Llego de la manifestación que ha recorrido esta tarde las principales avenidas de Alicante con muchas preguntas, pocas respuestas y varias imágenes que conservo en la retina. No todas las he conseguido inmortalizar con el Iphone, pero aquí dejo cinco... Estas instantáneas resumen, bajo mi criterio, parte de lo visto entre las miles de personas que han dado vida a la protesta ciudadana y pacífica del 14-N. Se recuerda el pasado, se mira con excesivo recelo al futuro, se recurre a la esperanza, se señala a los culpables y se proponen alternativas...
14 de noviembre de 2012
6 de noviembre de 2012
Un pessic d'emoció
España se ha convertido en el país europeo desde el que salen más personas al extranjero la búsqueda de un empleo. De tal forma que, si a mediados de los noventa éramos uno de los países que mayor número de inmigrantes acogía, pocos años después estamos asistiendo al proceso inverso. Decenas de miles de españoles, en su mayor parte jóvenes, salen a buscar el trabajo que aquí les niegan. Sólo desde el 1 de enero de 2011, son ya más de 927.000 los ciudadanos que han emigrado y, aunque en su mayor parte corresponden a extranjeros que retornan a casa, también hay más de 120.000 españoles. Y, entre ellos, unos 2.500 alicantinos.
España se empobrece, y lo que es peor: perdemos capital humano, económico y demográfico muy valioso, personificado en esos miles de jóvenes que encuentran empleo en Alemania, Francia, Reino Unido, Noruega, Canadá o Argentina. Pero todo ello se está haciendo sin que nuestros dirigentes políticos muevan un dedo, o muestren el menor signo de preocupación o contrariedad. Todo lo contrario de lo que viven estos emigrantes españoles contemporáneos que, tras años de sacrificios y esfuerzos, solo les queda abandonar sus parejas, familias y amigos con un enorme coste personal y emocional.
Desde el mes de julio, el diario INFORMACIÓN recoge los lunes una magnífica crónica de este desgarro humano, bajo el título “Los nuevos emigrantes alicantinos”. En estos reportajes, la periodista Carolina Pascual está poniendo rostro a muchos de estos jóvenes emigrantes, recogiendo el testimonio de su lucha, de su esfuerzo, sufrimientos y la rabia con la que han tenido que abandonar Alicante para encontrar en otros países trabajos, empleos, sueldos y condiciones laborales que aquí parecen ciencia ficción gracias a las políticas negligentes que deterioran, precarizan y dañan nuestro presente, y lo que es peor, limitan seriamente nuestro futuro. Todo un termómetro de la pérdida de horizontes políticos de los que nos gobiernan.
Estas palabras, escritas con una sensibilidad por la que muchos pagaríamos, de la que no se vende al mejor postor ni se consigue tras años y años de hincar codos en la biblioteca de la universidad de turno, han dado forma hoy a la columna de opinión que sirve de cierre a cada edición de Hoy por Hoy Alicante. Estas palabras, decía, sólo pueden salir de una pluma. Gracias Carlos por tu mención, tan desmedida como agradecida por mi parte. Pero gracias, sobre todo, por darle voz, tu voz, a un proyecto que surgió con el objetivo de ponerle, como bien dices, cara a esos jóvenes que sienten el rechazo de su propio país. Me honra que alguien como tú, habituado a lidiar con esos dramas vinculados al desarraigo involuntario, valore esta iniciativa. Y no sólo la 'valore', sino algo más. Me consta.
La serie ya ha recogido los testimonios de casi sesenta jóvenes alicantinos. Aquí, los casos ya publicados...
Andrea (México): «Quiero regresar... Pero, ¡quiéns sabe!»
David y Mercedes (Austria): Nómadas de este siglo
Marina (México): «México da oportunidades a quien las busca y no es tan inseguro como se piensa»
Noé (Argentina): «Volver a España sería una locura»
Javier* y Vanesa (Estados Unidos): Entre moléculas en Manhattan
Alejandro (República Dominicana): «Acerté al irme de España»
Ricardo y Carlos (Finlandia e Italia): Hermanos en el éxodo
Marcos (Alemania): «Me ilusiona iniciar una nueva vida aquí»
Jose (Canadá): «Aquí siento que me necesitan»
Manoli (Inglaterra): «Venirme a Inglaterra es la mejor decisión que he tomado»
Candela y Óscar (Chile): Chile entreabre sus puertas
Fred (Inglaterra): «Las Hogueras no me las pierdo»
Nereida* (Bélgica): «Mi futuro no pasaba por España»
Silvia (Chile): «No me puedo quejar, en Chile se me valora como profesional»
María José (Austria): «Yo quiero trabajar, lo menos importante es donde sea»
Davinia y Encarni (Irlanda y México): Lazos tocados por la crisis
David y Rosa (Suiza): Carrera de fondo
Toni (México): «No dejo de buscar, mi ilusión es volver a casa»
Carlos (Chile): «Sufro con el Hércules a distancia»
Pau, Joan* y Jordi (Alemania): Unidos en la aventura
Francisco (Inglaterra): «Ya estoy listo para trabajar en mi sector»
Eloy (Inglaterra): «Me convertí en un chico para todo»
Maribel (Inglaterra): «Deseo volver a casa»
Pepe (Francia): «No aspiro a ser rico, pero sí a mejorar»
Tamara y Tatiana (& CIA) [Alicante, balance de seis meses]: Un futuro cada vez más lejano//Planes de empleo y nuevos sectores para que los jóvenes esquiven el desempleo
Pedro y Miriam (Inglaterra): Lecciones a distancia
Lourdes* (Inglaterra): «Sólo sé enseñar y en mi país no me dejan»
Oneida (Inglaterra): «Quiero hacer mi vida en España»
Mariano y Claudia (Alemania): Tú a Bonn y yo a Berlín
Julián (Gales): «Hasta que estalló la crisis, siempre trabajé»
Enrique (Sudáfrica): «Estoy aquí por valentía y suerte»
Joaquín (Alemania): «Sigo las noticias y el futuro no parece muy esperanzador»
Laura (Italia): «Donde haya trabajo, allí estaré yo»
Abel (Alemania): «Me dicen que soy un ´exiliado económico´»
Andrea (México): «Quiero regresar... Pero, ¡quiéns sabe!»
David y Mercedes (Austria): Nómadas de este siglo
Marina (México): «México da oportunidades a quien las busca y no es tan inseguro como se piensa»
Noé (Argentina): «Volver a España sería una locura»
Javier* y Vanesa (Estados Unidos): Entre moléculas en Manhattan
Alejandro (República Dominicana): «Acerté al irme de España»
Ricardo y Carlos (Finlandia e Italia): Hermanos en el éxodo
Marcos (Alemania): «Me ilusiona iniciar una nueva vida aquí»
Jose (Canadá): «Aquí siento que me necesitan»
Manoli (Inglaterra): «Venirme a Inglaterra es la mejor decisión que he tomado»
Candela y Óscar (Chile): Chile entreabre sus puertas
Fred (Inglaterra): «Las Hogueras no me las pierdo»
Nereida* (Bélgica): «Mi futuro no pasaba por España»
Silvia (Chile): «No me puedo quejar, en Chile se me valora como profesional»
María José (Austria): «Yo quiero trabajar, lo menos importante es donde sea»
Davinia y Encarni (Irlanda y México): Lazos tocados por la crisis
David y Rosa (Suiza): Carrera de fondo
Toni (México): «No dejo de buscar, mi ilusión es volver a casa»
Carlos (Chile): «Sufro con el Hércules a distancia»
Pau, Joan* y Jordi (Alemania): Unidos en la aventura
Francisco (Inglaterra): «Ya estoy listo para trabajar en mi sector»
Eloy (Inglaterra): «Me convertí en un chico para todo»
Maribel (Inglaterra): «Deseo volver a casa»
Pepe (Francia): «No aspiro a ser rico, pero sí a mejorar»
Tamara y Tatiana (& CIA) [Alicante, balance de seis meses]: Un futuro cada vez más lejano//Planes de empleo y nuevos sectores para que los jóvenes esquiven el desempleo
Pedro y Miriam (Inglaterra): Lecciones a distancia
Lourdes* (Inglaterra): «Sólo sé enseñar y en mi país no me dejan»
Oneida (Inglaterra): «Quiero hacer mi vida en España»
Mariano y Claudia (Alemania): Tú a Bonn y yo a Berlín
Julián (Gales): «Hasta que estalló la crisis, siempre trabajé»
Enrique (Sudáfrica): «Estoy aquí por valentía y suerte»
Joaquín (Alemania): «Sigo las noticias y el futuro no parece muy esperanzador»
Laura (Italia): «Donde haya trabajo, allí estaré yo»
Abel (Alemania): «Me dicen que soy un ´exiliado económico´»
Francisco (Gales): «Aquí me siento respetado y valorado»
Bárbara* (Argentina): «España desprecia a sus jóvenes»
Alicia (Francia): «Quiero ahorrar dinero y cumplir mi sueño: abrir un restaurante en Alicante»
Nuria (Italia): «Tener una carrera no garantiza ya un futuro laboral en España»
Ariadna (México): «Los titulados españoles estamos bien considerados por esta zona»
Ana y Daniel (Inglaterra): Dos profesores en reinvención
Bárbara* (Argentina): «España desprecia a sus jóvenes»
Alicia (Francia): «Quiero ahorrar dinero y cumplir mi sueño: abrir un restaurante en Alicante»
Nuria (Italia): «Tener una carrera no garantiza ya un futuro laboral en España»
Ariadna (México): «Los titulados españoles estamos bien considerados por esta zona»
Ana y Daniel (Inglaterra): Dos profesores en reinvención
Ricardo (Inglaterra): «Un clic cambió mi vida»
Pablo (México): «Adoro España, pero no me veo volviendo a casa»
Marina (Francia): «Hay que ser valiente, la vida te hace aprender a la fuerza»
Álex (Francia): «Los médicos nos tratan de tú a tú, aquí todos somos iguales»
Júlia* (India): «Soy consciente de que me tengo que buscar la vida por el mundo»
Lorenzo (Estados Unidos): «Sueño con poder dirigir mi propio equipo de investigación en España»
Enrique (Isla Mauricio): «Mi futuro laboral está orientado por obligación hacia el exterior»
Mario (Inglaterra): «Nunca he tenido el arrebato de volver a casa, acerté al venirme»
Jesús (Japón): «No creo que mi futuro pase por España»
María José (Inglaterra): «Tengo mayor estabilidad laboral, creo que mi futuro pasa por quedarme aquí»
Carlos (Francia): «Quería volver a España en 2014, pero visto lo visto ya no tengo prisa»
Paloma (Inglaterra): «Si le pones ganas, todo sale bien»
Alexia (Holanda): «Cada día pienso en regresar a casa»
María* (Inglaterra): «Nada me motivaba en España»
Martín (Indonesia): Un vuelo de vida
Sabrina (China): La «seño» del lejano occidente
Laura (Francia): Un viaje al pluriempleo
Iván (Francia): De embajador en territorio vecino
Esther (Inglaterra): Una travesía por el Támesis
Natalia (Inglaterra): De El Altet a Gatwick sin escalas
Pepe (Alemania): Un ingeniero en territorio de Merkel
Rubén (Alemania): Fogones con sabor español
23 de octubre de 2012
Los ricos ya lloran (aunque no maman)
¿Qué será lo próximo? Navegando por un diario digital, me topo con una de las últimas cosas que me faltaba por ver. Bueno, penúltimas, que en estos tiempos tan sólo hace falta abrir los ojos para recorrer España de sorpresa en sorpresa, cual ardilla saltando de propiedad en propiedad del Ducado de Alba. Veo con cierta incredulidad cómo el Colegio de Farmaceúticos (que representa a uno de esos colectivos fuertemente golpeados por la crisis) ha recurrido a un espacio publicitario (a los conocidos banners) para explicar (again) a la ciudadanía los problemas por los que atraviesan las farmacias de la provincia debido a los reiterados impagos de la Generalitat.
«Atención. Su salud está en peligro» es el primer mensaje que le llega al lector, seguido por una explicación al problema: «La provincia de Alicante se está quedando sin medicamentos. La Administración no paga desde el 16 de abril hasta la fecha». Y para concluir, un recordatorio, por eso de refrescar memorias: «Si los alicantinos han podido tomar sus medicamentos estos seis meses es porque los han pagado los farmaceúticos». Ahí es nada.
¿Quién le iba a decir a este colectivo, uno de los más privilegiados hasta que todo saltó por los aires, que iba a tener que recurrir a un espacio publicitario para seguir haciéndose escuchar (creo que no se pueden quejar de la cobertura mediática que se les dedica) en un supuesta enérgica protesta contra el Consell? ¡Cómo cambia todo en apenas un pestañeo...!
No parece que sean los farmacéuticos un colectivo especialmente mimados por la sociedad. No. Y eso que de ellos depende el suministro de medicamentos, algo con lo que no se debe juegar. Hasta la fecha, han amenazado con respuestas contundentes a los impagos del Consell, que se han quedado en bla bla... Lo más, algunas concentraciones en Valencia y una huelga que se abortó antes de comer. Vamos, nada. ¿Conciencia social o recelo a la respuesta ciudadana? No sé. Aseguraba hace escasos días el presidente del Colegio de Farmacéuticos de Alicante, Jaime Carbonell, que sus asociados se planteaban tomar medidas más rotundas. Imagino que no se referiría a banners en los digitales. Digo yo. Y en estas, el conseller de Sanidad, Luis Rosado, acaba de anunciar que en breve (él dice que esta semana) se abonará uno de los muchos meses que se le adeudan a las farmacias. Otro parche. Más silencio...
18 de octubre de 2012
El precio de la dignidad
Llego a casa (casi) directa de la manifestación en protesta por los recortes en Educación y me
topo con la salida de Enric González de El País. Así, de repente. Sin avisar... En ambos frentes percibo buenas y malas sensaciones, aunque no sé si a partes iguales. Veamos.
En Alicante, bastante menos de un millar de personas se habrán concentrado esta tarde en las
escalinatas del instituto Jorge Juan para iniciar una marcha por las calles de
la ciudad como gesto de rebeldía democrática por el gravísimo deterioro del sistema educativo en la
Comunidad Valenciana (y por extensión, en España). Una marcha por las calles de
siempre. Hoy, casi vacías. ¿Qué pasa con estas movilizaciones que no movilizan?
Son peligrosas, contraproducentes, ya que proyectan una imagen desvirtualizada
del sentir general. Pero claro, nadie –los agentes sociales, tampoco– puede
pretender que los ciudadanos, hastiados de todo y de todos, salgan día sí y día
también a la calle. Pueden estar hastiados, sí, pero todos, incluso los
ciudadanos más indignados, tienen derecho a vivir, como les dejan, cargando con
sus obligaciones diarias y disfrutando sus cada vez más escasos instantes de
desconexión. Y menos aún podemos esperar una respuesta masiva (en Alicante,
subrayo) si la concentración no está convocada por los sindicatos… Con lo que
ello genera. Aquí, echando la vista atrás, el 15M no arrastra; Toma la Plaza,
tampoco… Las manifestaciones multitudinarias –de carácter general o sectorial– siempre han contando
con el sustento de las organizaciones sindicales. Ésta no. Y se ha notado. Era lo
previsible. Aunque la imagen ha sido, de nada sirven las tiritas a estas
alturas, bastante lamentable. Con poco esfuerzo y bastante voluntad, se podía contar a los
asistentes, uno a uno. Y eso dice mucho. Demasiado.
Llego a casa,
decía, con cierto regusto agridulce y me encuentro con la salida de EnricGonzález de El País. Toma dos tazas, Tomás. Pero lo explico. No lo siento por
él. Él puede dar ese paso y tropecientos de ese calado. Igual que Maruja Torres pudo llamar “sardinita” o “cateto” al infame Cebrián. Tampoco lo siento por mí.
Ahora podré (podremos) leer al genial Enric en algún otro medio donde aún los
periodistas tengan la libertad necesaria (y cuasi extinguida) para escribir lo
que quieran, como les apetezca y cuando les precie. ¿Libertad? ¿Censura? Basta con recordar aquella
columna (hoy más de actualidad que nunca) que El País censuró al periodista catalán. Entonces, Enric
quiso cerrar su columna con una frase lapidaria, dirigida a los directivos del
periódico: “Cualquier día, en cualquier empresa, van a rebajar el sueldo a los
obreros para financiar la ludopatía bursátil de los dueños”. Hablamos de 2009.
¿A que parece más reciente? De ayer, por ejemplo. El País no permitió su publicación. Así
que no lo siento por él, tampoco por mí… Lo siento por El País, un diario de
referencia para todos aquellos que un día soñamos ser periodistas. Hoy, aún con
ese sueño latente, esa cabecera es cada día menos referencia. Y puede, Cebrián es capaz de todo,
dejar de ser. No dejar de ser una referencia, no, dejar de ser. Hablo de desaparecer. Sin más, vamos. Y lo siento por aquellos,
también en nómina de El País, que no se llaman Enric, ni Maruja ni… Esos que no se
atreven a alzar la voz en público. No pueden porque la entidad bancaria de turno (menos el Sabadell, ¡eh! Mis respetos...) cuando les pase la mensualidad de
la hipoteca no sabrá de dignidad. Y sí de desahucios, claro.
**«Rodeados» de Enric
González (mayo de 2009. No se imprimió. Ni falta que hizo)**
No he visto aún el arranque de Operación Triunfo, en Telecinco. En realidad, a la hora de escribir estas líneas (19.30 del miércoles), el cuerpo me pide que me abstenga. Pero cuando el hipotético lector tenga este periódico en las manos, o en la pantalla, las cosas habrán empeorado. Y yo, con toda probabilidad, me habré autolesionado con un electrodoméstico, con un televisor, concretamente. O sea, habré visto OT. Y habré asistido a la presentación de Ramoncín, paladín de la propiedad intelectual y de los derechos de autor, como miembro del ilustre jurado. Es de suponer que para entonces, mi mañana y su hoy, andaré aún peor de ánimo. Quién iba a decirle a uno que acabaría añorando a Risto Mejide.
Lo que puede
ir mal, va mal. Eso ya lo sabíamos. Aun así, resulta difícil no apenarse ante
el presunto fichaje de Francisco Rivera, también conocido como Kiko o como
Paquirrín, por parte de Sé lo que hicisteis (La Sexta). La gracia de ese
programa solía consistir en la aparente distancia con que se abordaban las
monstruosidades televisivas: emitían trocitos de basura, pero era basura ajena,
fenómenos frikis de otros espacios, de otras cadenas, y envolvían el producto
con una ironía sarcástica. La incorporación del señor Rivera, como
monologuista, aprendiz de monologuista o lo que sea, constituye un cambio
cualitativo: Sé lo que hicisteis incorpora su propio monstruito. Si Ana Rosa
Quintana tiene a Belén Esteban, ellos tienen al señor Rivera. Francamente, no creo
que puedan reírse los unos de los otros. Si acaso, podrán comparar la magnitud
de sus respectivas tragedias. Todo esto induce al pesimismo.
Uno lo ve todo
negro. No quiero ponerme en lo peor, pero cualquier día, en cualquier empresa,
van a rebajar el sueldo a los obreros para financiar la ludopatía bursátil de
los dueños. Ya sé que exagero, que esas cosas no pasan. Pero antes tampoco
pasaban cosas como la de Ramoncín y Paquirrín, y ya ven. Como decía Manolo
Vázquez Montalbán, estamos rodeados.
16 de octubre de 2012
Muchos salen, pero otros se vuelven...
Jugosos datos nos ha ofrecido el Instituto Nacional de Estadística. A partir de las conclusiones extraídas del apartado “Estimaciones de la Población Actual”, en los medios se han leído titulares
como que “crece un 21,6% los españoles que han abandonado el país en lo que va de año”. Cifras que permiten imaginar las nuevas tendencias migratorias de
España. Por primera vez, destacaban los diarios digitales, “el saldo migratorio
de españoles -la diferencia entre las personas que entran y las que se van- ha sido negativo
en todas las comunidades autónomas” en los primeros
nueve meses de 2012.
En la provincia de Alicante, debe ser por aquello de llevar la contraria, los
números señalan que el saldo ha sido positivo (+3.112 personas, en el resultado
entre emigraciones e inmigraciones). En este caso, sin embargo, los datos no
están desagregados por ciudadanos españoles y extranjeros… Por ello, para hacernos una idea, resulta esclarecedor recurrir a las proyecciones. Veamos.
En la Comunidad Valenciana, 40.506 personas emigraron entre enero y septiembre
al extranjero. De ellos, como era presumible, la gran mayoría eran extranjeros
(36.000). Así, el 88,88% de los residentes en la Comunidad que hicieron las
maletas (antes o después, tenía que salir la típica frasecita) no tenían la nacionalidad española, mientras que sólo el 11,12 % (un total de 4.506) eran nacionales.
Por tanto, si trasladamos esos porcentajes a la provincia de Alicante (en poco deben
variar las cifras reales), tenemos que de los 14.110 residentes en Alicante que se han marchado al extranjero en lo que va de año, tan sólo 1.569 son
españoles. No es poco, pero sí significativo. El resto, 12.540, son foráneos.
Es decir, el retorno de los inmigrantes parece que se lleva la mayor parte de
las emigraciones en la provincia de Alicante.
Aunque por deformación profesional, de los datos publicados por el INE, me han llamado la atención unas cifras que han pasado (casi) desapercibidas para los medios provinciales.
Dejando a un lado los flujos de emigrantes e inmigraciones y el saldo total
de migraciones y centrándonos en la evolución estimada de la población, parece
necesario acercar el foco a la cifra de jóvenes (pongamos de entre 20 y 34 años)
que ha perdido la provincia en los últimos tiempos.
Si ponemos uno de los extremos de la cuerda en enero 2009, cuando la crisis
económica pasó de centrarse en el sistema financiero a atizar con fuerza al sistema social, y el otro en octubre de 2012, concluimos que la provincia ha perdido
un 13,33% de población joven. En total, 58.895 personas. En término generales,
sin tener por tanto en cuenta los intervalos de edad, la provincia en este mismo periodo de tiempo ha ganado un 0,86% de población, es decir, 16.487 personas.
¿Y qué pasa si nos limitamos a los últimos nueve meses del año, desde el 1
de enero hasta el 1 de octubre de 2012? Misma tendencia: la provincia sigue
perdiendo población joven. En apenas nueve meses, Alicante contabiliza 11.310
personas menos, de entre 20 y 34 años, una caída del 2,87% en población supuestamente recién ‘incorporada’
al mercado laboral. Mientras que en términos generales, siempre necesario para
tener una visión más global, la provincia ha ganado en 2012 un 0,41% de
población, 7.770 personas.
Conclusión, la esperada. La que apreciamos todos los días al relacionarnos
con nuestro entorno más próximo. Los jóvenes siguen viendo en el extranjero las
oportunidades que su país le niega por sistema. Y los que pertenecemos a ese
grupo de edad, no tenemos que mirar muy lejos. Pocos serán los que se sientan
satisfechos con su actual situación laboral, después de cursar años y años de
universidad y de presumir de carreras, másteres y demás formación académica.
Pero no todo es tan sencillo. El extranjero da oportunidades laborales, sí,
pero arrebata cuestiones irremplazables en la vida de los nuevos emigrantes. Servidora
que tiene la oportunidad cada semana de hablar con jóvenes alicantinos que han
dejado la provincia tiene que digerir los lamentos de aquellas personas, casi
siempre con impecables currículums, que deben abandonar a la familia, a los
amigos… para presumir de trabajos, no siempre cualificados, que les permiten
sentirse útiles para la sociedad. Me viene una frase que recientemente me dijo
un joven ilicitano, ilustrador de profesión y recién llegado a Inglaterra, al preguntarle por la situación de
sus allegados que aún siguen en la provincia. «De todos mis amigos, apenas estarán
trabajando dos de cada diez. Tengo conocidos con depresión o a punto de caer en
ella. Esto es descorazonador». Otro, residente en México, me reconocía que
nunca había llorado tanto como desde que dejó su Alicante natal. «En casa,
siempre me habían acusado de ser muy frío, pero aquí [por México] me han salido
todas las lágrimas. Al principio, de hecho, no podía ver películas que trataran
asuntos familiares, me pasaba todo el rato llorando». Y habla un joven de 31
años que presumía de ser una persona independiente. «Cuando me vine no me
preocupaba la soledad, pero los inicios fueron muy duros». Y así, mil
testimonios más. Aquí, los ya publicados en la serie «Los nuevos emigrantes alicantinos», en Información.
Bárbara (Argentina): «España desprecia a sus jóvenes»
Alicia (Francia): «Quiero ahorrar dinero y cumplir mi sueño: abrir un restaurante en Alicante»
Nuria (Italia): «Tener una carrera no garantiza ya un futuro laboral en España»
Ariadna (México): «Los titulados españoles estamos bien considerados por esta zona»
Ana y Daniel (Inglaterra): Dos profesores en reinvención
Ricardo (Inglaterra): «Un clic cambió mi vida»
Pablo (México): «Adoro España, pero no me veo volviendo a casa»
Marina (Francia): «Hay que ser valiente, la vida te hace aprender a la fuerza»
Álex (Francia): «Los médicos nos tratan de tú a tú, aquí todos somos iguales»
Júlia (India): «Soy consciente de que me tengo que buscar la vida por el mundo»
Lorenzo (Estados Unidos): «Sueño con poder dirigir mi propio equipo de investigación en España»
Enrique (Isla Mauricio): «Mi futuro laboral está orientado por obligación hacia el exterior»
Mario (Inglaterra): «Nunca he tenido el arrebato de volver a casa, acerté al venirme»
Jesús (Japón): «No creo que mi futuro pase por España»
María José (Inglaterra): «Tengo mayor estabilidad laboral, creo que mi futuro pasa por quedarme aquí»
Carlos (Francia): «Quería volver a España en 2014, pero visto lo visto ya no tengo prisa»
Paloma (Inglaterra): «Si le pones ganas, todo sale bien»
Alexia (Holanda): «Cada día pienso en regresar a casa»
María (Inglaterra): «Nada me motivaba en España»
Martín (Indonesia): Un vuelo de vida
Sabrina (China): La «seño» del lejano occidente
Laura (Francia): Un viaje al pluriempleo
Iván (Francia): De embajador en territorio vecino
Esther (Inglaterra): Una travesía por el Támesis
Natalia (Inglaterra): De El Altet a Gatwick sin escalas
Pepe (Alemania): Un ingeniero en territorio de Merkel
Rubén (Alemania): Fogones con sabor español
Luis (Suiza): A los Alpes con los planos
12 de octubre de 2012
Hoy, de hashtag, #soyperiodista
Si hace unos meses recogimos algunos de los mejores tuits con el hashtag #NoEresAlicantinoSi... Ahora, tiempo después, nos toca mirarnos el ombligo y seleccionar frases con #soyperiodista. Hoy debemos dejar a un lado el humor y reflexionar. Falta nos hace. A todos. Allá vamos...
Porque espero formar parte de este gran
mundo, por la dignidad de este trabajo, por las historias que se merecen ser
contadas #soyperiodista
El presente y el futuro del periodismo
tenemos que hacerlo los periodistas. Dignidad y orgullo. Hay que parar la
sangría #soyPeriodista
Si hubiera querido ser rica hubiera
elegido otra profesión, pero siempre lo tuve claro, quería ser feliz #soyperiodista
Dentro de un tiempo, cuando diga #soyperiodista, me acordaré de todos aquellos que hoy me
recuerdan que aún no lo soy. Aprendo de todos.
#soyperiodista porque era mi sueño desde renacuaja. A posteriori descubrí que esta bendita profesión te permite soñar despierto. Un lujazo.
Y, desde @cpascualr:
Y, a modo de remate, he aquí un ejemplo para todos...
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