27 de febrero de 2008
En pleno debate, ¡a reflexionar!
23 de febrero de 2008
Nos buscan
Así que os dejo con el artículo. Prefiero que leáis El Descodificador a una defensa personal de la profesión (no tengo el mejor día para esos menesteres... No sé si es una señal o qué es). Reflexionaré.
¿Dónde están los periodistas?
"Los perros de circo saltan cuando su entrenador chasquea el látigo. Pero el perro realmente bien entrenado es el que da una voltereta cuando no hay látigo", George Orwell.
El periodismo agoniza. Los periodistas doblan el espinazo ante las grandes empresas de comunicación y los partidos políticos. La independencia es una utopía, la información libre, una ilusión. Y los redactores, articulistas y reporteros, simples voceros a sueldo de un grupo mediático o una ideología política.
Nunca las empresas de comunicación han ganado tanto dinero y han tenido tanto poder, jamás los periodistas han tenido sueldos tan jugosos. Sin embargo, la profesión se encuentra sumergida en una crisis histórica. Una crisis de conducta, de moral, de ética, de neutralidad. El último ejemplo de esta degradación es la gestión de la información electoral y del famoso debate televisado.
Una lectora me preguntaba en un mensaje: «¿Por qué tienen que elegir los partidos quién les modera? ¿Por qué son ellos, los partidos, quienes establecen el temario y la forma (de los debates)? ¿Dónde están los periodistas de este país?».
Los periodistas de verdad se quejan: están en manos de los partidos, de la propaganda. Los jefes, sin embargo, no dicen ni pío: las cadenas se ahorran verdaderas fortunas en equipos, desplazamientos, transmisiones… De esta forma pueden cubrir todos los mítines de la campaña (hoy León, mañana Cádiz, pasado Canarias) con unos costes mínimos.
La solución, bien sencilla, pasaría por adoptar el modelo estadounidense. Un acuerdo entre cadenas para organizarse, compartir los gastos y poder generar ellas mismas unas imágenes de los mítines que compartirían. Al margen de los partidos.
22 de febrero de 2008
Reflejo de la sociedad
TVE está buscando al próximo artista que ¿represente?, defienda, a España en el próximo Festival de Eurovisión. (Aún estáis a tiempo, sólo hace falta ser español, residente en España desde hace al menos dos años y presentar un tema inédito. Y carecer de sentido del ridículo, añado). A lo que íbamos, el ente nacional se ha asociado con una de las redes sociales más importantes, myspace, con el objetivo de «ofrecer la alternativa de optar al festival a todos los grupos pequeños y nuevos talentos sociales». Qué corazón. Luego dirán de TVE... Pero no nos la merecemos, somos demasiado cretinos para ellos.
Desde la organización aseguran que «no hay límites de estilo, edad, idioma o número de componentes». Porque lo «aseguran»… que, de lo contrario, no me lo creería. El artista, no se me ocurría otra palabra (pido disculpas), que encabeza la lista, a las 21.30 del 22 de febrero, es Rodolfo Chiquilicuatre. Un grande. Chiquilicuatre -además de derrochar talento por, casi, todos los poros de su cuerpo- es el alter ego de David Fernández, actor del programa «Buenafuente» de La Sexta. Un actor metido a cantante, ¿por qué no? Si hay analfabetos que ejercen de periodistas… ¡Bah, que me desvío! Sin ser cantante, sin saber cantar, sin tener ni… de música acumula 59.691 (20.000 más que su principal perseguidor, La Casa Azul). Algún sociólogo aburrido, que ve pasar las horas desde el despacho de la universidad en la que invierte su tiempo, debería hacer algo. No sé, un estudio sobre este fenómeno, algo. Hay veces que no sé si somos borregos, o algo peor.
Las cinco canciones más votadas, junto a cinco temas seleccionados por un comité de expertos, pasarán a una final. Ahí los espectadores elegirán por teléfono y SMS (dinero, dinero… para no dar la felicidad, que espíritu cautivador derrochas) al sufridor (representante, perdón) español en Eurovisión.
19 de febrero de 2008
Mi sueño, hecho realidad

15 de febrero de 2008
¿Buscas hipocresía? Pregunta en los medios
Hipocresía. Este adjetivo resulta perfecto para definir a los medios (casi sin excepción). ¿Qué fue antes la hipocresía o las empresas de comunicación? ¿El huevo o la gallina? Da la impresión que dicho calificativo está creado para ellas, en exclusiva.
Me explico. Coges un periódico, al azar, lees el editorial en cuestión y en un alto porcentaje de ocasiones observas cómo defienden los derechos de las personas y de los trabajadores. Qué menos, ¿no? ¿O sí? ¿Debemos predicar con aquello que defendemos? ¿Pueden los medios canalizar la opinión de miles de persona y luego, de puertas a dentro, hacer suyas esas actuaciones que tanto critican?
Ejemplos, miles. Es obvio que un diario de información general denuncie prácticas donde se vulneran los derechos de las mujeres. Qué idílico. Sin embargo, sólo hay cuatro casos en España de cabeceras que no admiten anuncios de prostitución. Una de ellas, Avui, desde este mes. Millás, en su ejercicio de la libertad, ya dijo en marzo del pasado año que «ni siquiera aquellos que en sus editoriales condenan el comercio del sexo han renunciado a los beneficios de la prostitución». ¿Podíamos tildar esta actitud de los medios como hipócrita? Si no hay suficiente, vamos a por más ejemplos.
Cualquier medio de comunicación está en la obligación moral de defender los derechos de los trabajadores. Lógico. Por tanto, es sencillo encontrar artículos de opinión (editoriales, sin lugar a dudas) donde se denuncian los «contratos basura», a las empresas de trabajo temporal, las políticas de un gobierno (o del otro) por no fomentar el empleo decente. Qué sublime alegato. Pero, entonces, ¿por qué los periodistas es uno de los gremios que cuentan con peores condiciones laborales? ¿Qué hay de los horarios dignos? ¿Y de la explotación de los becarios? ¡Ah, no! Perdón. Mil perdones. Con lo generosos que son los medios dando la oportunidad a un joven estudiante de curtirse en la calle…
Las generalizaciones no son buenas, nunca. Pero sí efectivas. No dispongo del espacio necesario para hablar de cada medio en cuestión. Que se den ellos por aludidos.
Así que, como vemos, la hipocresía está ahí. Me atrevo a decir que en cada página. Podemos abrir los ojos o cerrarlos. Allá cada uno.
14 de febrero de 2008
«Love is in the air»
El pasado agosto, en 2007, leí un artículo de opinión que me cautivó. No sé muy bien por qué. Pero, cuando concluí su lectura, me quedé con una sensación extraña. Me hizo pensar. Opté por conservarlo y recuperarlo hoy, medio año después, en el «Día de los Enamorados».
«Amor mío que estás en los cielos», a primera vista, parece un alegato femenino, pero hay algo más. O un manual de uso, pero tampoco. Habla de los hombres, de lo que buscamos las mujeres en ellos hoy, que no ayer. Y finaliza con una plegaria tan directa, romántica como universal. Allá va.
[...]Amor mío que estás en los cielos, baja de la nube y entérate de una vez de que te he escogido para que los días sean mejores contigo que sin ti, para que construyamos no tu reino ni el mío, sino un espacio compartido en el que refugiarnos juntos. No me permitas caer en la tentación de soñar con el cuento de hadas y, a cambio, ayúdame a sentir que un minuto puede contener la eternidad. Dame alegría para que el aliento de la risa nos libre del maldito miedo que paraliza. Y no te limites a quererme, dímelo. Dímelo hasta que te quedes sin voz, porque lo que se calla acaba por desvanecerse.[...]
La prensa, hoy, muy dada a festejar estas fechas y hacer periodismo de sociedad, recoge informaciones tan variadas como curiosas. He aquí un breve resumen.
El amor no es sólo bioquímica, por José Antonio Marina
Las emociones arrolladoras del amor, por Eduard Punset
El día de los (otros) enamorados, por Antonio Burgos