporta varios elementos: foto, antetítulo, titular y extracto de la opinión de un experto en estudios árabes que, ya puestos, ha podido dar lugar a equívocos dada su cercanía sobre el papel con el supuesto fin de ETA. “Es necesaria una amnistía general” y “Hay que evitar que se hagan purgas” sobresale entre tantos destacados en portada. Y por ello resulta necesario dedicarle una especial atención para relacionarlo correctamente con la muerte de Gadafi. Así, a primera vista y para algún lector acelerado, se podrían vincular ambas citas con la llamada lucha armada en el País Vasco. Pero tranquilidad, hay más.


El colmo periodístico llevó a que ayer se produjera un fatal accidente en la carretera que da acceso al aeropuerto, que dejó dos víctimas mortales y una veintena de estudiantes heridos. Así que añadimos, a lo ya dicho, la imagen dominante de la portada con el autobús volcado, un titular a dos líneas y el pertinente texto. Casi, valga la ironía, que se echa de menos algún otro destacado…



¿Y…? Sí, continuamos. La agitada situación en la CAM también tiene su espacio en portada. Titular, texto, antetítulo y destacado. Ahí es nada. Y ya vamos a por la última noticia de una primera, a estas alturas, pseudohistórica. Para cerrar, la dosis diaria de política. Castedo y su “never, never” se lleva el último titular en portada, junto a un nuevo antetítulo, otro subtítulo y un definitivo texto. Difícil parece lograr desenmarañar el puzle de informaciones... En un recuento rápido, se sobrepasa la treintena de elementos destacados en portada. El cuerpo del titular dominante, eso sí, echa una mano en la primera lectura. Ahora, con la sapiencia que da el tiempo (a posteriori, todos nos vestimos de expertos), la supresión de dos temas menores (ante la categoría de los tres restantes), como la CAM y Castedo en Las Cortes, podría haber aireado la página de presentación. Hay días históricos. Hay días, como ayer, en los que el acierto va de la mano de una dolorosa selección. Hay días, como ayer, en los que todo no tiene cabida en portada.


También, porque los focos no siempre deben apuntar al mismo objetivo, hay tiempo para analizar la portada de El Faro de Ceuta. Pero, claro, las distancias ya suelen estar marcadas de inicio. El diario ceutí, por la idiosincrasia de su ámbito de difusión, relega a una posición secundaria al cese de la violencia etarra. Y, además, erra al ponerlo azul sobre salmón: “ETA pone punto y final”. Pues eso. Pongamos nosotros un punto y seguido para viajar hasta Canarias, donde el Diario de Avisos presenta una de las portadas más desacertadas de las publicadas. Sólo hay que verla. Sobran los análisis... Y falta ubicar un titular entrecomillado que se podría vincular al cese definitivo de la actividad etarra o... a donde nos quiera llevar la imaginación.






El País, como acostumbra, recurrió a un titular corto, directo y sin aparente carga editorializante. Su carácter global le lleva a dar extrema relevancia a la muerte de Gadafi. El Mundo, por su parte, no se cree el paso de ETA. Y así se percibe en portada. Además de firmar el titular más interpretativo de los publicados en los nacionales, destaca sobremanera la imagen de los terroristas puño en alto y hace un forzado hueco a la opinión de Rosa Díez en detrimento del candidato Rubalcaba. Eso sí, la frase del día, como detalle, corresponde a Ortega Lara, secuestrado por la banda terrorista ETA. Gadafi, que también cuenta con un espacio relevante, completa la portada junto a otras dos noticias más que prescindibles. Aunque ya nada sorprende. El Mundo, a buen seguro, no pasará a la historia por su portada del 21 de octubre de 2011. Puede que tampoco lo haya buscado.

En este superficial repaso por los periódicos no puede faltar una pausa en las cabeceras vascas. Al margen del ya mencionado Diario Vasco, la connotación de la proximidad geográfica imprime magia en esas primeras páginas. Tan distintas como editorializantes, esconden joyas de exposición. El mensaje del Deia lo dice todo. No necesita imágenes, ni iconografía ni sesudos diseños gráficos. La palabra "Paz" en euskera expresa un sentimiento, sin ambages. También sobrecoge la ilusión que transmite El Correo o la emoción, con toques de pausa, de Noticias de Álava. Luego también se puede comprobar cómo la innovación no siempre es sinónimo de éxito. La portada de Berria, con el pen drive en primer plano, da la impresión de querer decir mucho pero quedarse a mitad de camino. Y luego viene Gara...












Tampoco, aunque sea de pasada, deben quedar en el olvido otras portadas con un aire extraordinario. Ara, por demostrar que la calidad no es exclusiva de los 'grandes' y trabajarse una portada deliciosa; el Diario de Navarra, por su proximidad y recuerdo a las víctimas; Las Provincias, por su rotunda apuesta pese a su carácter regional; el ABC y la Razón, por sus respectivas visiones personales pero respetuosas, y El Correo de Andalucía, por su ambicioso diseño que tan buen regusto deja a modo de colofón. Hay más ejemplos, infinidad de propuestas interesantes, pero también hay que elegir. Como en la vida misma, todo no cabe.

















PD: Y aunque esto ha intentado ser un relajado paseo nocturno por el escaparate de un imaginario quiosco en cualquier esquina del país, resulta imposible no hacer un hueco a unos segundos de radio. Se han podido sentir, porque decir que se han escuchado restaría carga emotiva, alrededor de este pasado mediodía, durante la despedida del programa especial que 'Hoy por Hoy' ha emitido desde San Sebastián. Ya adelanto que no recogen el mensaje más contundente de la jornada, tampoco las palabras más profundas de este día después. No recuerdo, en realidad, ni qué se dice, sólo que Francico -el protagonista involuntario- intenta relatar cómo una mujer, sin nombre ni apellidos para el oyente, no ha podido reprimir su emocion durante el programa. Merece la pena percibir la ilusión con la que un sector de la ciudadanía, tal vez una amplia mayoría, ha recibido este nuevo paso. Ojalá, como decía ayer, sea el definitivo.




21 de octubre de 2011

Tan lejos, tan tan cerca...

Muchos cuentan hoy que siempre soñaron con poder contar el final de la banda terrorista ETA. Yo sigo soñándolo. Ojalá llegue pronto ese adiós definitivo. Sin condiciones, como está de moda apuntillar. Hoy, se dice, han dado otro paso hacia la paz. Yo sigo escuchando palabras y acordándome del casi millar de víctimas y de sus familiares. Escucho palabras y sigo sin ver hechos contundentes, rotundos, sin vuelta atrás. Será la exigencia propia del escepticismo. Será que el “cese definitivo” de la violencia se me asemeja a un plato de Ferran Adrià: bueno de sabor, pero escaso de contenido. Sigo sin ver las armas sobre la mesa y no he escuchado que se entreguen para ser juzgados por sus múltiples crímenes. Tampoco he escuchado la palabra ‘disolución’... Falta, por tanto, mucho camino por hacer. Pero los pasos dados, hasta que se demuestre lo contrario, van en la dirección correcta. Hoy, eso sí, es un día para la esperanza.

Me alegra, como a cualquier demócrata, que ETA haya expresado su “compromiso claro, firme y definitivo” de “superar la confrontación armada”. Me alegra, y mucho, y celebro que, en su mayoría, hayan elegido la vía política en lugar del eufemismo de la lucha armada. Pero se me encoge el corazón cuando escucho la palabra ‘concesión’ o que las víctimas (que aún pueden) deben hacer el esfuerzo de perdonar a sus verdugos... Y qué decir cuando escucho de refilón la posibilidad de una amnistía a presos etarras. Tampoco quiero ni pensar que este movimiento se mire en el espejo de una tregua (trampa) que acabe con el asesinato de otros dos guardias civiles. Sería un infame deja vu. Por esa memoria, que siempre se nos exige trabajar en este país de selectos olvidadizos, creo que la alegría de este momento no debe borrarnos una sana sensación de escepticismo. Un efecto que debe acompañar a toda palabra pronunciada por un terrorista.


Pero hoy, a buen seguro, no toca hablar de las connotaciones negativas. Ya habrá tiempo a partir de mañana. Hoy es momento de pasear una sonrisa bien amplia. Orgullosa. Hoy toca desear de corazón que ojalá nunca más veamos sangre de inocentes manchando el asfalto después de un atentado, que ojalá las nuevas generaciones sólo conozcan a ETA por los libros de texto. Claro que es una excelente noticia escuchar a unos terroristas decir que no van a poner más bombas, que no van a pegar más tiros en la nuca, que no van a atentar contra más inocentes, que no van a extorsionar, ni chantajear, ni amedrentar ni... Sólo falta que el tiempo demuestre si el comunicado leído hoy por tres tipos encapuchados, en una escena que transmitía más miedo que serenidad, va cargado de verdad o solo es una treta, una más, para volver a hacerse fuertes y, de paso, participar por una doble vía (con papeleta e influencia) en las inminentes elecciones generales. Ojalá sea verdad y el terrorismo deje de figurar entre las principales preocupaciones de los españoles… ¡Que bastantes problemas tenemos!

Cuento las horas, los días... que faltan para que ETA pliegue velas. Ojalá más pronto que tarde recoja sus enseres, acepte el camino demócrata para conseguir sus fines políticos y cierre el infausto chiringuito abierto hace casi medio siglo. Ya saben cómo funcionan las instituciones. Y también saben que, en esta España, nada concluyente se consigue por la vía de la violencia. Mañana, hoy siendo precisos, los diarios nacionales dibujarán un tapete optimista en los quioscos españoles. Coger mañana un ejemplar de (casi) cualquier periódico será la antesala de una respiración profunda. De un alivio sincero. Del trabajo bien hecho. Imagino ese "Agur ETA" de alguna cabecera y el "fin del terror" de otras. Y me emociono. Ojalá nadie, nunca más, tenga que agacharse cada mañana a mirar los bajos de su coche, cambiar a diario su itinerario al trabajo e inspeccionar con temor cada sobre recogido en el buzón. Ojalá las próximas lágrimas sean de felicidad. Ojalá así sea. Como hubiera repetido Ernest Lluch: "Qué alegría ver cómo los que antes mataban ahora solo gritan. Gritad, gritad más, que gritáis poco, porque mientras gritáis, no matáis".

18 de octubre de 2011

Fábula de vinagre y rosas



Termino de ordenar los últimos recuerdos del viaje a Madrid. Recupero las sonrisas que me dejé olvidadas en la Gran Vía la noche del pasado jueves. Casi tres horas de un espectáculo muy sabinero. Todos los ingredientes que han dado vida al personaje están presentes en el guión de David Serrano, nada falta. Pero no es un musical para recordar las canciones más emblemáticas de la discografía de El Flaco. O sí, pero olvídense de escuchar los ritmos acompasados por las guitarras de Pancho Varona y Antonio García De Diego. Ni están ni se les espera. Sólo al final, en la despedida, se intuye el sonido Sabina. No es una experiencia para escuchar esos compases ya legendarios, pero sí para disfrutar con la poesía que da forma a sus excelsas letras.


Cada escena tiene su magia, ninguna pasa desapercibida en una función, impregnada por el espíritu Sabina, que cumple los estándares del éxito: crecer al paso del tiempo. Desde el arranque, verbalizado por un muerto muy vivo que rememora al desdichado Colate de ‘Hoy no me puedo levantar’, te sumerges en las tascas más canallas de la capital. Sin olvidar ese sentido del humor tan de barrio, tan de Lavapiés. “En el mundo de Sabina está prohibido prohibir. Por ello, les sugerimos que dejen sus móviles en reposo hasta los saludos finales, momento en el que podrán hacer todas las fotos y mandar todos los ‘what’s app’ que les pida la emoción. Esperemos que lo disfruten. Comienza ‘Más de 100 Mentiras’”.


La narración, aunque resulte complejo, se compone de versos firmados por Sabina, un constante ensamblaje de frases extraídas de sus canciones más hermosas. Parece imposible de imaginar. Pero más difícil todavía debe ser alcanzar tal grado de excelencia. La historia que cuentan, parafraseando a Sabina, no es una historia de princesas y de romanos, ni de dieguitos y mafaldas. Nada de eso. Más bien es una fábula de vinagre y rosas con la que reír como locos de atar y llorar lágrimas de plástico azul. La presentación del musical, cómo no, ya se muestra como una declaración de intenciones: “No tan damas y no menos caballeros, héroes y canallas, mujeres fatales y barbies superstars, comienza la cuenta atrás. No se pierdan por el bulevar de los sueños rotos y presten mucha atención a lo que les vamos a contar. Y es que aquí nos sobran los motivos para tirar la casa por la ventana como si fuera noche de bodas. Para bailar que es soñar con los pies y para cantarles las canciones más hermosas del mundo. Por aquí nos encontraremos con algunas aves de paso que nunca volverán, con un pirata cojo que navega por la calle Melancolía y con una espectacular chica con medias negras a la que le han robado su mes de abril. También nos cruzaremos con un hombre de traje gris adicto a las pastillas para no soñar… Y mucho más”.


En las dos horas y media (largas) que dura el musical, se bendice a los ceros de la izquierda y a la voz de los mineros, a los que esperan que amaine el temporal, a los tristes que se ríen de la tristeza y a los calvos que se quitan el sombrero ante la dignidad y la belleza. También a los mansos atrevidos, los castos pecadores jubilados y a los que pudieron ser y no han querido. Sin olvidar a los benditos malditos desarmados, los buenos aires, los malos maridos y los santos humillados. Corran, pero no a escuchar a Sabina, eso háganlo en la terraza de su casa, con la vista puesta en el cielo, un rubio en la derecha y una copa cargada en la izquierda, esperando que regrese a los escenario de la mano de su hermano, el noi del Poble. Vayan al Rialto a saborear esa poesía que habla de la calle. Ya saben, ésa que huye de los libros para anidar en extramuros, en el silencio, pero que nunca se cobija en el verbo de los subsecretarios.

Benditos malditos

¿Continúas tú? Sí, claro. Buenas tardes a todos. Me llamo Carolina y soy perio... Bueno, hace dos años, me licencié en Periodismo por la Universidad Miguel Hernández de Elche. En el último curso, ya fuera de la Facultad, he cursado un Máster en Comunicación Política, en la Autonóma de Barcelona, que estoy a punto de terminar... Me falta el proyecto final y poco más. Y al margen de cuestiones académicas, desde segundo de carrera, estoy vinculada a un periódico de la provincia. Primero, en condición de becaria. Y ahora, ya licenciada, peleo en la redacción los fines de semana. No sé qué más contar... Mmmm... Bueno, he elegido la rama investigadora del máster con la mente fijada en un futuro doctorado relacionado, a priori, con la prensa y la política. Pero ya veremos. El tiempo dirá si me aventuro y en qué tema centro mi trabajo. Y nada más... Gracias.

Así ha transcurrido, desde mi óptica, el primer día de clase en el Máster en Comunicación e Industrias Creativas. Se hace llamar así. Un título sugerente, como la mayoría... En este caso, la principal novedad ha estado en el entorno, un lugar ajeno a mi día a día, la Universidad de Alicante. En la presentación de los alumnos, posterior a la del profesorado, he intentado sortear las mentiras intencionadas, pero no he podido evitar las verdades a medias. Sí, esas que edulcoran la realidad y que la hacen accesible para el público en general.

Pero ya pasó. Ahora toca centrarse en esta nueva etapa vital. De nuevo, en las aulas, cuando yo pensaba que la enseñanza reglada ya habia pasado a mejor vida. Pues no. Aquí estamos otra vez. Carpeta bajo el brazo, bolígrafos de distintos colores (sin horteras, que figure en acta) y ganas. No sabría acotar muy bien de qué, pero las ganas, o dile ilusión, se debe convertir en un ingrediente básico en esta aventura.

No va a resultar sencillo que lleguen... y menos echando una mirada alrededor. Ver el estado de ánimo generalizado no ayuda. Tampoco vivir en un grado de indignación casi continuo. Y no hablo del 15O, del 15M o del CR7 de turno. Que también podría servir como ejemplo válido. Hoy, en concreto, mi cuota de cabreo se dirige hacia el País Vasco y la pantomima de la Conferencia de Paz que se ha celebrado en San Sebastián. Ya está todo dicho, pero no está dicho por todos. Que se haga un mínimo movimiento para equiparar víctimas y verdugos nos debería echar a todos a la calle. Pero no. En estos debates, como en la mayoría, la sociedad se deja guiar por los voceros. Y así nos va.


Se nos achaca espíritu rencoroso, que no es el caso, pero me siento incapaz de aceptar un perdón colectivo. Una indulgencia. Me resulta complicado que alguien, ajeno a los círculos abertzales, sea capaz de aceptarla. Pero menos aún si ese olvido viene de una persona que haya vivido de cerca el miedo de la barbarie terrorista. Y ya no hablo de la muerte. Hablo de aquellos que temían cada vez que un familiar ponía un pie en la calle, cuando se subía al coche o cuando cambiaba de recorrido en sus quehaceres diarios por un infame "por si acaso". Una sensación cruel... Por todo ello, y por mucho más, puedo conceder una buena intención inicial a la llamada Conferencia de Paz, pero resulta de broma macabra que los mediadores intenten reescribir una realidad que desconocen, y que aseguren, con pretenciosa modestia, que no vienen a imponer sus criterios. Gracias, caballeros. Y, si hacen el favor, daten bien la declaración final. Mientras, yo recuerdo a El Flaco: maldito de aquel que no quiera el final de ETA, bendito de aquel que no olvide dar voz a las víctimas.

12 de octubre de 2011

Las (más de 100) mentiras del corazón



Toca medianoche y echo la cremallera. Lo necesario para disfrutar de los próximos tres días en Madrid ya descansa en la maleta. Por delante, sólo la espera de que amanezca un nuevo día de la Hispanidad, coger el tren Alvia y poner rumbo a la capital. Una de las ventajas de no trabajar entre semana, tal vez la única, reside en la facilidad de organizar escapadas. Que sí, también se puede en fin de semana, pero los días se reducen a la mínima expresión... JA! Esta vez, el musical “Más de 100 mentiras” del maestro Sabina se erige como la principal excusa para poner tierra de por medio. Pero había otras. Siempre las hay. Y más entre amigos. Y como no sólo de canciones se alimenta el ser humano, aunque “El Flaco” sea capaz de componer un menú exquisito, también habrá tiempo para disfrutar de una noche de teatro y de una mañana con Francino. Una combinación cuasi perfecta. Y en ese orden.

Vuelvo al presente. Hago un último repaso por internet y no puedo dejar de sorprenderme con las fotografías que cuelgan algunos compañeros en distintas redes sociales… Debo ser muy radical (sí, lo acepto, mea culpa), pero no acabo de concebir que se aproveche eso del Pisuerga y Valladolid, trasladado a la selección y al Rico Pérez, para inmortalizar ciertos instantes junto a futbolistas del combinado nacional. ¡¡Tronco, que estás trabajando!!. Que no estás ahí para sacar el móvil (un afectuoso saludo a los pringados usuarios de las Blackberrys) y salir guapo al lado de Piqué, Alonso o Casillas. Serán cosas mías, pero no lo entiendo. Y, casi, ni lo respeto. Además, siempre existen mecanismos para evitar tentaciones. Los expertos apuestan por alejarse del foco del deseo. Puedes mantener cierta distancia con la sala de prensa y la zona mixta o cortar por lo sano y ver el partido en el sofá de casa echando definitivamente abajo cualquier deseo incontrolable de quererte tirar al cuello de Xavi, Torres o Llorente. Algunas optamos por la comodidad del hogar, pese a que no seamos de coleccionar instantáneas. A falta de una boca hecha para pedir, llega cierta edad en la que la cabeza te invita a no pagar por un partido de corte amistoso.

Así que tarde casera. A elección. No como otros (eh, Roberto...) que acabarán escondidos entre cuatro paredes para evitar que le pinten la cara, y con razón, por la calle (por la playa, el centro deportivo o el comercial). Tarde de maleta, decía, y de apuntes, trabajos y papeles del proyecto final del máster. ¡Qué pereza! No basta con hacerlos, sino que luego además te toca organizarlos. Buf! Distraigo la mente sincronizando el Iphone (bendito seas) con Itunes. Nuevas canciones, distintas emociones. Late el corazón a ritmos variados. Un poco de música británica y pinceladas estadounidenses, aunque destacan las melodías españolas. Cargo mucho tema romántico, consecuencia irremediable de unos días que han visto cómo varias manos amigas han dejado de estar entrelazadas. ¡Qué le vamos a hacer! Cupido atraviesa una grave crisis de identidad. Aunque no sé encontrarle una explicación, tampoco dar consejos y... ya estoy cerca de firmar mi primer libro (atento, Silvio). Puede que sean efectos de este verano laaaargo donde los haya, de uniones que nacieron con fecha de caducidad, de unos vínculos demasiado interesados, de pares muy dispares o de meros designios del destino... Lo miro con perspectiva y apuesto al último caballo. Se me escapa una sonrisa, sutil y granuja. Irrumpe el ateísmo del corazón.

3 de octubre de 2011

"A ti, del que todos se ríen ..."



Apago el ordenador. Apenas pasan unos minutos de la medianoche y ponemos punto final a una larga jornada de domingo que arrancó pronto, a eso de las nueve de la mañana, con la segunda edición de la Media Maratón de Alicante. Aunque, en la ciudad no se habla de atletismo, tampoco de fútbol, pese a que el Hércules continúa en los puestos de privilegio de Segunda División. La ciudad gira en torno al atraco que ayer noche mantuvo en vilo a cientos de personas, testigos directos de un hecho más propio de películas nocturnas que de un sábado más en pleno centro de Alicante. Un asalto, un malo muerto, una persecución, una detención, un secuestro, unas horas de espera y… desactivada una peligrosa banda de delincuentes. Magistral trabajo de la Policía. No obstante, siempre se puede hacer noticia de la anécdota, y me da la impresión de que se va a pasar de una merecida ovación cerrada a la eficiencia policial a una polémica cogida con pinzas. Espero equivocarme, pero huelo a quemado… Así que algún fuego se debe estar avivando en la zona. Los viejos del lugar lo hacen llamar ganas de protagonismo. Veremos en qué queda...

Pero no sólo de atracos vive el hombre. Y menos en Alicante. Aquí necesitamos más emociones… y de las fuertes. No nos conformamos con píldoras concentradas, pedimos torrentes de adrenalina que logren satisfacernos. No es fácil. Pero la CAM siempre está cuando se le necesita. Siempre al lado de los alicantinos. ¿Que queréis emociones fuertes…? Tomad diecinueve tazas. Ya está casi todo dicho. Resumiendo, que a MAFO le pega más el traje de pseuterrorista de la palabra que el rimbombante cargo de gobernador del Banco de España. Oída la voz de ese supervisor que no supo supervisar, tan sólo queda por escuchar a los culpables, a los consentidores y a los cobardes que sólo tienen fuerza para hablar por detrás, off the record, para que otros –con sueldos más modestos, pero mucha más ética y moral– firmen lo que ellos nunca osaron decir dando la cara. Hablamos de esos que enriquecían sus cuentas corrientes con los ingresos legales y auditados de la CAM, esa caja, con una marca tan poderosa como la que más, que han matado, rematado y descuartizado unos pocos, mientras otros muchos acudían impasibles a una escena, más propia de un lienzo de El Prado que de una realidad del siglo XXI. La Justicia dictará sentencia, si eso…, pero la sentencia de la vergüenza, la de estar señalados por la sociedad, debería caer con la misma rotundidad sobre todos ellos. Sin excepciones. Unos por ejecutar el tiro de gracia. Otros, la mayoría, por sujetar a la víctima, amordazarla, impidiéndole que pudiera defenderse.

Y muerta la CAM… No, tranquilos, no nos aburriremos. Ahora leo que Castedo no quiere concederle la entrevista de los cien días a INFORMACIÓN. Sí lo han hecho, como procede, el resto de líderes de formaciones con voz en el Ayuntamiento de Alicante. La han atacado, siguiendo el manual de toda oposición. Cada uno, eso sí, con sus armas. Pero ella no se ha querido defender. Ha renunciado, como los acusados que aceptan su culpa. No lo entiendo. Su amplia experiencia en el barro de la batalla política le debía haber dejado claro, muy claro, que esconder la cabeza, cual avestruz preparando un próximo movimiento, no es la mejor estrategia de defensa en épocas de tormenta. Puedo comprender, incluso, su hartazgo por eso que ella califica de ‘peaje de gobernar’. Yo le pondría otro calificativo, algo distinto, pero ni ese enfado debería ser excusa para que rechace, según leo, valorar sus primeros cien días al frente del Gobierno local tras su reafirmación como alcaldesa en las últimas elecciones municipales. Craso error.

Con todo, ya estamos en el primer lunes de octubre. Primer día que, después de mucho tiempo, no estaré trabajando ni de libranza. Extraña sensación. La nostalgia, no obstante, no llega ahora. Los primeros tentáculos, ya con fuerza, me atizaron el pasado miércoles. Ese día no trabajaba… y empecé a pensar. Y, claro, pocas consecuencias y ninguna positiva. Me brindé a hacer unas horas el jueves, con la excusa de echar una mano en un día con demasiados ordenadores libres. Era una excusa disfrazada de motivo. O al revés, no sé muy bien. Sea como fuera, quedó atrás septiembre y, a velocidad de crucero, ya ha pasado también el primer fin de semana de octubre. Ahora, por delante, dos semanas de supuesto relax. Aunque las últimas prácticas del Máster en Comunicación Política y Electoral no me darán esa tregua. Luego, arrancaremos una nueva época. De regreso a la Universidad. Sin muchas ganas, pero con la necesidad de recuperar la ilusión. Es lo que toca, y como tal debemos aceptarlo y disfrutar la oportunidad. Imagino que la escapada a Madrid, con el musical de Sabina de por medio, ayudará a dejar atrás el pasado. Una lástima. Nunca olvidaré este último año. Lo sé. Una experiencia fascinante, varias carreras de Periodismo concentradas en un solo curso, gracias, por supuesto, a unos compañeros geniales, ya amigos, y a sus continuos y siempre pedagógicos consejos. Las valoraciones individuales se quedan en mí; las generales, son más que públicas. Pero no son horas de pensamientos melancólicos. Las ilusiones que rivalizaron, en un ímprobo esfuerzo, con la realidad en las últimas semanas ya vagan por la cabeza, sin rumbo fijo, buscando una celda donde encontrar acomodo temporal. Primero, para dar vida a la memoria a corto plazo…Y así, hasta que tomen camino hacia el olvido. Cuestión vital. Esas promesas, más allá de porcentajes de éxito, esconden un mensaje de supervivencia: alguien y, al menos, por un momento te tuvo en su pensamiento. Y eso significa estar coleando. Los incrédulos además contamos con una ventaja frente a los soñadores: tal vez seamos menos felices, sonriamos menos a la vida, pero sobrellevamos con mayor perspectiva las contrariedades. Nosotros ya las veíamos venir cuando otros, aquellos locos optimistas, ya hacían planes de futuro. Pobres...


Cierro otro ordenador, el segundo y último del día, con una duda. No es reciente. Tampoco existencial, ni ganas de que lo sea. Pero sí produce cierta curiosidad en mí. ¿Qué ordenador encenderé el próximo sábado? ¿Tendré que encaminar mis pasos hacia la zona de preferente o tribuna…? ¿O quizá fondo sur…? ¿Grada norte? ¡Quién sabe! Es conocido que me gustaría repetir localidad. Pero tampoco es hora de pedir. Habrá que seguir dando. Como hasta ahora.


Pantalla en negro. Vuelvo al papel. Pero al que tiene cierto recorrido. No me acaba de atrapar el último libro de Gabilondo, pero la sonrisa que me sacó de inicio, en la página reservada a las dedicatorias del autor, bien vale un esfuerzo añadido. “A ti, del que todos se ríen cuando dices que quieres ser periodista”. Por nosotros. Nos lo merecemos.