21 de octubre de 2014

El Hospital de Sant Joan, el hermano pobre

La Conselleria de Sanidad ya ha dado el paso que desde hace tiempo tanto deseaba. Desde ayer, Alicante ya tampoco es referencia frente avirus del Ébola. En la práctica, nunca llegó a serlo, aunque las fuentes oficiales nos vendieran lo contrario, más bien era considerado el hermano pobre, un grano molesto que convenía extirpar. Y basta con pararse un segundo ante los argumentos expuestos ayer mismo por el conseller de Sanidad para intentar justificarseContaba ayer Llombart, imagino que con su habitual gesto impasible, que la decisión responde «a la necesidad que establece el protocolo de que los profesionales que atienden al paciente sean supervisados por otro profesional en el momento de la puesta y retirada del equipo de protección individual, ya que esta medida requiere espacios más amplios y un mayor número de profesionales». Y es que claro, Sant Joan, por eso de ser el humilde de una familia encabezada por el todopoderoso hospital de La Fe, no puede disponer ni de espaciosamplios ni de profesionales suficientesNo puede, dicen. Nles dejan desde Valenciamás bienY como segunda excusa (perdón, argumento), explicaba Llombart ayer que sólo dos comunidades autónomas cuentan ahora con más de un hospital de referencia en su territorio. En este punto, conviene recordarle al conseller que con su decisión Alicante se convierte en la provincia con mayor población que no dispone de ningún centro de referencia frente al ébola. Ocurre que, en ocasiones, a las generalizaciones cabe añadirle cierta lógica, querido Llombart. Pero para qué, ¿verdad? Hablamos de Alicante, donde los agravios ya no se cuentan, se asumen.

Ese concepto de «hermano pobre» no forma parte de una opinión, no crean, sino de una conclusión amasada en las últimas semanas. Aquí, en el hospital de Sant Joan, todo ha estado prohibido, incluso después de que el Ministerio de Sanidad decidiese mejorar (y mucho) su estricta política de comunicación inicial. Mientras los valencianos y castellonenses -a quienes correspondía La Fe como centro de referencia- conocían de primera mano el protocolo que se llevaría a cabo ante la llegada de un paciente sospechoso de ébola, los alicantinos vagaban por un infranqueable mutismo oficial, ya que en Sant Joan nunca se realizó un simulacro con cámaras de por medio, aquí todo eso sonaba más bien ciencia ficción. Digo simulacros, pero podíamos hablar de recorrer las instalaciones destinadas a un infectado de ébola o simplemente de conversar con grabadora de por medio con expertos autorizados del hospital. Y es que las entrevistas con los profesionales de Sant Joan tampoco han recibido nunca el visto bueno por parte de conselleria, aunque en privado los médicos admitían con frustración que estaban dispuestos a dar todas las explicaciones necesarias a la sociedad alicantinaAquí, y sólo aquí, Sanidad ha actuado con auténtica mano de hierro. Su inflexible ley del silencio se ha mantenido de principio a fin en casa del «hermano pobre»Cosa de familias, cuestión de agravios.

PD: Y me pregunto, ¿qué hará el Hospital de Sant Joan con los mil equipos de protección individual que compraron durante su etapa como referencia provincial frente al ébola? Se aceptan propuestas.

2 de octubre de 2014

Fabra, más cobarde que presidente

A pocas horas de la inauguración oficial de la Volvo Ocean Race, nos hemos despertado con la noticia de que el presidente de la Generalitat Valenciana (supuesto representante de todos los residentes en la Comunidad) no estará presente esta tarde en el pistoletazo oficial de un evento de trascendencia mundial. De nuevo, el presidente Alberto Fabra antepone sus intereses personales a sus obligaciones profesionales. El molt honorable ha optado por dar la espalda a la ciudad de Alicante, algo que no nos coge por sorpresa a los "valencianos del sur". Y todo, por cobardía, por ser un Rajoy más: dejar que los problemas se resuelvan por si solos con el paso inexorable del tiempo, y en la medida de lo posible acaben por pudrirse. Si Fabra fuera un tipo valiente (hablemos de imposibles), habría echado ya a la alcaldesa Sonia Castedo de las filas del PP, evitándose ausencias injustificadas con tal de ahorrarse una foto. ¡Una maldita foto! Y no la habría apartado ayer ni hoy (por el espectáculo del último pleno o la salida de la Volvo), sino hace meses, justo esa fecha en la que él mismo decidió que la regidora popular doblemente imputada por sendos casos de corrupción no repetiría como cabeza de lista por Alicante. Habría sido una decisión valiente y personal, aunque teñida con sus arbitrarias y caprichosas líneas rojas. Pero no, Fabra nunca tuvo la valentía de tomar la iniciativa en un asunto de extremada repercusión política. Así, aquellos polvos (su cobardía innata) nos traen ahora estos lodos (escondida de cabeza cual avestruz común). No se puede tolerar, porque va en el sueldo y en el cargo, que el presidente de la Generalitat no esté presente hoy en la inauguración del único evento que este año pondrá a Alicante en el mapa del mundo. Es una auténtica falta de respeto hacia los alicantinos, se sientan más o menos representados por el señor Fabra. Aunque éstos, a buen seguro, no le echarán de menos. Los cobardes, cuanto más lejos, mucho mejor.

24 de septiembre de 2014

Silencios cómplices, locuacidad impertinente

Dicen algunos que PP y PSOE son lo mismo. Pero no. No lo son. Basta con ver "el día después" de que se conociera el informe de la UDEF sobre el plan Rabasa, con la nueva imputación de la alcaldesa popular Sonia Castedo y la vinculación de los socialistas Blas Bernal y Ángel Franco en el controvertido macroplan urbanístico. Mientras unos guardaban un sospechoso silencio, los otros se despellejaban fraticidamente sin rubor alguno. Decía que no son lo mismo, o al menos se ve que no exhiben la misma actitud ante hechos, digamos, con ciertas similitudes desde una perspectiva política. Y ya, ya sé que no es lo mismo una imputación que una vinculación. Faltaría... Por eso, Por eso, sorprenden más todavía las peleas cainitas.

Desde que se hiciera publica la última imputación de Castedo, mucho ha cambiado en el grupo municipal del Partido Popular en Alicante. Y sobre todo en la propia Castedo, que ha optado por vivir los últimos días de puertas hacia dentro, con un recogimiento propio de las monjas de clausura, con la cabeza bajo tierra. Su agenda política se vio reducida la pasada semana a mínimos, manteniendo apenas un puñado de actos de entidad menor, sin que en ningún caso mediase convocatoria previa a los medios de comunicación. Y además sus palabras se cotizan, más si cabe, a precio de oro. Nada se le escuchó decir hasta el sábado, salvo un lacónico "estoy muy bien, pero no voy a decir nada", que se le consiguió arrancar en el único acto público en el que participó esa semana. Entonces, aunque tampoco hubo convocatoria a los medios, se le pudo retratar durante la celebración del Día de Melilla, acto en el que fue recibida por un espontáneo aplauso por parte del medio centenar de personas reunidas. No parecía preocupada, intentaba sonreír, pero imagino que la realidad es bien distinta. Desde ese día, poco más. Que no, que de Rabasa no habla. Que sólo se pronuncia sobre "aquello que interesa a los ciudadanos" (sic).

Y mientras Castedo elige la penumbra, su grupo municipal continúa sumido en el  mutismo. Siguiendo al pie de la letra la estrategia de la alcaldesa, el resto de concejales tampoco han dicho "esta boca es mía" en los últimos días, rechazando cualquier oportunidad para valorar la situación judicial y política de la todavía líder popular en Alicante. No lo han dicho con un micrófono de por medio, matizo. Tras bambalinas la situación es otra, pero no es el tema. Y tampoco se han dejado ver en las redes sociales, que se han convertido en un instrumento imprescindible para tomar el pulso a la actividad política. Los pocos que han mantenido activa su cuenta estos días han ignorado por completo el tema por excelencia de la semana, centrándose en cuestiones propias de sus concejalías o ni eso; como si nada hubiera pasado. Ni un comentario ni siquiera un palmadita en la espalda. Nada. Mutis absoluto. 

En cambio, eso de que las redes sociales son ya un elemento magnífico para ver cómo respira el sector político en la ciudad se lo han tomado muy en serio en la acera socialista. Aunque en este caso por la habitual incontinencia verbal. De hecho, llevan una semana sin cerrar el pico. Tanto que le han faltado horas al día para seguir todas las disputas, indirectas, directísimas, acusaciones y menosprecios e incluso insultos de bajo nivel que se han dedicado cargos, expolíticos y militantes a través de las principales redes sociales. De todo menos compadreo y camaradería. Cada segundo, una nueva sorpresa. Y es que, para prender la mecha, bastaba un extracto del informe de la UDEF que vinculase a Menganito con Ortiz, unas declaraciones de Zutanito sobre Menganito o una opinión de Fulanito hablando de Zutanito. Cualquier excusa ha valido y sigue valiendo para hacer sangre entre aquellos que se refugian bajo unas siglas históricas. Que no es cualquier cosa. Y tras años diciéndose en Alicante que los socialistas ganan asambleas para perder elecciones, el panorama no parece mejorar. Veremos cuándo dan la vuelta a esa tortilla, dejando atrás unas guerras intestinas históricas para unir esfuerzos en el trabajo y la dedicación por la ciudad.

Así, con el silencio cómplice de unos y la locuacidad impertinente de otros, parece complicado despejar los nubarrones que se ciernen desde hace demasiadas lunas sobre Alicante. Llevamos tantos meses esperando una buena tormenta sobre Alicante que resulta desmotivante ver de nuevo los rayos y truenos cayendo sobre el Ayuntamiento y los tentáculos políticos que de allí surgen. Y es que en contadas ocasiones silencios y palabras han trasladado un mensaje tan similar. 

1 de septiembre de 2014

Agua helada para Sánchez Zaplana

La popular campaña del cubo de agua helada (#IceBucketChallenge en Twitter) continúa con paso firme su camino hacia algún lugar. No parece, dicen, que se esté recaudando demasiado dinero para la investigación de la Esclerosis Lateral Amiotrófica (ELA), pero a cambio los famosos están teniendo una oportunidad para lucir sus cuerpos y camisetas mojadas. Tras ver a decenas de caras bonitas tirarse agua por encima, la moda saltó del deporte y la farándula al mundo de la política, con el omnipresente Obama, el ex Bush o el italiano Renzi. La penúltima que se ha sumado a la campaña ha sido la alcaldesa de Alicante, Sonia Castedo, que ha arrancado este septiembre subiendo un vídeo a su cuenta en la red social Facebook. En la grabación explica los motivos que le han llevado a colaborar con la ELA [enseña un resguardo de su donación de 100 euros] y asegura que esta enfermedad debería despertar la solidaridad de todos los alicantinos. Y va más allá, al afirmar que "todas las administraciones" deben "concienciarse en la necesidad de apostar por la investigación científica y las medidas paliativas con los enfermos".


Captura del vídeo de Sonia Castedo
 
Estaría bien que Castedo, aprovechando las facilidades que brindan los smartphones, hiciera llegar su vídeo a su amiga Asunción Sánchez Zaplana, consellera de Bienestar Social. 

A raíz de esta campaña viral, protagonista este verano, publiqué hace unos días un reportaje sobre la realidad de la ELA, sin frivolizar con cubos, aguas ni hielos. Para elaborarlo, la Asociación Valenciana de la Esclerosis Lateral Amiotrófica me puso en contacto con dos personas afectadas, ambas alicantinas. Una reside en Elche, otra en Agost. Celia, esta última, lleva tres años sufriendo una enfermedad sin cura, degenerativa y muy dura. En la conversación me llegó a emocionar... y a cabrear. La emoción llegó con las dificultades del día a día y con su futuro, nada esperanzador. El cabreo vino con la negligente actitud de la Conselleria de Bienestar Social. Sí, esa misma que dirige Sánchez Zaplana. Celia lleva meses y meses esperando que la Generalitat le conceda la prestación por la dependencia que le corresponde por ley. Y es que el dinero es un asunto fundamental para sobrellevar la enfermedad con cierta dignidad. Celia tuvo que sacar del banco su plan de pensiones (visto que en vida ya no iba a disfrutarlo como ella tenía previsto) para adaptar su casa y posteriormente se vio obligada a malvender una parcela que le había dejado su padre en herencia para poder pagar a la mujer que le ayuda a diario. Cuando se acabe ese dinero, Celia ya no sabe cómo se costeará la persona que le permite levantarse, ducharse, comer, beber, pasear por el pueblo... Como explica Celia, Bienestar Social no tiene ninguna prisa. Al revés, da la impresión de todo lo contrario, alargando los trámites para la dependencia hasta unos cuatro años de media. Ella, en cambio, como otros dependientes, no puede esperar más. 

Celia Vicedo, enferma de ELA y sin ayuda de la Ley de la Dependencia
 
A ver si el mensaje de la alcaldesa Castedo, por eso de proceder de una amiga, tiene más efecto en Sánchez Zaplana que las continuas protestas de los dependientes, abandonados a su suerte por la Generalitat Valenciana. Gritos en el vacío de Celia y de miles de personas más. 

5 de agosto de 2014

Un "pico" con mensajes


Vamos a especular. Aprovechando que es verano y la tensión informativa disminuye, la alcaldesa de Alicante ha concedido recientemente una desenfadada entrevista a una revista de temática homosexual, "nosgustas.com". Una publicación conocida por haber "provocado" besos controvertidos, como el que hace unos meses se daban las diputadas autonómicas de Compromís Mónica Oltra y Mireia Mollà. En esta ocasión, la protagonista del "atrevido" beso era la regidora popular Sonia Castedo y su entrevistadora, un popular transformista madrileño.
 
Pero más allá de la anécdota del beso, que no pasa de ahí, la entrevista generó algún que otro titular controvertido, aunque ninguno especialmente impactante. Que si su hija (mayor) le pregunta qué significa ser corrupto, que si su madre le cuenta que parece que ha parido a la hija más corrupta de España, que si algún partido está permitiendo que juicios paralelos se mantengan en el tiempo... Y bueno, que si no sabe si se volverá a presentar a la reelección como alcaldesa de Alicante. 

Total, lo dicho. Los titulares "más políticos" apenas aportaban ninguna novedad. Sin embargo, dos asuntos alejados de los temas más candentes la ciudad pueden dar algunas pistas sobre un futuro ya casi inmediato, acerca de qué pasará de aquí a unos meses de cara a las próximas elecciones municipales de mayo de 2015.
 
Preguntada por el matrimonio homosexual, Castedo se mostró a favor (como ya ha hecho en varias ocasiones). Sin embargo, esta vez, fue algo más allá, mandando un recado a sus compañeros del PP, en forma de invitación. "Vamos a romper barreras que no nos pertenecen, que son heredadas, no tengamos ningún tipo de complejos", pidió la alcaldesa alicantina a los dirigentes de su partido, muy poco dados a respaldar derechos de los homosexuales como el matrimonio.

Pero si en el asunto de las uniones homosexuales lo más sorprendente fue el mensaje de Castedo a sus compañeros de formación (ya que su apoyo al colectivo es más que público), la regidora popular se atrevió con un tema más polémico si cabe y, sobre todo, de mucha más actualidad informativa: el aborto.

Hasta la fecha, Castedo siempre se había movido entre dos aguas. Que si sí, pero que no. Que ahora no, porque estoy embarazada, ya cuando sea madre hablamos... Sin embargo, en esta ocasión, tras dudar en un primer momento, fue sorprendentemente rotunda, con una afirmación que firmaría cualquier defensor a ultranza de la interrupción del embarazo: "Cada ser humano es dueño de su vida y de su cuerpo. Yo no mando en ti [en relación al legislador], pero no voy a permitir que tú mandes en mí", concluyó la líder de los populares en Alicante, en un desafío más que evidente hacia la dirección del partido, que lidera una modificación polémica y más que restrictiva de la ley del aborto.

Así, oída la entrevista, me surgen algunas dudas. ¿Por qué ahora, después de levantarse en los últimos meses de dos plenos municipales en los que se debatía sobre el aborto, Castedo ha decidido mostrar públicamente su apoyo al aborto y, en consecuencia, su rechazo a los cambios que pretende introducir su partido en la legislación? ¿Por qué ahora, cuando su futuro en el PP está en entredicho por su triple imputación en el caso Brugal, Castedo desafía a los líderes de su partido, saliéndose del libro de estilo del PP que tan fielmente siguen el resto de representantes políticos populares? Y no contemplo la casualidad como explicación. Aunque parezca lo contrario, me da que todo está más que medido.

Da la impresión de que Castedo se encuentra, en la actualidad, jugando a dos bandas: un día dice que "no creará un partido político" y al siguiente manda mensajes envenenados a las siglas que la cobijan. Y es que esa (a priori) categórica sentencia que hace unos días hizo la alcaldesa, negando en rotundo que vaya a liderar otra formación de cara a las próximas municipales ante la negativa de Alberto Fabra de dar vía libre a listas con imputados, puede quedarse en nada si el molt honorable president sigue cerrado en banda y se niega a que Castedo encabece la lista popular para el Ayuntamiento de Alicante. Ya saben que las palabras son siempre matizables y nadie se olvida del recurso eufemístico de "lo dije en un momento con unas circunstancias distintas a las actuales", que deja en un "donde dije digo ahora digo Diego" cualquier frase que se escuche durante las próximas semanas en Alicante.

Y es que no negarán que, en el caso de querer aplacar tensiones en el seno del partido, no parece la mejor idea desmarcarse con una defensa impecable del aborto y un mensaje "innecesario" en lo político hacia los dirigentes del PP. No sé si alguien, a excepción de los protagonistas, sabrá a ciencia cierta a estas alturas de la película qué nos deparará el futuro. Lo que nadie pondrá en duda es que no nos vamos a aburrir. Eso seguro. Y voy más allá. No sé por qué, pero me da en la trufa que habrá que esperar hasta última hora del último día, allá por mediados de abril de 2015, para saber definitivamente qué listas aspiran a gobernar Alicante, con Sonia Castedo incluida. Tiempo al tiempo.
 
 

14 de julio de 2014

El derecho a no olvidar: un paseo de la mano de enfermos de Alzheimer


La Asociación de Familiares y Amigos de Enfermos de Alzheimer de Alicante ofrece servicios, como atención domiciliaria, centro de día y residencia, para que los pacientes y también su entorno mejoren la convivencia con la enfermedad


«Sé que a partir de ahora mi vida va a cambiar». Con estas palabras se dirigió Jorge a su mujer cuando se dio cuenta de que los despistes que últimamente le hacían perder la cartera y  dejarse las llaves en cualquier sitio no eran simples descuidos. Pero si admitir que padecía una enfermedad fue duro, peor resultó escuchar de boca de su neuróloga el diagnóstico médico. «Jorge no quiso escuchar la palabra Alzheimer, así que la médica se lo explicó a su manera, sin ninguna delicadeza. Le dijo: ‘A partir de ahora, usted se va a olvidar de todo, se hará encima sus necesidades... Y que sepa que no va a morir de esta enfermedad, sino que morirá con ella», relata Inés, la mujer de Jorge, que con 70 años lleva cinco años intentando luchar contra una enfermedad que acaba por coartar el derecho al recuerdo. Jorge, que hace un lustro era una persona activa y con mil planes por delante, ahora ya no reconoce a su mujer, ni tampoco a sus hijos y nietos, que sin embargo todos los domingos son fieles a la cita de visitar al abuelo en la residencia en la que vive hace diez meses. «Él ahora no es consciente de nada.


Cuando nos ve, no nos reconoce, no identifica nuestra imagen, pero creo que aún guarda algún recuerdo sobre nuestra voz. Hubo un tiempo que repetía mi nombre, pero cuando me veía ya no sabía que era yo», explica Inés con la voz quebrada, consciente de que los planes de vida que habían hecho desde hace medio siglo no se podrán cumplir. Jorge vive desde octubre en la residencia de la Asociación de Familiares y Amigos deEnfermos de Alzheimer de Alicante, aunque antes estuvo dos años en el centro de día. «Cuando él se encontraba bien, no quería aparecer por estas instalaciones. Él nunca ha aceptado del todo la enfermedad». En el centro, convive con una treintena de personas, todas con un grado avanzado de la enfermedad. «Ésta es su casa. Los que están mejor pasan parte de la jornada en el centro de día –ubicado en la planta baja de la residencia–, haciendo las actividades que se planifican. Los que están peor cuentan con fisioterapeutas, psicólogos, terapeutas ocupacionales, médicos y enfermeros, trabajadores sociales y otros profesionales a su disposición. En total, el edificio cuenta con 44 empleados, que trabajan en el centro de día, en la residencia y en el programa de atención domiciliaria», explica Mª Luz Rodríguez, presidenta de una asociación que nació en 1992.


¡Cómo cambia la vida!
Por entonces, cuando Barcelona celebraba sus Juegos Olímpicos, Jorge ni se imaginaba que algún día necesitaría la ayuda de esta organización sin ánimo de lucro. Y es que en la década de los noventa, Jorge ejercía un cargo de responsabilidad en una entidad financiera. Ahora, sin embargo, su vida transcurre sin recuerdos. «Me di cuenta de que algo pasaba cuando dejó de ser el hombre metódico que conocí con 16 años. Él intentaba disimular, de hecho fue al médico con una chuleta en la que escribió respuestas a preguntas que pensaba que le harían, como nombres de familiares.


En mi caso, me di cuenta de que había un problema cuando Jorge se vio incapaz de escribir una simple fecha», continúa su mujer. Y si el hecho clarificador para Inés fue una fecha mal escrita por su marido, Elisa se dio cuenta de que algo sucedía cuando su madre empezó a comprar a diario un kilo de filetes y cuatro kilos de fruta. «Un día me di cuenta de que no podía estar sola en un piso y que necesitaba ayuda profesional», explica Elisa Gómez, hija de Benita, de 92 años. Su madre, que vive ahora con ella, acude cada mañana al centro de día de la Asociación de Alzheimer, ubicado en Míriam Blasco y que tiene a usuarios desde jóvenes de 40 años hasta ancianos nonagenarios. «Para ella, es una fiesta, viene muy contenta porque se pasa todo el tiempo haciendo actividades. Este centro resulta beneficioso para ella, porque si estuviera todo el día en casa no haría terapias y se lo pasaría viendo la televisión. Además, para los familiares supone un respiro, porque podemos seguir con nuestra vida», afirma Elisa, que se acaba de jubilar. Desconocimiento actual Al respecto, la presidenta de la asociación, Mª Luz Rodríguez, asegura que el centro de día «da vida a los familiares». «Las personas están aquí activas, haciendo actividades, y sus seres queridos los recogen por la tarde, con mucha energía para ocuparse de ellos el resto del día. Sin embargo, aún existe cierta gente que ve mal que lleves a tu familiar a un centro de día... y aún peor que lo acabes ingresando», argumenta Mª Luz, que sabe de lo que habla, ya que su madre –fallecida hace unos meses– estuvo 17 años luchando contra el Alzheimer. «Hay personas que critican a los que fomentamos los centros de día y las residencias, pero creo que lo hacen por desconocimiento, porque no saben realmente lo beneficioso que son para los enfermos y sus familiares. Algunos piensan que basta con tenerlos en casa y darle cariño. Y no, es una enfermedad que si se trabaja se logran ralentizar todos sus efectos negativos.


También es cierto que casos públicos, como Suárez o Maragall, nos dan visibilidad», subraya. Los afectados que acuden al centro de día –abierto de lunes a viernes– trabajan a conciencia para retrasar todo lo posible las consecuencias irremediables del Alzheimer. «Hacen gimnasia con un fisioterapeuta, trabajos cognitivos con una psicóloga y se fomenta la sociabilización. Intentamos mantener el máximo tiempo posible las capacidades que acabarán perdiendo», afirma Reme Pérez, la trabajadora social del centro. Los que se quedan hasta después de comer –un menú que sale de las manos de la encargada de la cocina, María Flores–, por la tarde realizan talleres «de menor esfuerzo tras echar la siesta». Pero el centro no sólo trabaja con los enfermos, sino también con los familiares, «las víctimas silenciosas de una enfermedad dura y que se puede hacer muy larga», añade la presidenta de la asociación. «Hacemos encuentros mensuales, para hablar de los problemas que surgen, intercambiarnos consejos y aprender a hacer algunas terapias en casa, sobre todo para que el fin de semana no se haga muy largo a los enfermos», continúa la trabajadora social. María Consuelo, a sus 80 años, ya apenas es consciente de su día a día, pero no hace mucho tiempo presumía de ir «al cole», en referencia al centro de día al que acude desde hace cinco años. «Ella empezó con olvidos diarios, como hacerme la comida cuando ya le había dicho que ese día no iba a ir... Ahora ya necesita ayuda para todo, incluso para comer. Pero existen problemas añadidos a la enfermedad», sostiene su hija, Cristina Carbonell, quien no duda en denunciar algunas prácticas médicas. «Hace años, a mí madre la condenaron a una silla de ruedas de por vida al no querer operarle de la cadera. ¡Y todo porque alegaban que tenía Alzheimer!», relata la hija de María Consuelo.


La asociación sigue adelante con las cuotas que pagan los familiares de los enfermos –que van desde los 800 euros del centro de día a los 1.900 euros de la residencia– y las subvenciones que reciben, «aunque las institucionales se han resentido por la crisis». Por ello, piden ayuda a todos, también a los particulares. «Nos gustaría contar con más socios, personas que no tienen ningún vínculo con la enfermedad pero que quieren ayudarnos», explica la presidenta. Tienen una cuota de 100 euros al año, «pero aceptamos cualquier tipo de colaboración», resaltan casi al unísono los familiares. Y es que, como recuerdan: «Hoy luchamos por ellos, pero mañana puede ser por ti».

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** No tengo por costumbre reproducir por estos lares los temas que publicó en el periódico Información. Pero éste, que salió el pasado domingo (13/7/2014), creo que merece ser una excepción. Más que un asunto de trabajo, fue un auténtico regalo poder pasar unas horas con enfermos de Alzheimer y también con las personas que trabajan y luchan por ellos a diario.