23 de enero de 2014

Rosell marca el camino a los imputados



Políticos imputados, tomen nota: Sandro Rosell ha dimitido. "Mi etapa aquí ha terminado". Con estas palabras, el hasta hoy presidente del FC Barcelona ha hecho pública su decisión de apartarse del club por el «caso Neymar», en el que se investiga el fichaje del jugador brasileño. El dirigente catalán, con su paso a un lado, deja al frente de la institución a uno de sus escuderos, Josep Maria Bartomeu. Pero, para los menos futboleros, no crean que el señor Rosell ha sido condenado por "distraer" dinero en el fichaje del «crack» brasileño... De hecho, ¡Rosell aún no está ni imputado! Por ahora, el juez Ruz ha admitido a trámite la querella interpuesta por un socio del Barcelona por el fichaje de Neymar, atendiendo a la posibilidad de "una simulación contractual". Sin embargo, el magistrado de la Audiencia Nacional ha asegurado que, por el momento, no es "urgente" citar a declarar al querellado. Pese a todo, Rosell ha dimitido. Se ha ido. Y no, no por ello hay que erigirle ningún monumento ni organizar un acto de agradecimiento público, pero su actitud sí podría servir como ejemplo para tantos y tantos políticos de nuestro entorno que, pese a estar ya imputados, se agarran al sillón y ni se plantean dejar el cargo, al menos de manera temporal hasta que el proceso judicial que les mantiene imputados llegue a su fin. Se escudan, como hemos oído repetidamente, en una presunción de inocencia tan manoseada que ya la pobre ni sabe dónde quedó la ética que también se presuponía a todo representante público.

Rosell, al contrario que los citados políticos [cada uno que ponga el nombre que más rabia le dé], no ocupa un cargo en un organismo público, aunque sí ha sido durante más de tres años el máximo mandatario de una institución (deportiva) de relevancia mundial. Pero él, consciente de la trascendencia del caso, ha sabido retirarse a tiempo, haciendo gala al menos de cierta honestidad, sin aferrarse al cargo como si le fuera la vida en ello. ¿A qué espera alguno de nuestros políticos para dar ese mismo paso? No será por candidatos, no... En la Comunidad, se cuentan por decenas los políticos que, estando en activo, se encuentran imputados por algún delito vinculado a la corrupción. ¿Y cuántos han dimitido? Déjenlo... A ellos, parece ser, sí les va la vida en el cargo.

20 de enero de 2014

¡Vendidos!

Un instante de tensión entre comité y trabajadores, anoche // Carlos Rodríguez 

"¡Pero, ¿qué quieren?! ¡No entiendo qué quieren!". Varias voces del comité de empresa no salían anoche de su asombro cuando la mayoría de los trabajadores concentrados a las puertas de UTE Alicante rechazaron de raíz, sin titubeos de por medio, el acuerdo "in extremis" firmado entre las dos partes protagonistas del conflicto laboral: comité y empresa. No fue sencillo alcanzar ese pacto de mínimos, en que, resumiendo, se aplazaba la huelga un mes con el objetivo de ganar algo de tiempo para continuar la negociación del convenio, a partir de ahora eso sí con la presencia de las altas esferas del Ayuntamiento de Alicante, con Castedo al frente.

Pero no sólo el comité se mostraba sorprendido por el transcurrir de los hechos, sino también los trabajadores, recelosos de todo y de todos. Los ánimos anoche, en el Pla de la Vallonga, se fueron calentando por momentos, mitigando en algunos instantes la sensación de frío intenso que presentaba la noche. Desde el principio, el alrededor de doscientos afectados demostraron su escasa confianza en sus representantes, a los que llegaron a acusar de estar traicionándoles. ¿Estáis para defendernos a nosotros o para defender la postura de la empresa y del Ayuntamiento?, se preguntaban algunos de los reunidos. También hubo insultos, incluso algún amago de ir más allá de los reproches dialécticos. Mientras, el amplio despliegue policial presenciaba los hechos con actitud relajada y cierto asombro. No era para menos.

Y es que nadie entendía nada. El comité, desbordado por los acontecimientos, ya no sabía de qué parte estaba; y los trabajadores querían huelga sí o sí. En esta tesitura, resultó complicado llegar a un acuerdo necesario. Los representantes sindicales intentaron recurrir a cuestiones legales a las que no atendían los empleados de la concesionaria de la limpieza en la ciudad. Que "si esta reunión no es una asamblea",  que "si no podéis votar porque no están todos los compañeros"... Al final, la firmeza se impuso a los argumentos y sólo los servicios mínimos pudieron salir a la calle. Bueno, salieron más vehículos de los estipulados por el Consell, dando lugar al instante más tenso de la noche. "Nos estáis mintiendo y tomando por tontos", "sois unos vendidos", salpicadas por graves insultos, fueron algunas de las acusaciones que recibieron los miembros del comité, que se pasaron la noche yendo y viniendo a improvisadas reuniones internas. Escondiéndose, decían algunos, visto lo caldeado que estaba el ambiente afuera. "¡No puede ser que cada vez que salga alguien del comité os echéis sobre él y no le permitáis ni dar explicaciones", se intentó mediar sin excesivo éxito.

Con el paso de la noche, y ya con los servicios mínimos en faena y los vehículos excedentes de vuelta a las instalaciones, la calma fue haciéndose hueco. Veremos hasta cuándo... Mientras se deciden, voy a por el coche para tirar la basura. Y es que algunos alicantinos (los del centro, por ejemplo) tenemos la "isla" de contenedores más cercana a exactamente 1,9 kilómetros de nuestra casa. A un paseíto, vamos.


5 de noviembre de 2013

Asociaciones sin rumbo



 
Aunque lo que lean a continuación les pueda parecer producto de su imaginación, no se equivoquen. Todo es más que real. Prometido.

Y es que ocho, OCHO, asociaciones de vecinos de Alicante han presentado una queja al Síndic de Greuges ante el continuo incumplimiento de las ordenanzas municipales de "consumo de alcohol masivo". Vamos, que se posicionan contra el exitoso "tardeo", que ha conseguido devolver la vida a la zona centro de Alicante, que languidecía en los últimos años hacia no sé muy bien dónde. Pues en estas, viendo que el ambiente renace en el centro tradicional, varios colectivos vecinales han salido de su habitual letargo denunciando la "actitud disciplente" de las concejalías de Seguridad y Ocupación de la Vía Pública. Traduciendo, critican la dejadez municipal.

No discuto que exista un exceso de veladores en la calle Castaños y adyacentes, que cada día dificulta más el tránsito de los peatones por la zona, ni que algunos de los habituales se excedan con el tono a la hora de pasárselo bien... De acuerdo, que se controle y se haga cumplir la "ley". Pero me parece surrealista que ocho asociaciones de vecinos se sientan agraviadas por el "tardeo" y más que califiquen como "consumo incontrolado de alcohol en las calles y plazas" lo que principalmente ocurre cada sábado, durante poco más de dos horas, en la Plaza del las Flores. ¿Pero ocho colectivos? Además del implicado -Centro Tradicional-, otros siete se suben al carro no sé muy bien con qué propósito. ¿De cuáles hablamos? Veamos. Las asociaciones vecinales (que no los vecinos) de Ciudad de Asís, Ciudad Elegida, San Gabriel, La Florida, San Blas, Gran Vía Sur y Virgen del Remedio parece que se sienten más que perjudicadas por el "tardeo", cuando el barrio más cercado se encuentra a varios kilómetros de distancia del Mercado Central y de la calle Castaños.

No me creo que estos colectivos no tengan otras cuestiones más importantes en las que ocupar su tiempo, basta con echar un rato por cada una de las citadas zonas para certificar que arrastran problemas mucho más graves que el "tardeo" de la zona centro. De locos, tú. Y estaría bien que esta generosidad entre asociaciones también se dejara ver en otros momentos, como cuando se discuten los cambios de trazado de las líneas de autobuses, por ejemplo.

Pero esta firma colectiva, con siete agrupaciones que nada se les ha perdido en el centro, no hace más que radiografiar la degeneración del tejido asociativo de la ciudad. Otra muestra más, aunque habrá otras en breve. Seguro.

4 de noviembre de 2013

Con amigos como Almudena, Alicante no necesita enemigos

Decir una cosa y justo la contraria en una misma frase tiene su dificultad, no crean que resulta nada sencillo. De hecho, esta capacidad apenas está al alcance de algunas personas, de un puñado de «elegidos». Pero nosotros, los alicantinos, tenemos el privilegio de contar en nuestra ciudad con algunos de ellos. Ahora vamos a centrar el foco en, tal vez, uno de los mayores exponentes de la contradicción hecha mujer. Y hay más, porque esta persona no sólo se caracteriza por su relato incoherente, sino por mostrar una actitud más que negligente, al no medir el impacto que alcanza sobre la sociedad y sus sectores económicos su ya conocida concepción de Alicante. Unas palabras que dejan a las claras la incompetencia de su emisora, que además resulta ser la máxima responsable de un organismo diplomático, que en lugar de ocuparse en abrir vías de diálogo, se ha visto envuelto en una polémica por la incapacidad de su principal cabeza visible. Me refiero, como habrán adivinado, a Almudena Muñoz Guajardo, extremeña de nacimiento y abogada de profesión. Exacto, la directora general de Casa Mediterráneo, una entidad que ha sido protagonista de parte de la actualidad informativa de los últimos días. Y todo gracias a la facilidad de su máxima responsable por descalificar reiteradamente a la ciudad que acoge la sede principal de Casa Mediterráneo, un engendro que pocos saben para qué diablos sirve. Y en este punto podríamos recordar la figura de Leire Pajín, ideóloga de repartir sedes por la provincia como si fueran setas por la calle San Francisco. Pero no. Mejor centrarse en Almudena Muñoz y su irresponsabilidad exhibida a la hora de (des)calificar a Alicante.

Almudena Muñoz miente, y ella es consciente. La titular de Casa Mediterráneo sabe a la perfección lo que dijo de Alicante, porque no fue un comentario aislado sino que lo repitió en varias ocasiones, y sabe también que sus palabras se ajustaron fielmente a lo publicado. No sé si explicó lo que realmente piensa, pero a estas alturas debería saber que un responsable público debe mantener un discurso respetuoso, acorde con su cargo. No más. Tampoco menos. Y si para conseguirlo tiene que burlar su torpeza, que lo haga. Pero que no ofenda.



Y para no perdernos, que todos no somos «elegidos», propongo seguir un orden cronológico. Veamos. El viernes 25 de octubre, la llamada de un buen amigo a primera hora de la mañana me ponía sobre la pista. Me alertaba de un comunicado de la entidad que dirige Almudena Muñoz, en el que ese mismo día se anunciaba que una cumbre de expertos del agua se celebraría el próximo febrero en Valencia. ¿Agua? ¿Casa Mediterráneo? ¿Valencia? Había algo que no me cuadraba, y más cuando esa misma semana se había desarrollado un foro económico, también organizado por Casa Mediterráneo, en Barcelona. Enseguida intenté contactar con la directora, para encontrar una explicación al hecho de que un evento tras otro se organizaran lejos de la ciudad de Alicante, sede principal del organismo. Al poco, Almudena Muñoz me devolvió la llamada. Imagino que pensaba que nuestra conversación giraría en torno a la citada cumbre, pero supongo que esperaba un enfoque distinto. «No entiendo dónde está la polémica, no lo entiendo. La cumbre se celebrará en Valencia, sí, pero estos días se ha celebrado un foro económico en Barcelona y nadie ha dicho nada», aseguraba con un tono de cierta contrariedad Almudena Muñoz. Servidora, al otro lado del teléfono, no acababa de dar crédito a los argumentos que repetía la máxima responsable de Casa Mediterráneo, ya que parecían sacados de una conversación de colegas en un bar: «Nosotros buscamos organizar los eventos en los mejores lugares y consideramos que Valencia tiene mejores conexiones que Alicante» o «en el foro de Barcelona llegaron ministros de varios países, y a los ministros debemos darles las mayores comodidades». Yo, sinceramente, alucinaba. Lo admito. Y es que los periodistas no estamos acostumbrados a que un responsable público nos ofrezca este tipo de argumentos, tan faltones con la ciudad que alberga la «casa» del organismo. Y mientras tanto, Almudena seguía con su tesis. Ella no entendía nada. Y yo tampoco: ¿Alicante tiene malas conexiones? ¿Son francamente mejores las de Valencia? ¿Y qué me dicen de las comodidades que Barcelona puede dispensar a los ministros, nada que ver con los alojamientos y restaurantes que ofrece Alicante a sus visitantes? Y Almudena, a lo suyo: «Somos un organismo público, por lo que no podemos tener un punto de vista localista a la hora de elegir la ubicación de una cumbre o de un foro». Ya, para elegir la ubicación, no, pero para reclamar el pago a los ayuntamientos, ahí sí somos bastante más localistas. «Sabemos que las instituciones alicantinas se han mostrado siempre interesadas en facilitar instalaciones para que la ciudad albergue actos de Casa Mediterráneo», continuaba con su argumentario. Ya, claro, a Alicante traemos grafiteros y los asuntos de calado internacional nos los llevamos a kilómetros y kilómetros de distancia. Percibía cierto desequilibrio entre unas actividades y otras, y se lo hice saber. ¿Su respuesta? En su línea: «Tiempo habrá para que Alicante celebre actos de todo tipo». Y aquí seguimos, esperando, sentados.

Y terminado el día, al bajar de la velocidad de crucero que se vive en la redacción, supe que las declaraciones de Almudena Muñoz iban a traer cola, incluso más allá de que la cumbre del agua se celebrase en Valencia o en las Islas Caimán. Y no me equivoqué. Sus ofensivas explicaciones, directas a la línea de flotación de una ciudad turística como Alicante, no podían pasar de largo, sin ninguna réplica. Incluso, pensé que la propia directora de Casa Mediterráneo se retractaría, al reparar en el fondo y forma de sus desafortunadas explicaciones. Y por qué no, sospeché también que saldría al paso de las críticas sosteniendo que ella nunca, bajo ningún concepto, había pronunciado dichas palabras. Acerté a medias. Pero es que por entonces, hace apenas una semana, servidora no conocía la habilidad de Almudena Muñoz para afirmar un extremo y desmentirlo en la misma frase. Ni tampoco me había percatado de su osadía para descalificar sin pudor a Alicante, a sus hoteles y sus restaurantes, a los cimientos de una ciudad turística.

Publicada la noticia, los primeros en hacerse oír fueron los partidos de la oposición en el Ayuntamiento, todos en bloque. PSOE, EU y UPyD, cada uno siguiendo su libro de estilo, reprobaron las palabras de Almudena Muñoz, e incluso Echávarri y Pavón pidieron la dimisión (o destitución) de la titular de Casa Mediterráneo.

A continuación, le llegó el turno a la alcaldesa de la ciudad. Sonia Castedo aseguró que iba a exigir explicaciones a Almudena Muñoz por «menospreciar» a Alicante, mientras que la portavoz municipal del PP, Marta García-Romeu, aseguraba que el equipo de gobierno se había enterado de que la cumbre del agua se celebraría en Valencia por las páginas del periódico. No parecen, dicho sea de paso, muy interesados en las actividades que programa el organismo estatal. Y eso que son más bien escasas.

Un día después, ya estamos a martes, los hoteleros de la ciudad, como parteperjudicada, tomaron el relevo y aumentaron si cabe el nivel de crítica. «Estamos estupefactos con las declaraciones de la directora de Casa Mediterráneo ya que son una barbaridad y hacen un daño tremendo a la ciudad», apuntó Vicente Marhuenda, quien enfatizó, como se podía esperar, en el «alto nivel de los restaurantes y hoteles, que cumplen las expectativas de cualquier político». Y añadió: «Los propietarios de los restaurantes de Alicante están que trinan». Lógico. Y hasta la Universidad de Alicante, que suele andar de puntillas en los asuntos que afectan a su entorno, entró en el debate, a través del director del Instituto Interuniversitario de Geografía, Antonio Rico, quien afirmó que las declaraciones de Almudena Muñoz «suponen un completo desacierto, en las que pierde de nuevo Alicante… Y de sabios es rectificar».

Y en esas, Almudena Muñoz y Sonia Castedo se sentaron alrededor de la misma mesa. Y de inmediato empezaron a llegar las contradicciones, las mentiras y las excusas absurdas. «Que si me expliqué mal…». Falso, en todo caso se explicó demasiado bien. «Que si los eventos no los organizamos nosotros…». ¿Seguro? No presumía de lo mismo hace una semana, cuando sacaba pecho de que Casa Mediterráneo organizara el foro económico en Barcelona y la cumbre del agua en Valencia. «Que si trabajo para promocionar la ciudad…». Pues visto lo visto, va a ser mejor para Alicante que se coja unas vacaciones indefinidas. En resumen, unos argumentos vacíos, carentes de toda lógica, con los que la máxima responsable de Casa Mediterráneo intentaba defender ante Sonia Castedo sus polémicas palabras. Todo eso, en privado.

Y casi una semana después de sus declaraciones, Almudena Muñoz volvía a tomar la palabra. Esta vez ya en público. No pudo hacerlo antes -se justificó- porque estaba de trabajo en Mónaco. Buen sitio, sin duda. Y se ve que el largo viaje que tuvo que hacer desde la capital del Principado (nada más y nada menos que siete horas «y pico» de larga travesía, se lamentó la aludida), le debió impedir estar mínimamente lúcida en sus explicaciones. Dijo y se desdijo, argumentó y se pisó sus propios argumentos, defendió lo indefendible y hasta el punto de que negó lo innegable.

Almudena Muñoz, ya de vuelta a Alicante (imagino que muy a su pesar), convocó a la prensa para negar la mayor, reiterando los mismos argumentos que expuso una semana atrás. Surrealista, sin duda. Aunque ya tarde, pudo ser humilde, reconociendo su error, pero desaprovechó la oportunidad. Y en cambio, hizo una nueva ostentación de su manifiesta incompetencia: «Alicante está donde está», «desde el punto de vista logístico son más rentables otros sitios», «hay que ser realistas de lo que cuesta venir a Alicante en algunas conexiones ¡Imaginen venir desde Mauritania o Malta!...». Y así intentó refutar lo publicado, manifestando lo mismo que una semana atrás. Lo dicho, un auténtico sinsentido. Una continua contradicción en su argumentario, una manifiesta incapacidad para ejercer como directora de un organismo diplomático como Casa Mediterráneo y una insolencia de quilates para despreciar sin rubor la capacidad organizativa de Alicante…  Ofende que una responsable, que cobra no poco de las arcas públicas, pisotee la ciudad en la que reside y que poca culpa tiene de acoger la sede de Casa Mediterráneo. Si tan a disgusto se encuentra, que baje las persianas (si es que las hay), que eche la llave y que invite al Gobierno, a través de su jefe Margallo, a dedicar los miles de euros que gestiona de presupuesto a actividades más necesarias, que las hay a patadas. Nadie en Alicante ni más allende los mares, a buen seguro, echaría de menos Casa Mediterráneo. Y de esta manera, al menos, nos evitaríamos recibir guantazos de un supuesto aliado. Porque con amigos así, querida Almudena, Alicante no necesita enemigos.

22 de octubre de 2013

Del silencio institucional a la solidaridad individual


Emocionada me hallo. Admito que me ha costado reprimir esa lágrima más precoz mientras leía las palabras del magnífico (es tratamiento, no adjetivo) rector de la Universidad de Alicante sobre el episodio que vivió recientemente la feminista Mar Esquembre en el Congreso de los Diputados. Preguntado por el hecho, Palomar aseguró: «Es denigrante y humillante para todos (bla, bla y bla)». Y yo, me sumo a esas palabras. Me parece denigrante y humillante que la Policía te exija quedarte casi como tu madre te trajo al mundo para poder entrar al Hemiciclo. Pero también digo que yo no hubiera pasado por ese trance. ¿Desnudarme para acceder a las tribunas del Congreso con tal de hacer tiempo para esperar a unos amigos? Mi dignidad me lo impide, creo. Servidora se hubiera dado media vuelta y hubiera esperado a los colegas en alguna cafetería cercana, donde a buen seguro habría encontrado más diputados que en el mismo Congreso. Puedes denunciar -incluso no siendo la primera persona en pasar por tal vejación- sin participar de la «fiesta». No es necesario, no... Otra cosa, claro está, es que el control policial no se hubiera podido evitar. Si te llevan para adelante en una manifestación, te metes en un lío accidental o te confunden con un chorizo, ahí tu poder de decisión queda reducido a cero. Y no es el caso.

Pero a lo que íbamos, que me distraigo con el vuelo de una mosca. Una, que es débil, se emociona con poco, con las palabras del rector, por ejemplo. Él, siempre tan dispuesto a participar en los actos de propaganda de la universidad que dirige, cuenta con alguna reticencia más a la hora de atender a los alumnos que dan sentido a dicho centro, pese a que en sus últimos discursos ha intentado vender más humo del habitual, acercándose –desde el coche oficial, eso sí– a las dificultades que atraviesan los jóvenes que se forman en su universidad.

Recientemente he publicado una entrevista a una joven alicantina que se ha visto obligada a aparcar los estudios por el alto coste de la matrícula. Sólo le queda presentar el proyecto final del máster que ha cursado durante los dos últimos años, pero ese trámite (lectura y se acabó) asciende a casi 700 euros. No es la única estudiante obligada a dejar la universidad, así que la entrevista se planteó como un ejemplo de los muchos testimonios que se podrían publicar. A buen seguro, darían para una serie de reportajes, en la que se recogerían argumentos de sobra para avergonzar a algunos personajes siniestros que habitan en el universo político.

Ayer, mientras remoloneaba por casa, me sonó el móvil. Al otro lado, una mujer me contaba que había leído el periódico mientras almorzaba y que se ofrecía a ayudar a la alumna, pagándole la matrícula. La protagonista de la llamada, que había conseguido mi número poniéndose en contacto con la redacción, me hablaba desde su trabajo, en una pausa. No parecía rica (y ahora sé que no lo es: vida humilde, sueldo muy modesto y familia amplia), pero desprendía humanidad en cada una de sus palabras.

En apenas unos minutos, la mujer había dado respuesta a un problema que a priori no le atañía en lo personal, recurriendo a sus ahorros. Sin embargo, nada se sabía por entonces (ni se sabe, por ahora) del escrito que la alumna remitió días atrás al rector Palomar. Ella me contaba que no buscaba una solución, porque es consciente de que existen muchas personas en una situación similar a la suya, sino que sólo pretendía explicarle al rector, de tú a tú, los motivos que llevan a un estudiante a renunciar a la universidad, a su formación, a su proyecto de vida. Es decir, quería humanizar las cifras de la caída de las matrículas. Pero, hasta la fecha, ni el rector ni su equipo de trabajo han tenido a bien darle una respuesta. Sí que lo hizo, y con cierta premura, la decana de la facultad a la que pertenece el máster. No le contaba mucho (que lo sentía mucho y se solidarizaba con ella, y que la solución al problema no estaba en sus manos), pero al menos tuvo el detalle de contestar. Que no es poco.... No como otros. 

24 de septiembre de 2013

Con Luceros, al infinito y más allá

Hace días que las Hogueras se han hecho un hueco, pese a las fechas, en las conversaciones de los alicantinos. Más en concreto, las charlas giran en torno al cambio en la ubicación del tradicional concurso de mascletàs, que desde hace veinte años se venía celebrando en la plaza de Luceros. Ahora, dicen, que el monumento de Bañuls está malito y que ya no aguanta ni una juerga más. En cambio, no precisan con la claridad exigible si la enfermedad de la fuente es de nacimiento, de la mala vida que le han dado o de su querencia a estar presente en todas las fiestas. No sabemos, por tanto, si las grietas y demás desperfectos de Luceros aparecen por los malos materiales empleados en su construcción y en las futuras (ya pretéritas) rehabilitaciones, por el escaso mantenimiento a la que ha sido sometida en sus más de ochenta años de vida o por las vibraciones del TRAM, las sacudidas y los compuestos químicos que sobrevuelan la zona durante las mascletàs o la polución de un entorno intenso en la circulación vial. Tal vez, nadie es el culpable, pero todos son en parte responsables. Aunque el silencio municipal resulta intrigante, rozando la duda.

Desperfectos en Luceros. ¿Culpa de las mascletàs?
Y de repente, todos los dedos señalan a las mascletàs. Todos los dedos del Ayuntamiento, preciso. Parece ser que ahora, seis disparos al año son los únicos (o al menos, máximos) culpables del deterioro de la fuente de Luceros. Y esa sensación me lleva a hacerme algunas preguntas. Que espero, aunque sea poquet a poquet, vayan encontrando su consiguiente respuesta. Aunque lo dudo...

¿Por qué tanta prisa en llevarse las mascletàs de Luceros? ¿Por qué la alcaldesa Castedo, en apenas 24 horas, tenía ya decidida cuál iba a ser la nueva ubicación para el concurso de pólvora? ¿Por qué salta a la palestra la glorieta de la Estrella, frente a El Corte Inglés, si hasta la fecha nunca se había valorado como alternativa? ¿Filtrar el nombre de la Estrella antes de contar con los informes técnicos puede ayudar para que, en caso de existir una corriente popular en contra, el Ayuntamiento tenga una coartada (profesional) a la hora de proponer otra ubicación? ¿No sería más profesional un intercambio en los tiempos: pedir los informes técnicos y, con ellos sobre la mesa, decidir cuál es el lugar idóneo para disparar las mascletàs? Y si Luceros está tan perjudicada como dicen que está, ¿qué ha pasado con las últimas rehabilitaciones? ¿Qué se ha hecho? ¿Qué hay de los responsables? ¿Y nadie pide cuentas por los miles de euros gastados en los trabajos de rehabilitación, incluido el polémico traslado de la fuente durante las obras del TRAM? ¿Por qué han tenido tan pocos años de vida las últimas restauraciones de Luceros? Si eran simples parches, ¿por qué no se acometieron trabajos más profundos? ¿Pretende al Ayuntamiento seguir metiendo dinero en un pozo sin fondo, en un monumento que ha llegado ya «al final de su vida útil», según Florentino Regalado? ¿Recuerdan que hace casi una década, Arcadi Blasco ya sentenció: Luceros tiene fecha de caducidad? Si tanto aprecio se tiene a Luceros, ¿por qué no se han realizado trabajos continuos de mantenimiento de la fuente en los últimos años? [No, la manida la crisis no vale, que es muy reciente]. Si los expertos apuntan a la falta de mantenimiento como clave en el deterioro de Luceros, ¿por qué nadie pide responsabilidades a los presuntos responsables de tal negligencia? Si en la rehabilitación de 2006 se destruyó parte del monumento [la base y el vaso], ¿no se puede seguir ahora, con esos mismos argumentos, la reconstrucción completa de la obra de Bañuls? ¿Y los moldes? ¿Qué es de los moldes de Luceros? En serio, ¿existen? Y los festeros, ¿por qué aprovechan la mínima oportunidad para disparar contra los comerciantes (con o sin razón, cuestión al margen) en lugar de aglutinar todas las voces contrarias al traslado para así hacer más fuerza ante el Ayuntamiento? ¿Por qué la Federación muestra un apoyo tan rotundo al cambio de la plaza de Luceros? ¿Y la oposición, a todo esto, qué dice? ¿Mascletàs en Luceros o dónde carajo? ¿Y si seguimos con las preguntas? Llegaríamos hasta el infinito...