8 de octubre de 2010

Pre-parados... ¿para qué?

Excelente iniciativa, a priori, la del diario El País con la serie de reportajes Pre-Parados. Un espacio dedicado a los jóvenes, coordinado por periodistas treintañeros, donde se refleja, a las mil maravillas, los deseos y sobre todo las miserias que envuelven las primeras aventuras (y las segundas y terceras, también) en la búsqueda de un lugar en el mercado laboral después de la larga travesía universitaria.

Leer las decenas de testimonios que recoge la página se convierte en un sano ejercicio de memoria. Recomendable para no olvidar lo que nos rodea. Porque todos los que avanzamos a trompicones por nuestra tercera década de vida, esquivando con mayor o menor suerte los baches, conservamos vivencias propias o cercanas similares a las que relatan los jóvenes a los que da voz el diario. ¿Qué hacer al concluir la carrera? ¿Buscar unas prácticas en empresa? ¿Aprender otro idioma? ¿Ampliar currículum con un máster? ¿Jugar a la lotería buscando un empleo relacionado con la formación adquirida? O todo a la vez, por eso de sobrevivir... Esa amalgama de pensamientos, que no siempre se pueden llevar a la práctica, tienen rostro en Pre-Parados, donde se comprueba el resultado de elegir entre uno u otros caminos. Según parece, ninguno es la panacea. Más bien, todos llevan a Roma, a la oficina más cercana del Servef.

Cierto es, por otro lado, que la iniciativa parece algo kafkiana. Tan sólo hace falta mirarla con perspectiva y valorar el contenedor donde se amontonan esas experiencias. Esas desdichas tienen cobijo en un prestigioso diario nacional. Uno de los que repiten para sus adentros una estrofa que viene a decir: “Aprovechemos la firmeza de la crisis para poner a prueba la vulnerabilidad de los jóvenes”. El método Pavlov aplicado al siglo XXI.

Suena desafinado, decía, que un diario como El País ponga en exposición pública las desgracias de los jóvenes en su búsqueda de un empleo digno. ¿Se erigirán como el modelo a seguir por el resto de empresas propias o ajenas al sector de la comunicación? Tal vez, sólo intentar vender normalidad. ¡Quién sabe! Después de lo visto ayer, en las noticias del mediodía de Cuatro, tras recaer el Nobel en manos de Mario Vargas Llosa, todo es posible. Puro negocio.

6 de octubre de 2010

La dieta del hígado

Del mismo modo que paseando por Madrid puedes aparecer de súbito en Buenos Aires, buscando un foro sobre el hígado caí en uno sobre tortugas. Lo de Buenos Aires me ocurrió hace poco: llegué antes de lo debido a una conferencia y decidí dar una vuelta por los alrededores, para hacer tiempo. Como no conocía la zona, vagué al azar, dejándome guiar por mi instinto. En esto, apareció a mi derecha una calle rara, de casas bajas, que contrastaba con la arquitectura de la zona y entré en ella. No había recorrido ni cien metros cuando me di cuenta de que me encontraba en un suburbio de Buenos Aires que había visitado en mi último viaje a Argentina. La situación me hizo gracia, parecía que estaba dentro de un sueño. Entré en un bar a tomarme un gin tonic y dio la casualidad (¿casualidad?) de que lo regentaba una pareja de jóvenes bonaerenses. Quiere decirse que me tomé dos.

Cuando vi que se me hacía tarde para acudir a la conferencia pagué (en euros) y salí a la calle preguntándome cómo volvía yo a Madrid. Pero resultó sencillo: bastó deshacer lo andado para pisar de nuevo mi ciudad. Lo celebré comprando un décimo de lotería de Navidad en una administración que me salió al paso. Era el 10836 y estaba pegado al escaparate del establecimiento con la siguiente leyenda: "Número que juega la casa". Tengo el pálpito de que me va a tocar porque siempre que vengo de Buenos Aires me sucede algo bueno. Es una ciudad que da suerte a los extranjeros (pero sólo a los extranjeros), está documentado.

Venía todo esto a cuenta de que buscando un foro sobre el hígado di, sin querer, con uno sobre tortugas. No importa, me dije, también tengo una tortuga (aunque no, por fortuna, en el mismo sitio que el hígado). Resultó muy entretenido, y muy didáctico, pues los internautas discutían con pasión cuántas veces convenía dar hígado a las tortugas y si era preferible el de vaca o del de pollo. Este tipo de discusiones le alivian a uno de la actualidad política, donde nos someten a una dieta aburridísima de declaraciones y contradeclaraciones idénticas. Parece que el hígado de pollo tiene más vitaminas que el de vaca, aunque es más difícil de conseguir. Lo digo por si tiene usted una tortuga.



*Para cambiar de tercio, qué mejor que un viaje de la mano de Juanjo Millás, un orfebre de las palabras. El artículo se publicó a mediados del pasado mes, y hoy me apetecía volver a divertirme con su lectura. Es gratis y gratificante.

4 de octubre de 2010

El octavo día de Gloria

Vuelvo a creer en La Dos de INFORMACIÓN. Después de una travesía por el desierto, la ironía ha impregnado, de nuevo, al principal texto de opinión dominical de la cabecera alicantina. Ha recuperado la esencia que la vio nacer. Debe ser que “los factores ambientales” (sic) han perdido influencia o que el PSPV da el juego necesario para dejar a un lado los “tiempos difíciles” (sic). Con el artículo, este domingo seguro que el lector se valió de las dosis de ironía y sarcasmo para dibujar más de una sonrisa en su rostro, aunque no por ello remitiría el enojo propio del relato de las glorias, pocas, y penas, demasiadas, del principal partido de la oposición en la Comunidad y en la ciudad de Alicante. Escasa alternativa a día de hoy.

Recogía el texto las últimas aventuras de los líderes más destacados del socialismo de la zona. Los de siempre. Hablaba de Ángel Luna y su arrojo en Las Cortes, del prisma político y moral del que se vale Ana Barceló, de los movimientos en el tablero de ajedrez para derribar a la reina (?) Leire Pajín y de la lechera a la que recurre Jorge Alarte, el paradigma del nuevo socialismo… Una travesía de lunes a viernes para concluir, en la víspera del domingo, como hace tiempo que no recuerdo. Un punto final precedido de mordacidad. Una frase lapidaria, como merecía.

El texto, eso sí, se vio obligado a poner el freno el pasado sábado, con las declaraciones del nuevo adalid de la honestidad política. Que, de por sí, ya merece un prolijo e independiente análisis. Al artículo, por cuestión temporal, le faltó la guinda de las primarias que se celebraron ayer a lo largo y ancho (¡toma clásico!) de la geografía española. Aquí, dos reclamaron nuestra atención. Las que decidían el nombre de dos osados: los próximos rivales de Sonia Castedo en las elecciones a la Alcaldía de Alicante y de Esperanza Aguirre, a Madrid (Comunidad).

Si en la batalla más cercana el ganador se conocía antes de abrir las urnas (aquí sí funcionó el cierre de filas de los ‘barones’ (!) en torno a un candidato oficial), el adversario por ocupar el edificio más majestuoso de la Puerta del Sol concitó todas las miradas de la tarde/noche. ¿Ganaría o no Zapatero? ¿Sería su penúltima derrota electoral? ¿Los afiliados socialistas darían también la espalda al presidente del Gobierno? El morbo estaba servido. Y al final, tuvo su razón de ser. No fue la victoria más amplia de la jornada en Madrid (Trinidad era más rival que el Depor). La contienda socialista se resolvió por un estrecho margen, pero suficiente para que Tomás Gómez diera un golpe definitivo sobre la mesa y clavara al zapaterismo (movimiento que se inició hace una década, también en unas primarias) un rejón de muerte. Dicen que es un triunfador nato, que no conoce la derrota (el ex alcalde de Parla, maticemos). Y en unos meses pondrá su impoluto currículum, otra vez, en juego. De resultar vencedor, se postulará sin duda como el futuro inquilino socialista de La Moncloa. Arrojo no le falta, aunque la empresa que tiene por delante (la señora Aguirre) no parece asequible a cualquiera. Tampoco lo era, todo sea dicho, tender un pulso a Ferraz y salir fortalecido.

Lo curioso (aunque no sorprendente) de este ejemplo de democracia interna que divide partidos -en Alicante, parece que se ha quedado a medio camino en ambos aspectos- llega ahora, cuando ya se conoce el nombre del candidato del PSM a la Comunidad de Madrid. Es el momento de liquidar el último Día de Oro de una ‘Semana Fantástica’ donde, de esperanzador para el partido, sólo están los extremos. Dejando atrás el domingo, irrumpe con brío la jornada de la resaca electoral, donde, en apenas unas horas, los protagonistas secundarios de la historia olvidan sus lapidarias frases vertidas en las últimas fechas, se cambian de chaqueta, modifican el discurso… y esperan que los ciudadanos, con las neuronas ocupadas en problemas más inmediatos, pasen por alto el amago de regreso a la normalidad. Entre estos actores, destacan los socialistas perdedores (aquéllos que refrendaron la apuesta personal de Zapatero por Trinidad Jiménez) y los medios de comunicación vencedores (los de ideología ‘liberal’, que apostaron por la derrota de la candidata del presidente del Gobierno). Deben pensar, y en parte están en lo cierto, que la sociedad, narcotizada, descuidará las consignas de la reciente ‘campaña electoral’ y sólo atenderá a las nuevas doctrinas. Desde hoy, parece ser que en el PSOE, de cara al exterior, ya nadie recuerda que los estadistas, al amparo del 'núcleo duro', situaban a Trini como la candidata idónea para enfrentarse a Esperanza Aguirre en la carrera por la Comunidad. Otro cantar serán las disputas en clave interna que se vivirán hasta febrero, cuando toque elaborar las listas electorales. Dicen que no siempre te acuerdas de los fieles, pero nunca te olvidas de los que traicionaron. Y el parleño (holandés de nacimiento), a buen seguro, ya tendrá una considerable sucesión de cruces en el ramillete al que, en algún momento, llegó a confiar su proyecto (y futuro) político.

Desde la perspectiva de los otros actores secundarios, esos medios críticos con Zapatero (ya quedan pocos afines), parece ser que Tomás Gómez ha perdido en un parpadeo esos valores que le hacían merecedor de optar a la presidencia madrileña. Ahora ya es un socialista más. Peligroso por instinto y maleante por inercia. Y eso que sólo estamos en el octavo día de Gloria… Expectante me hallo ante las inminentes rebajas de invierno.

30 de septiembre de 2010

'Primeras' normales para una jornada diferente

La resaca de la huelga (que poco tuvo de…) general obligaba esta mañana a echar un ojo, algo más crítico de lo habitual, a las portadas de los diarios españoles. En estos casos, como actores de la jornada de paro, la mayoría de las cabeceras han buscado remarcar sus principales señas de identidad (tanto en cuestión de diseño como de tendencia ideológica).

Poco sorprende, aunque resulta agradable confirmarlo. Una vez más, los responsables de dar forma a la ‘primera’ del Ideal de Granada han vuelto a pensar, unos minutos más que el resto, su página de presentación. Su trabajada imagen permite, con una curiosa quiniela, dibujar el seguimiento de la huelga en los principales sectores de la provincial andaluza. Cierto es, todo sea dicho, que es más impactante que eficaz, porque las ‘equis’ obligan a realizar una doble lectura para conocer el verdadero alcance del paro en Granada. El Ideal ha vuelto a confirmar su interés por las portadas gráficas. Y se agradece.

Fiel a su tradición, el Periódico de Catalunya también ha dado otro paso adelante en su ‘primera’. Aunque siempre se espera más de esos diseños vanguardistas, que nunca dejan indiferente a los lectores. Si la fotografía puede estar al nivel esperado (ha tenido mejores y siempre las hay peores), el titular se queda a cierta distancia de lo imaginado para una jornada marcada en el calendario de la cabecera del Grupo Zeta.

Un aire divertido y fresco, nada rancio, muestra la portada de ABC, que huye de las imágenes de incidentes provocados por los piquetes y de las ‘multitudinarias’ manifestaciones sindicales. Da gusto.

El resto de diarios referentes, lo de siempre. Fotografías que poco dicen, unidas a titulares que todo lo manipulan. Más de lo mismo. No hay por dónde cogerlos...

29 de septiembre de 2010

Ojos abiertos

¿Piquetes informativos? ¿Derecho constitucional al ejercicio de la huelga? ¿A quién pretenden engañar los sindicatos? En la era de la información, cuando los datos nos abruman, se dan cita los desocupados (y no hablo precisamente de los cinco millones de parados que el jueves tampoco irán a trabajar) para repartir octavillas, pitar a los que optan por acudir a su puesto de trabajo (ejerciendo su derecho, no lo olvidemos) y, ya puestos, intentar coaccionarlos. Escuché en rueda de prensa que 'los piquetes son del s. XVIII', y no puedo estar más de acuerdo.

Por primera vez, ayer, viví una huelga general como trabajadora. En la anterior, la del ‘decretazo’ de Aznar, aún daba mis últimos pasos en el instituto. Ese 20 de junio de 2000, para nosotros, no hizo más que adelantar la llegada de las Hogueras.

Como dije en la última entrada, tenía cierta curiosidad por conocer el efecto del paro en la prensa. Y… me ha sorprendido. Pensaba, sinceramente, que iba a tener una menor repercusión. Motivos para secundarlo no faltan, aunque los más relevantes ya han perdido la fuerza con el paso de los meses. La reforma laboral ahí está (y ahí seguirá), al igual que los despidos, que ahí estuvieron y ahí seguirán. Y los que estarán por venir... La situación de nuestro sector, por desgracia para todos, necesita una huelga específica. Un paro colectivo (o por medios) que tenga mayor trascendencia entre la sociedad.

Vivido el día, sólo extraigo conclusiones positivas. He tenido la fortuna de recibir ‘información’ de primera mano de mis compañeros sindicalistas, que no han dudado en explicarme con todo detalle los motivos de la huelga y me han invitado, con máxima amabilidad, a unirme al paro… Mis superiores, todo lo contrario. Presiones directas e indirectas, múltiples coacciones y malas miradas… Pues no, nada de eso. No nos engañemos.

Esta atípica jornada, donde el vuelo de las moscas se escuchaba en la redacción, me ha dado la oportunidad de colaborar en una sección desconocida entre semana. El trabajo ha sido intenso, cargado de buenos momentos, complicidades entre ‘esquiroles’ y conversaciones ya archivadas (en lugar fresco y seguro) para poder dibujar una sonrisa cuando la realidad obligue a fruncir el ceño.

Este 29-S no trabajo, me toca librar. Es decir, el jornal que mis compañeros huelguistas perdieron ayer (bien invertido por el futuro de sus hijos ¿?), a mí me toca perderlo hoy. No es una concesión, tan sólo una consecuencia de trabajar por jornadas. Trabajo, cobro; descanso, trago aire. Tengo la osadía de coger vacaciones, y me aburro de respirar… Y suerte la mía, porque para mis compañeros becarios, además de cobrar menos que nada, el ‘chollo’ tiene pronta fecha de caducidad. Y de esto no se ocupa la nueva reforma laboral. Tampoco, los sindicatos.

Lo dicho. La jornada de descanso (aunque debe ser excitante trabajar días como hoy) me permite seguir al detalle todo lo que suceda en la jornada de huelga. Si presión ni obligaciones laborales. Ese seguimiento no los ponen al alcance de un clic los diarios digitales, con ElPais y ElMundo a la cabeza. Resulta apasionante conocer al minuto todo lo que surge alrededor del paro, y eso que no ha hecho más que comenzar. Lo reconozco: ya estoy enganchada.

Hasta que mañana (y en días sucesivos) se publiquen los artículos de análisis y reflexión en torno a la sexta/séptima huelga general de la democracia española, ahora es el turno para la información inmediata… Cuando amanezca, la curiosidad a buen seguro me empujará a patear la calle y conocer, in situ, el efecto de la huelga. Así que desaprovechado el paro, en cuestión profesional, me siguen quedando los mismos retos por cubrir antes de dejar el oficio: huelga general, fin de ETA, elecciones municipales y un título del Hércules. Ante la actual situación (económica, política y deportiva) me cuesta dilucidar cuál será mi última tarea periodística...

Vamos al lío, empieza lo bueno. Voy a abrir los ojos. El primer paro global de la era digital (con cobertura real) ya está en marcha. Primordial, tener siempre los ojos bien abiertos, porque las cifras son interesadas. Para ejemplo, el seguimiento informativo de la Agencia EFE a la huelga general en los medios impresos de Alicante. Decía el teletipo en cuestión: “Según han indicado a Efe fuentes del comité de huelga, unos setenta trabajadores de "todas las delegaciones de la provincia" se han manifestado frente a la sede central en la capital alicantina”. No eran ni veinte. Y eran periodistas. La credibilidad ya empieza a cojear.

27 de septiembre de 2010

Con argumentos para el 28-S

Toda la maquinaria ya está en marcha. Apenas faltan unas horas para que llegue la jornada que justifica la ‘función’ (llamarlo ‘trabajo’ es casi una provocación) de miles de sindicalistas. Aunque tan sólo sea por esa razón, bienvenida sea la huelga general.

En los diarios impresos, me cuentan, el paro se realiza un día antes, es decir, mañana. Y reconozco que tengo cierta curiosidad por conocer el impacto del paro. Valdrá, además, para testar su efecto en el resto de la sociedad.

Por lo que atañe al sector de la comunicación, la jornada sin sueldo resulta tardía (y, por tanto, ineficaz). Claro que la reforma laboral aprobada por el Gobierno socialista (¿?) retira de la circulación buena parte de los derechos que los trabajadores han conquistado durante una larga batalla. Sí. Lo hace y es criticable. Pero no ahora, sino hace meses (cuando no convenía al Gobierno y, por tanto, tampoco a los acomodados sindicatos). La jornada llega tarde porque, hasta la fecha, los 'representantes' de los trabajandores no han movido un dedo para plantar cara ante la oleada de despidos generalizada en los medios. Una afección más directa y dañina para la moral de los periodistas (y demás trabajadores de los medios) que la actual reforma laboral. Porque todos son fundamentales, pero siempre debe preponderar el derecho a un empleo.

Ahora, resulta muy cómodo apoyar la huelga general. La mancha en el expediente, si la hay, apenas dejará huella. Los comités de empresa tienen el escudo de una jornada de paro global, donde los periódicos, valgan de ejemplo, no dejan de ser un grano de arena dentro de un desierto. Es de común acuerdo que los transportes se sitúan en el centro de la diana mediática. Si éstos no funcionan, se pondrá el cartel de ‘éxito’ a la huelga. Y eso, ¡qué más da! ¿En qué nos afecta? ¿Va a dar marcha atrás el Gobierno de Zapatero dejando en papel mojado la reforma laboral? Sabemos que no. Ellos, nosotros. Todos. Son conscientes también los sindicatos, que no tuvieron valor (¿?) de movilizar a la sociedad antes de que transcurriese agosto. No fueran a molestar al 'jefe' y pudiesen sufrir recortes las transferencias a cuentas sindicales.

Me sondearon (con mala baba) la semana pasada. “¿Harás huelga, no?”, escuché. “No, y no cabe discusión”, apunté. La coletilla tenía su significado. Mi interlocutor formaba parte del Comité de Empresa y, por ende, venía con intenciones predefinidas. “Ah, claro, aquí [sección] vais en un ‘pack’”, me reprochó con toda la amabilidad que pudo. “Perdona, pero no”, sentencié. Ahí pretendía zanjar la conversación, pero ante rumores tan infundados como maliciosos… quise poner cierta cordura ante la intranquilidad de los representantes sindicales. “Voy a ser concisa, y sin ánimo de discutir te enumero las razones que manejo para no hacer huelga. Son las justas y, para mí, contundentes. En primer lugar, este comité de empresa miró hacia otro lado cuando debió dar un golpe sobre la mesa. Fue cobarde. ¿Ahora no querrá el apoyo unánime de los compañeros, verdad? Y por último, no apoyo una huelga convocada por un sector degradado como el sindical y menos si tiene la complicidad del Gobierno. Me parece una tomadura de pelo. Y, a modo de posdata: si quiero ser solidaria, entrego mi ‘jornal’ a una buena causa…

Al fin y al cabo, estamos ante una huelga ficticia, en la que sindicatos y Gobierno acuerdan (¡!) los servicios mínimos. Sólo me falta por ver a Zapatero ejercer de piquete. Aunque no es descartable, todo sea dicho.