15 de marzo de 2011

Japón Irán Barcelona

Un día de contrastes. De Japón, pasando por Irán y acabando en casa. Con el corazón aún estremecido con las imágenes del tsunami y el halo de devastación que dejó a su paso, el estado de preocupación no hace más que empeorar con el transcurso de las horas. Apenas llegan noticias positivas desde la central nuclear de Fukushima, que si un incendio, que si una explosión, que si la piscina... Y no deja de sorprender la presunta tranquilidad con la que encaran la situación los japoneses. Todo un ejemplo de civismo.

En España, todos tranquilos. El Gobierno central ha creado un grupo de seguimiento de la delicada situación que atraviesa Japón. Y en Europa, resurge con fuerza el debate sobre la seguridad de las centrales nucleares. Los ejecutivos continentales, desbordados por la actual situación económica (y demás), se llevan las manos a la cabeza y se apresuran a dejarse llevar por las corrientes menos impopulares. Sin problemas, menos riesgos. Nadie quiere levantar la voz. Bien es cierto que un golpe de la Naturaleza, con ese terremoto de 8,8 grados, deja sin contenido cualquier argumento. Sería conveniente no tomar decisiones desde la perplejidad. Como tampoco recomiendan promulgar leyes con el cadáver aún en caliente.

Pero este 15 de marzo también ha traído un golpe de optimismo. Al menos, al Periodismo. Digno de mención, desde una perspectiva profesional, merece el trabajo de Ana Pastor ante Mahmud Ahmadineyad, un personaje tan detestable como apetecible resulta enfrentarse a una entrevista con el tirano iraní como protagonista. No obstante, la sociedad ha tendido a cambiar los papeles y centrar su atención en la labor de la periodista de TVE. Un guiño necesario para un oficio en perpetua crisis, que vaga por un desierto sin apenas oasis. Pero aplaudida la incisiva postura de Ana Pastor, parece necesario devolver los focos (y los titulares) al entrevistado. De lo contrario, flaco favor se le haría a la profesión. La propia estrella accidental (que se ha llegado a convertir en trending topic mundial en Twitter) ha recordado posteriormente que un periodista no debe ser protagonista de sus noticias. Chapeau. Una actitud que debería ser tan considerada como considerable ha sido su contundente discurso ante un déspota como Ahmadineyad. Envidia, por otro lado, poder enfrentarse a un reto potente, pero fascinante. Con o sin pañuelo sobre la cabeza, pero con ilusión de plantearle las cuestiones que cualquiera se hace cada vez que el dictador aparece en la pantalla. Envidia, también, recorrió el cuerpo de muchos de los que estamos en España cuando nos despertamos la pasada semana con el terremoto de Japón pensando que una compañera se encontraba, por caprichos de la vida, en el centro de las miradas de medio mundo. En el núcleo de la información. A escasa distancia de un acontecimiento crucial, de los que se recogen en los libros de texto. Un presente del destino para vivir, digerir y contar. Sin un cómo ni un cuándo, pero con todos los porqués que depara un hecho histórico.

Ya en casa, y cuando la noche de hoy tomaba cuerpo, surge otra noticia de las que revuelven el estómago. En pleno partido de octavos de final de la Champions entre Bayern de Munich e Inter de Milan, se anuncia que, Eric Abidal, defensa del Barcelona, se aparta del fútbol para tratarse de un tumor detectado en el hígado. De golpe, el resultado del encuentro pierde toda importancia, ya relativa de por sí. La vida, sin saberlo, recupera su sentido más pleno. Como diría Gandhi: "Vive como si fueras a morir mañana, aprende como si fueras a vivir para siempre".

Y, entre tanto, los rebeldes libios se retiran hacia Bengasi, donde se prevé una batalla desigual. Gadafi gana terreno día a día, beneficiado de la falta de consenso internacional. Pero ya no interesa, no hay tiempo para tantos conflictos.

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