20 de diciembre de 2010

Menos forofismo y más atención

Sólo llevaba la intención de conocer cómo estaba llevando el madridismo las horas después del espectáculo que ofrecieron ayer Madrid y Sevilla en el Bernabéu... Sin embargo, he confirmado que el forofismo en poco ayuda al periodismo. Al final, te centras tanto en disfrazar la realidad que se te olvida dejar aseado el envoltorio. Hace apenas unos minutos, la web del diario AS abría con una noticia vinculada a la polémica arbitral protagonizada por Clos Gómez. Decía la página que el delegado arbitral del Real Madrid fue el encargado de redactar el informe (¿dónde queda el 'señorío blanco''? que ayer presentó Jose Mourinho ante lo medios en rueda de prensa.

Al clicar en la noticia, para ver el contenido de tan sesuda novedad madridista (ahora listan los errores arbitrales que les perjudican...), me he quedado en la primera palabra. Mejía (Dávila) ha pasado de inmediato a llamarse Megía, y eso que es un asalariado del Real Madrid.

La rabia no les deja ver. Debe ser muy duro no poder disfrutar del excelso fútbol que practica el 'Manita Team'... Duro y frustrante. Aunque peor es Marca y ahí sigue, consolidando lectores oleada tras oleada.

19 de diciembre de 2010

Donde nos gusta estar

Vuelvo por estos fueros… 53 días después de mi última visita. A decir verdad, durante estos dos meses, me he dejado caer por esta isla en varias ocasiones, aunque no haya prueba gráfica de ello. El escaso margen que me deja el trabajo en la redacción y las actividades del máster me ha impedido dedicarle el tiempo necesario a este espacio que tanto sirve para relajar la mente y dar salida a algunos de esos pensamientos que circulan por la cabeza. La falta de motivación (¿?) tampoco ha ayudado cuando me enfrentaba al folio en blanco. Y de la atención que requiere mi última adquisición... ¡para qué hablar!

En esta ausencia física poco ha cambiado el panorama. La crisis sigue abriendo los informativos, el Barcelona abruma en las competiciones oficiales, Zapatero navega hacia la deriva sin ningún rubor, los sindicatos amenazan con otra jornada de paro global, la violencia de género se desboca sin solución a la vista, los coreanos de sur y norte no se caen bien y se esfuerzan por demostrarlo, el Hércules es más noticia por las polémicas extradeportivas que por su aseado regreso a Primera y la ‘i griega’ se puede seguir llamando así…

Tampoco sorprende la temporalidad de las noticias en los medios. El conflicto del Sáhara ya pasó a mejor vida, los muertos por cólera de Haití valen menos que otros y a Wikileaks le queda poco más de tres telediarios. Eso sí, a buen seguro, no serán en CNN+. La fusión Telecinco-Cuatro ya conoce su primera víctima: uno de los canales de referencia, una apuesta segura para aquéllos que solemos llegar a casa a últimas horas de la noche.

Ver cómo los productos de calidad desaparecen del espectro mediático resulta desalentador. Estos golpes en poco ayudan a una profesión herida tras los traspiés sufridos en el tránsito por una ruta minada. El obligado adiós de la cadena tan sólo confirma la teoría que sostienen los menos románticos del oficio. Ellos defienden que los beneficios empresariales son las únicas piezas válidas de un tablero de juego donde los contenidos se convierten en meros objetos decorativos. Quiero creer lo contrario, aunque cada vez resulta más complejo dar con argumentos que refuten esta asentada hipótesis. En el intento seguiremos… mientras nos dejen.

No obstante, estos pensamientos de cierto regusto melancólico llegan en tiempos de nostalgia. Con la Navidad y la inminente despedida del 2010 al acecho. Antes, suele ser tiempo de la cena de empresa y del villancico de los ‘locos’ de Tiempo de Juego. Ambos hechos ya han tenido lugar. Y los buenos recuerdos se amontonan en la cabeza. La velada se celebró anoche, en La Cantera, y allí nos reunimos casi un centenar de compañeros. Aunque no se recordará por las desorbitadas ganas de fiesta de los presentes, al menos sí que logró tomar distancia del ambiente que se vive día tras día en la redacción. En lo personal, olvidada la frase de uno que se presentó como redactor ("Yo a ti te conozco porque no hiciste huelga", me espetó), conservo el reencuentro con colegas que el trajín aleja más de lo deseado. También, conversaciones de esas que se prolongan más allá de las palabras y miradas cómplices, que tanto ayudan para seguir en la pelea.

Con todo, ojalá la siniestra teoría que abanderan los más realistas se quede en papel mojado y todos volvamos a ser partícipes de las sonrisas, las bromas y el compañerismo que tan bien se recordó en el mordaz monólogo.

Da envidia, para qué negarlo, ver lo bien que se lo pasan los ‘individuos’ de Tiempo de Juego. Su villancico irradia 'buen rollo'... Aunque ellos no son los únicos que están donde les gusta estar.


27 de octubre de 2010

¿A qué estamos jugando?

Una jornada de asueto laboral te permite invertir el tiempo en tareas imposibles dentro de la vorágine diaria. Así que tras una mañana de llamadas (no ir a la redacción no impide trabajar en temas futuros), la tarde ha tenido un marcado tono periodístico. Muy recomendable para dejar de hablar durante un buen rato, escuchar a los que dicen saber de la vida y luego seleccionar lo realmente interesante.

A las 4 de la tarde, tocaba butaca en el salón de actos del Colegio Mayor de la Universidad de Alicante. La gira (¿?) de La Ventana por España tenía hoy parada en Alicante. No me ha sorprendido el trato a la noticia de la semana en la ciudad: la presunta implicación de Castedo en una de las ramificaciones del Caso Brugal. Pese a su carácter habitual en un sistema viciado, la presunción de inocencia ha brillado por su ausencia en la mayoría de las intervenciones de los periodistas de la casa y en los invitados. Con mayor o menor maldad, todos han dejado caer que se veía caer la noticia. Puede ser o no verdad, no seré yo quien caiga también en el error colectivo, aunque denunciar las irregularidades en la administración pública (o privada, si cabe) no debe ser incompatible con el respeto a los tiempos judiciales.

Otro asunto, aunque periodísticamente muy interesante, es el mercadeo que cada vez con mayor frecuencia se realiza con los folios de las investigaciones bajo secreto de sumario. Si para cualquier medio de comunicación es todo un premio tener en exclusiva un sumario, para un estado de derecho no deja de ser una perversión del sistema. Pero aquí no pasa nada. A todos, antes o después, les interesa participar en el juego. Viene a ser como el transfuguismo, a ver quién es el valiente que da el primer (y definitivo) paso para prohibir la compra-venta de escaños. Yo no creo que lo vea.

Con todo, lo realmente interesante ha llegado avanzado el día. En el Aula de Cultura de la CAM, de la mano de Gervasio Sánchez y su repetido "¿a qué estamos jugando?". Fotoperiodista, un profesional que te invita a abrir los ojos, cerrar la boca y despejar la mente. Al menos, mientras él habla. Toda una fuente de conocimiento y, sobre todo, todo un ejemplo de tipo legal, de los pocos que se hacen llamar periodistas y pueden presumir de ello. Durante sus dos horas de monólogo, las enseñanzas han sido continuas. Algunas, de interpretación instantánea; la mayoría, de asimilación largo placista. Su concepto de la ética, de la profesionalidad… Su incesante crítica a lo aceptado por la mayoría: como el tratamiento periodístico del Nobel de Literatura, la connivencia con el Gobierno de Uribe, la falta de contundencia en torno a la Ley de Memoria Histórica…

A mí me ha convencido. Sin carta blanca, pero siempre es agradecido que te hagan pensar.

19 de octubre de 2010

Yo me voy...


... pero prometo volver en breve. Unas horas (no hay posibilidad para más) alejada de la rutina diaria dan para mucho. A la vuelta, además de vivir de los recuerdos más recientes, coges con más ganas el día a día. Y eso siempre viene bien. Lo tengo comprobado.

12 de octubre de 2010

Toda una lección

Uno de esos anuncios (campaña de marketing callejero) que cumplen sus objetivos: transmitir y dejar marca. Muy recomendable. Da que pensar... y eso siempre es positivo.

Anhelo de un subordinado

Dirigir a un superior una crítica directa, contundente y sin concesiones a una segunda interpretación. El anhelo de cualquier trabajador por cuenta ajena lo cumplió hace unos días el presidente de Castilla-La Mancha. El controvertido José María Barrera, muy consciente de su estratégico movimiento, no dudó en advertir (?) a Rodríguez Zapatero acerca de la necesidad de ejecutar un “cambio de rumbo” con tal de evitar una “catástrofe electoral” en las filas del Partido Socialista.

Todo un privilegio el del líder manchego. Aunque, dada su veteranía, bien sabía que esa crítica disfrazada en formato de consejo acabaría en una fingida marcha atrás. Antes de pronunciarla, a buen seguro, ya tenía redactada una rectificación a sus palabras. Pero la frase ya está ahí, y su huella no desaparece con un chasquido de dedos.

No obstante, ese forzado y poco creíble ‘arrepentimiento’ no resta un ápice de placer al hecho en sí. ¿O no? ¿Quién no ha pensado, en más de una ocasión, poder dirigirse a su jefe (desde el inmediato al más lejano) y decirle, sin temor a represalias, lo que piensa sobre sus actuaciones? No echarle en cara los errores, no voy por ahí, sino mantener un intercambio de opiniones respecto a asuntos relacionados con la faena. Hablar como dos compañeros más, sin hombros por encima por los que mirar. Porque, mal que le pese a algunos, el respecto no se gana a fuerza de miradas desafiantes o gestos despóticos, sólo (!) es el premio a una labor de hilo fino.

Algunos desearían mantener ese trato, aunque sólo unos pocos afortunados pueden llevarlo a la práctica. Si fuera un hábito en nuestra sociedad, las críticas sí que se vestirían (que no disfrazarían) de sinceros consejos. Unos y otros saldrían ganando. Pero ese estilo no se lleva. Y aunque me resisto a entenderlo y, en consecuencia, a aceptarlo, la realidad me obliga cada día a abrir los ojos.

Esbozo la idea y sostengo que sería un perfecto ejercicio de democracia empresarial. Esa invitación al diálogo no tendría por qué interferir en la complejidad que atañe dictar cualquier resolución (sea o no judicial). Es decir, una cosa es escuchar con franqueza las ideas que proponen otros profesionales del sector (aunque procedan de un escalafón inferior) y otra, y muy distinta, verse en la obligación de hacer propias las propuestas ajenas y llevarlas a cabo por decreto. No. Nadie discute, imagino, que cada jefe cuenta con su cuota de responsabilidad, que va en el sueldo y en la tarjeta de visita. Por ello, aunque no sólo por ello, las decisiones deben tener carácter personal (e intransferible).

Y más allá. No sólo debería ser de obligado cumplimiento intercambiar esos pareceres en cuestiones profesionales, sino también fomentar las relaciones interpersonales… Una tarea que se debería avivar desde arriba hacia abajo. Porque las amistades las eliges, pero los compañeros te tocan en el carrusel de la vida, y una mentalización en favor del bien común, un “todas a una”, supondría el mejor plan anticrisis de una empresa. Pero no, no parece ser así. Por una parte y por otra, todo sea dicho. Y no tomo como referencia una sensación íntima, sino una visión general. Así que... resignémonos.