17 de septiembre de 2013

El Lucentum, culpables y damnificados

Podemos pintar la página de azul, ponerle un marco negro o echarle unas gotas del perfume más exquisito. Podemos conformarnos con un debate estéril sobre la forma o quedarnos con el ingrato fondo, el verdadero drama del asunto. Podemos discutir la anécdota o criticar con firmeza la nefasta gestión realizada por el Ayuntamiento en el Lucentum. Sí, una gestión, vamos al meollo, que anualmente costará en torno al medio millón de euros a todos los alicantinos. Ahí es nada. Una partida presupuestaria que suena a bochorno cuando las arcas municipales se desangran día a día, sin ningún atisbo de mejora en un corto-medio (incluso largo) plazo. Que suena a broma de mal gusto cuando instalaciones (incluso deportivas) permanecen cerradas en la ciudad por falta de fondos…

Última recepción oficial en el Ayuntamiento. Este junio, tras el frustrado ascenso a ACB.

En estos tiempos, con un gobierno local obligado a pedir créditos mes sí y mes también para hacer frente a los pagos más corrientes, 500.000 euros de todos los alicantinos irán casi íntegramente a rebajar la millonaria deuda que arrastra el club con todo ser viviente, con Hacienda y la Seguridad Social al frente. Una deuda que no ha llegado de la mano de extraterrestres, sino que la han generado unos individuos temporada tras temporada... Y todo por la ya conocida (aunque poco denunciada) incapacidad del Ayuntamiento para llevar por la senda correcta a un club que le pertenece, por aquello de ser el máximo accionista de la entidad. Porque el Lucentum es suyo. Para lo bueno, las fotos, y lo malo, las deudas. Con una salvedad: las fotos se las hacen algunos y las deudas las pagamos todos.

Hoy, desde primera hora de la mañana, las redes sociales han hecho un hueco al Lucentum. Y de nuevo, el asunto a tratar nada ha tenido que ver con la competición sobre el parqué. Este año, por desgracia para la ciudad, el equipo milita en una categoría menor, amateur, aficionada o como queramos llamarla. Y con este escenario, algunos discuten el envoltorio de la noticia (más amable con los de ahora o menos condescendiente con los políticos de siempre). Legítimas ambas miradas, en serio. Pero servidora prefiere quedarse con la realidad, que es una y difícilmente rebatible.

El Ayuntamiento, un año más, destinará medio millón de su convulso presupuesto al Lucentum, a su club, al club más importante de baloncesto de la provincia, pero que disputa una categoría perdida entre tantos calendarios. Pero esta vez, en contra de lo hecho durante los últimos años, el Lucentum no viajará por España... Ni de lejos. Este curso, los jugadores –que de profesionales en lo económico no tienen nada, aunque sí pueden presumir de alicantinos– visitarán canchas muy cercanas, como Guardamar, Novelda, La Vila o San Vicente. Otras temporadas, la inversión municipal se escudaba en la cacareada promoción turística de la ciudad, en la importancia de que Alicante recorriera parte de la geografía nacional de la mano del deporte más nuestro. Este año, en cambio, el montante económico irá prácticamente a manos de Hacienda y la Seguridad Social. Sin promoción. Sin ningún rédito. Como si tiramos medio millón de euros a la basura, vamos.

De nuevo, y ya van tropecientas ocasiones, la mala gestión municipal supone otro golpe bajo a los alicantinos, que tendrán que cargar con un gasto ocasionado por un grupo de personas, con sus nombres y apellidos. Algunos, varios, cargos políticos. Y todos, sin excepción, parte del Lucentum con el beneplácito del Ayuntamiento. Parece que ya no basta con la correspondiente subida de los impuestos de turno o la reducción continua de los servicios públicos en la ciudad, sino que los alicantinos también tienen que apechugar (again) con los desmanes de unos pocos. Y todo para que ellos, negligentes en su cometido, no paguen con su patrimonio personal. De juzgado de guardia, créanme. Aunque la Justicia, tampoco en este caso, defienda en mucho a los ciudadanos. A las pruebas... 


Ya lo decía. Podemos pintarlo de azul, ponerle un marco negro o echarle unas gotas del mejor perfume. Pero sólo existe una realidad: unos culpables, que saldrán de rositas, y unos damnificados, que pagarán (económicamente) por ellos. Como siempre. Visto así, no sé dónde está la novedad.

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