3 de abril de 2015

Una fe nada incondicional

Un instante de la procesión de esta mañana de Viernes Santo (Foto: Jose Navarro)
En esta ciudad, la gente pierde muy pronto la fe. Y no me refiero a cuestiones económicas o deportivas, sino al concepto más clásico de la fe. A tener una poderosa creencia. Basta con echar un ojo a la procesión matutina de este Viernes Santo en Alicante para comprobar que la citada fe puede ser un fiel reflejo del Guadiana, que viene o va en función de la cercanía, por ejemplo, de una doble cita electoral, como la del próximo 24 de mayo. Y es que hasta el pasado año, la Cofradía de la Sentencia de Jesús se convertía cada mañana de Viernes Santo en un absoluto desembarco político. En concreto, de políticos del PP, con Sonia Castedo al frente de ellos, tanto en su periodo de concejala como posteriormente de alcaldesa. Pero en este 2015, todo ha cambiado. Todo, menos una cosa. Castedo, como desde hace años, ha vuelto a ejercer de capataz del paso, dando órdenes a diestro y siniestro, aunque esta vez apenas ha tenido a compañeros de partido a su mando. Sólo una, Sonia Alegría, todavía concejala del equipo de gobierno y también implicada en la investigación del caso del PGOU, ha lucido traje de faena blanco. De hecho, ambas han pasado recientemente por el juzgado, una en condición de imputada y otra como testigo del presunto amaño del Plan General de Ordenación Urbana. Hoy, de nuevo juntas y con la inestimable colaboración de otras personas, han paseado «La Sentencia» por Alicante.

Así, cuatro meses después de esa polémica dimisión de Castedo a través de Facebook por su doble imputación en supuestos casos de corrupción, Sonia Alegría ha vuelto a estar bajo la batuta de su exjefa. Del resto de concejales que, año tras año, solían participar como costaleros, o al menos como acompañantes del paso, poco se ha sabido. Es cierto que Oti García Pertusa acompañaba de luto, y bien sola, a la imagen por las calles de Alicante. Mientras, a algún otro se le ha visto en el palco, pero a otras ni eso. Me explico. Tirando de hemeroteca, se puede recordar a Nino Llorens, Marta García Romeu o Adrián Santos como algunos de los habituales costaleros de «La Sentencia». De ellos, hoy sólo se ha visto a Llorens, y en el palco, con chaqueta, corbata y escoltado por una nutrida colla de ediles –Sandoval, Ardid, Postigo, Goitia, Seva…– y por el todavía alcalde, Miguel Valor. Algunos, que no todos, respondieron al mismo nivel de impostada timidez al saludo que les envió la propia Castedo al pasar frente a ellos, ante el interés de las cámaras por captar un instante con sabida carga política. A quien no se ha visto ni con vesta ni con traje de chaqueta es a la alcaldable del PP, Asunción Sánchez Zaplana, llamativo porque raro ha sido el año que no ha participado activamente en la procesión de «La Sentencia».

Tuit de Sánchez Zaplana, en compañía del concejal Carlos Castillo
Fuentes próximas a la candidata aseguraban a última hora de ayer jueves que Suni –como se hace llamar ahora también en redes sociales por aquello de la supuesta relación entre proximidad y votos– no tenía previsto realizar el recorrido desde el barrio de El Pla hasta el Ayuntamiento, pero que seguiría el paso desde el palco de autoridades. Pero no ha sido así, ni parece que fuera la verdadera intención de la alcaldable. Sobra con echar un ojo a la imagen que ella –o alguien de su equipo– ha subido a primera hora de la tarde de hoy a su perfil en Twitter. Sánchez Zaplana, que siempre destaca por su impoluta imagen pública, vestía ropa cómoda en la citada foto, nada que ver con la que luciría en cualquier procesión, como se ha podido comprobar durante estos días ante su activa presencia en las calles. Contaban la tarde del jueves desde su entorno que, ante el inminente inicio de la campaña electoral, la candidata tenía «mucho trabajo de oficina». No seré yo quien lo dude. Seguro que es así. Aunque resulta cuanto menos curioso que una habitual de esta cofradía, y reconocida creyente, haya pasado de poner su hombro al servicio de «La Sentencia» a mantenerse absolutamente al margen de la procesión. ¿No será que prefería, como otros concejales con aspiraciones a revalidar el cargo, evitar fotos incómodas con Castedo por aquello de preservar su imagen pública? No hace falta ser muy retorcido para pensar así, ¿verdad? Ya saben, la fe no es eterna ni mucho menos incondicional. 

8 de noviembre de 2014

«Méritos» made in UA


Me hubiera gustado ver el semblante de los rectores al asegurar que uno de los problemas más serios de la universidad es la baja formación del profesorado. ¿Lo dijeron sin ruborizarse? ¿Y su responsabilidad? ¿O es que ellos, en esto, tampoco ni pinchan ni cortan...? «Ojiplática» me quedo al ver que para los «magníficos» el principal problema pasa por el currículum de los profesores y no por las altas tasas de la matrícula o la reducción de las becas, que han echado a cientos de jóvenes de esta universidad. Porque, ¿saben que la UA es una de las universidades españolas con mayor índice de precariedad del profesorado? Tenerlos en el alambre, pese a que acrediten méritos de sobra, forma parte de la política en el campus alicantino. Palomar y compañía pusieron ayer el foco en los catedráticos, pero deberíamos bajar a la tierra, donde se batalla día a día para ofrecer la mejor formación a los universitarios. Allí, con contratos indignos, bregan demasiados profesores altamente cualificados que intentan hacer su trabajo con profesionalidad, a pesar de una precariedad anquilosada. Señores, esto es la universidad. Un frente de batalla donde los méritos conviven con amiguismos, favores y silencios. Ya podrían muchos dejar de utilizar el dedo índice de marras: ni para poner en práctica la extendida «dedocracia » ni para señalar a los abnegados y en ocasiones vilipendiados profesores. Y valga como consejo: menos fiestas tradicionales y más trabajar por la excelencia de nuestra universidad.


*Opinión publicada en Información el 8 de noviembre de 2014.

21 de octubre de 2014

El Hospital de Sant Joan, el hermano pobre

La Conselleria de Sanidad ya ha dado el paso que desde hace tiempo tanto deseaba. Desde ayer, Alicante ya tampoco es referencia frente avirus del Ébola. En la práctica, nunca llegó a serlo, aunque las fuentes oficiales nos vendieran lo contrario, más bien era considerado el hermano pobre, un grano molesto que convenía extirpar. Y basta con pararse un segundo ante los argumentos expuestos ayer mismo por el conseller de Sanidad para intentar justificarseContaba ayer Llombart, imagino que con su habitual gesto impasible, que la decisión responde «a la necesidad que establece el protocolo de que los profesionales que atienden al paciente sean supervisados por otro profesional en el momento de la puesta y retirada del equipo de protección individual, ya que esta medida requiere espacios más amplios y un mayor número de profesionales». Y es que claro, Sant Joan, por eso de ser el humilde de una familia encabezada por el todopoderoso hospital de La Fe, no puede disponer ni de espaciosamplios ni de profesionales suficientesNo puede, dicen. Nles dejan desde Valenciamás bienY como segunda excusa (perdón, argumento), explicaba Llombart ayer que sólo dos comunidades autónomas cuentan ahora con más de un hospital de referencia en su territorio. En este punto, conviene recordarle al conseller que con su decisión Alicante se convierte en la provincia con mayor población que no dispone de ningún centro de referencia frente al ébola. Ocurre que, en ocasiones, a las generalizaciones cabe añadirle cierta lógica, querido Llombart. Pero para qué, ¿verdad? Hablamos de Alicante, donde los agravios ya no se cuentan, se asumen.

Ese concepto de «hermano pobre» no forma parte de una opinión, no crean, sino de una conclusión amasada en las últimas semanas. Aquí, en el hospital de Sant Joan, todo ha estado prohibido, incluso después de que el Ministerio de Sanidad decidiese mejorar (y mucho) su estricta política de comunicación inicial. Mientras los valencianos y castellonenses -a quienes correspondía La Fe como centro de referencia- conocían de primera mano el protocolo que se llevaría a cabo ante la llegada de un paciente sospechoso de ébola, los alicantinos vagaban por un infranqueable mutismo oficial, ya que en Sant Joan nunca se realizó un simulacro con cámaras de por medio, aquí todo eso sonaba más bien ciencia ficción. Digo simulacros, pero podíamos hablar de recorrer las instalaciones destinadas a un infectado de ébola o simplemente de conversar con grabadora de por medio con expertos autorizados del hospital. Y es que las entrevistas con los profesionales de Sant Joan tampoco han recibido nunca el visto bueno por parte de conselleria, aunque en privado los médicos admitían con frustración que estaban dispuestos a dar todas las explicaciones necesarias a la sociedad alicantinaAquí, y sólo aquí, Sanidad ha actuado con auténtica mano de hierro. Su inflexible ley del silencio se ha mantenido de principio a fin en casa del «hermano pobre»Cosa de familias, cuestión de agravios.

PD: Y me pregunto, ¿qué hará el Hospital de Sant Joan con los mil equipos de protección individual que compraron durante su etapa como referencia provincial frente al ébola? Se aceptan propuestas.

2 de octubre de 2014

Fabra, más cobarde que presidente

A pocas horas de la inauguración oficial de la Volvo Ocean Race, nos hemos despertado con la noticia de que el presidente de la Generalitat Valenciana (supuesto representante de todos los residentes en la Comunidad) no estará presente esta tarde en el pistoletazo oficial de un evento de trascendencia mundial. De nuevo, el presidente Alberto Fabra antepone sus intereses personales a sus obligaciones profesionales. El molt honorable ha optado por dar la espalda a la ciudad de Alicante, algo que no nos coge por sorpresa a los "valencianos del sur". Y todo, por cobardía, por ser un Rajoy más: dejar que los problemas se resuelvan por si solos con el paso inexorable del tiempo, y en la medida de lo posible acaben por pudrirse. Si Fabra fuera un tipo valiente (hablemos de imposibles), habría echado ya a la alcaldesa Sonia Castedo de las filas del PP, evitándose ausencias injustificadas con tal de ahorrarse una foto. ¡Una maldita foto! Y no la habría apartado ayer ni hoy (por el espectáculo del último pleno o la salida de la Volvo), sino hace meses, justo esa fecha en la que él mismo decidió que la regidora popular doblemente imputada por sendos casos de corrupción no repetiría como cabeza de lista por Alicante. Habría sido una decisión valiente y personal, aunque teñida con sus arbitrarias y caprichosas líneas rojas. Pero no, Fabra nunca tuvo la valentía de tomar la iniciativa en un asunto de extremada repercusión política. Así, aquellos polvos (su cobardía innata) nos traen ahora estos lodos (escondida de cabeza cual avestruz común). No se puede tolerar, porque va en el sueldo y en el cargo, que el presidente de la Generalitat no esté presente hoy en la inauguración del único evento que este año pondrá a Alicante en el mapa del mundo. Es una auténtica falta de respeto hacia los alicantinos, se sientan más o menos representados por el señor Fabra. Aunque éstos, a buen seguro, no le echarán de menos. Los cobardes, cuanto más lejos, mucho mejor.

24 de septiembre de 2014

Silencios cómplices, locuacidad impertinente

Dicen algunos que PP y PSOE son lo mismo. Pero no. No lo son. Basta con ver "el día después" de que se conociera el informe de la UDEF sobre el plan Rabasa, con la nueva imputación de la alcaldesa popular Sonia Castedo y la vinculación de los socialistas Blas Bernal y Ángel Franco en el controvertido macroplan urbanístico. Mientras unos guardaban un sospechoso silencio, los otros se despellejaban fraticidamente sin rubor alguno. Decía que no son lo mismo, o al menos se ve que no exhiben la misma actitud ante hechos, digamos, con ciertas similitudes desde una perspectiva política. Y ya, ya sé que no es lo mismo una imputación que una vinculación. Faltaría... Por eso, Por eso, sorprenden más todavía las peleas cainitas.

Desde que se hiciera publica la última imputación de Castedo, mucho ha cambiado en el grupo municipal del Partido Popular en Alicante. Y sobre todo en la propia Castedo, que ha optado por vivir los últimos días de puertas hacia dentro, con un recogimiento propio de las monjas de clausura, con la cabeza bajo tierra. Su agenda política se vio reducida la pasada semana a mínimos, manteniendo apenas un puñado de actos de entidad menor, sin que en ningún caso mediase convocatoria previa a los medios de comunicación. Y además sus palabras se cotizan, más si cabe, a precio de oro. Nada se le escuchó decir hasta el sábado, salvo un lacónico "estoy muy bien, pero no voy a decir nada", que se le consiguió arrancar en el único acto público en el que participó esa semana. Entonces, aunque tampoco hubo convocatoria a los medios, se le pudo retratar durante la celebración del Día de Melilla, acto en el que fue recibida por un espontáneo aplauso por parte del medio centenar de personas reunidas. No parecía preocupada, intentaba sonreír, pero imagino que la realidad es bien distinta. Desde ese día, poco más. Que no, que de Rabasa no habla. Que sólo se pronuncia sobre "aquello que interesa a los ciudadanos" (sic).

Y mientras Castedo elige la penumbra, su grupo municipal continúa sumido en el  mutismo. Siguiendo al pie de la letra la estrategia de la alcaldesa, el resto de concejales tampoco han dicho "esta boca es mía" en los últimos días, rechazando cualquier oportunidad para valorar la situación judicial y política de la todavía líder popular en Alicante. No lo han dicho con un micrófono de por medio, matizo. Tras bambalinas la situación es otra, pero no es el tema. Y tampoco se han dejado ver en las redes sociales, que se han convertido en un instrumento imprescindible para tomar el pulso a la actividad política. Los pocos que han mantenido activa su cuenta estos días han ignorado por completo el tema por excelencia de la semana, centrándose en cuestiones propias de sus concejalías o ni eso; como si nada hubiera pasado. Ni un comentario ni siquiera un palmadita en la espalda. Nada. Mutis absoluto. 

En cambio, eso de que las redes sociales son ya un elemento magnífico para ver cómo respira el sector político en la ciudad se lo han tomado muy en serio en la acera socialista. Aunque en este caso por la habitual incontinencia verbal. De hecho, llevan una semana sin cerrar el pico. Tanto que le han faltado horas al día para seguir todas las disputas, indirectas, directísimas, acusaciones y menosprecios e incluso insultos de bajo nivel que se han dedicado cargos, expolíticos y militantes a través de las principales redes sociales. De todo menos compadreo y camaradería. Cada segundo, una nueva sorpresa. Y es que, para prender la mecha, bastaba un extracto del informe de la UDEF que vinculase a Menganito con Ortiz, unas declaraciones de Zutanito sobre Menganito o una opinión de Fulanito hablando de Zutanito. Cualquier excusa ha valido y sigue valiendo para hacer sangre entre aquellos que se refugian bajo unas siglas históricas. Que no es cualquier cosa. Y tras años diciéndose en Alicante que los socialistas ganan asambleas para perder elecciones, el panorama no parece mejorar. Veremos cuándo dan la vuelta a esa tortilla, dejando atrás unas guerras intestinas históricas para unir esfuerzos en el trabajo y la dedicación por la ciudad.

Así, con el silencio cómplice de unos y la locuacidad impertinente de otros, parece complicado despejar los nubarrones que se ciernen desde hace demasiadas lunas sobre Alicante. Llevamos tantos meses esperando una buena tormenta sobre Alicante que resulta desmotivante ver de nuevo los rayos y truenos cayendo sobre el Ayuntamiento y los tentáculos políticos que de allí surgen. Y es que en contadas ocasiones silencios y palabras han trasladado un mensaje tan similar. 

1 de septiembre de 2014

Agua helada para Sánchez Zaplana

La popular campaña del cubo de agua helada (#IceBucketChallenge en Twitter) continúa con paso firme su camino hacia algún lugar. No parece, dicen, que se esté recaudando demasiado dinero para la investigación de la Esclerosis Lateral Amiotrófica (ELA), pero a cambio los famosos están teniendo una oportunidad para lucir sus cuerpos y camisetas mojadas. Tras ver a decenas de caras bonitas tirarse agua por encima, la moda saltó del deporte y la farándula al mundo de la política, con el omnipresente Obama, el ex Bush o el italiano Renzi. La penúltima que se ha sumado a la campaña ha sido la alcaldesa de Alicante, Sonia Castedo, que ha arrancado este septiembre subiendo un vídeo a su cuenta en la red social Facebook. En la grabación explica los motivos que le han llevado a colaborar con la ELA [enseña un resguardo de su donación de 100 euros] y asegura que esta enfermedad debería despertar la solidaridad de todos los alicantinos. Y va más allá, al afirmar que "todas las administraciones" deben "concienciarse en la necesidad de apostar por la investigación científica y las medidas paliativas con los enfermos".


Captura del vídeo de Sonia Castedo
 
Estaría bien que Castedo, aprovechando las facilidades que brindan los smartphones, hiciera llegar su vídeo a su amiga Asunción Sánchez Zaplana, consellera de Bienestar Social. 

A raíz de esta campaña viral, protagonista este verano, publiqué hace unos días un reportaje sobre la realidad de la ELA, sin frivolizar con cubos, aguas ni hielos. Para elaborarlo, la Asociación Valenciana de la Esclerosis Lateral Amiotrófica me puso en contacto con dos personas afectadas, ambas alicantinas. Una reside en Elche, otra en Agost. Celia, esta última, lleva tres años sufriendo una enfermedad sin cura, degenerativa y muy dura. En la conversación me llegó a emocionar... y a cabrear. La emoción llegó con las dificultades del día a día y con su futuro, nada esperanzador. El cabreo vino con la negligente actitud de la Conselleria de Bienestar Social. Sí, esa misma que dirige Sánchez Zaplana. Celia lleva meses y meses esperando que la Generalitat le conceda la prestación por la dependencia que le corresponde por ley. Y es que el dinero es un asunto fundamental para sobrellevar la enfermedad con cierta dignidad. Celia tuvo que sacar del banco su plan de pensiones (visto que en vida ya no iba a disfrutarlo como ella tenía previsto) para adaptar su casa y posteriormente se vio obligada a malvender una parcela que le había dejado su padre en herencia para poder pagar a la mujer que le ayuda a diario. Cuando se acabe ese dinero, Celia ya no sabe cómo se costeará la persona que le permite levantarse, ducharse, comer, beber, pasear por el pueblo... Como explica Celia, Bienestar Social no tiene ninguna prisa. Al revés, da la impresión de todo lo contrario, alargando los trámites para la dependencia hasta unos cuatro años de media. Ella, en cambio, como otros dependientes, no puede esperar más. 

Celia Vicedo, enferma de ELA y sin ayuda de la Ley de la Dependencia
 
A ver si el mensaje de la alcaldesa Castedo, por eso de proceder de una amiga, tiene más efecto en Sánchez Zaplana que las continuas protestas de los dependientes, abandonados a su suerte por la Generalitat Valenciana. Gritos en el vacío de Celia y de miles de personas más.