15 de enero de 2010

Entrevista a Sonia Castedo Ramos

“No seré alcaldesa más
de diez años”

La regidora popular, tras el primer año al frente del Ayuntamiento, repasa su trayectoria política y desvela los retos para el futuro

Alcaldía gobierna el edificio anexo al Ayuntamiento, el más moderno de la fachada consistorial. Arriba, en la cuarta planta, aguarda Sonia Castedo Ramos (Ribadeo, Lugo, 1971). Casi puntual a la cita, pasadas las doce y media, abre la puerta que separa su despacho de la sala de invitados. La espera permite ojear el espacio. Con apenas quince metros cuadrados, tiene cabida para ocho sofás unipersonales tapizados en piel verdosa. Junto a ellos, dos mesas, que acogen recuerdos del primer año en el cargo de la actual alcaldesa de Alicante. Una imagen de la Bellea del Foc infantil de 2008 y sus damas, una dedicatoria policial sobre una brillante placa y una fotografía junto a la Reina en el Castillo de Santa Bárbara acaparan la atención de todo observador. La madera preside la antesala y cubre las paredes. Incluso, el gran ventanal que, cuando ejerce como tal, ofrece una privilegiada vista de la recién restaurada Plaza del Ayuntamiento. La panorámica se antoja similar desde el despacho de Alcaldía. Amplio y sobrio, da cabina a una mesa de reuniones y a la propia área de trabajo, que se presenta con aires de desorden y donde destaca el santuario de las brujas. Porque Sonia es gallega, y atiende a las “meigas”.

Viste chaqueta de tonalidad gris y pantalón negro, que combina con un chaleco entallado y una camisa que imita al azabache. Unos botines con tacón le separan unos centímetros del suelo, aunque ella recalca que prefiere “tener los pies sobre la tierra”. Llamativos anillos decoran sus manos, junto a varias pulseras de visible grosor y el clásico reloj de correa blanca. A su vera, siempre, el paquete de tabaco negro. Se muestra cercana, amable y extrovertida. Como dice ser. Tan sólo arruga el gesto cuando piensa en las consecuencias negativas de su cargo. Aquellos ataques de carácter personal. Casada y madre de una hija, habla con adoración de su gente y de su profesión. Echa de menos el anonimato, se considera “idealista” y asegura que seguirá en la política mientras reciba el “apoyo de los ciudadanos”. Aunque, eso sí, limita su estancia en la cuarta planta del edificio anexo al Ayuntamiento. Porque todo tiene un fin. Y la Alcaldía, también.

C. PASCUAL_____________________________________________________
P: Sonia Castedo Ramos, primera alcaldesa de la ciudad de Alicante. ¿Qué siente?
R: No le doy ninguna importancia al hecho de ser la primera mujer. Sí, al cargo. Por eso lo vivo con mucha responsabilidad, e incluso me planteo si estoy a la altura.

Porque usted no encabezó la lista electoral del PP en las últimas elecciones.
Exacto. Por eso te sientes en la obligación de demostrar más. Al final, le acabas dedicando, como hago en la actualidad, 16 horas diarias al trabajo.

Entonces, si en los próximos comicios lidera la propuesta de su partido y consigue el respaldo de los ciudadanos, ¿limitará la dedicación a la Alcaldía?
No, no podría. Porque también va con la forma de ser. Yo soy muy movida y necesito tener mucha actividad. ¡Si cuando tengo una tarde sin actos… no sé qué hacer! Por desgracia, ha llegado un momento en el que el trabajo me ha absorbido totalmente.

La oposición le reprocha su continua exposición pública.
Quien me lo critica, lo va a seguir haciendo. De lo contrario, no sería yo. Existe una imagen muy deteriorada de los políticos. Mi propósito es que nunca me vean como yo veía a los políticos en mi juventud. Eran inalcanzables. Quiero que la gente me vea tal y como soy. Una persona normal, que ocupa un cargo muy importante, pero que trabaja para la ciudad. Porque los alicantinos son quienes me pagan, y no puedo convertirme en una especie de Dios. Porque no quiero que me vean así, y porque tampoco lo soy.

Su predecesor en el cargo, Luis Díaz Alperi, no se mostraba tan accesible.
No estoy de acuerdo, Luis era muy de la calle…

En sus inicios…
Yo acabo de cumplir 39 años, y tengo muchas ganas y fuerzas. Creo que los políticos deben tener una fecha de caducidad. Al final, no es bueno ostentar durante tanto tiempo el poder. Todo tiene un límite. Con mi relativa juventud, me gusta estar en la calle y lo necesito. Así palpo la ciudad. A mí la gente me cuenta los problemas que sufre. No tengo que abrir ningún periódico para saber lo que sucede en Alicante.

Todo empezó el 11 de septiembre de 2008, Alperi dimitió como alcalde.
Fue una sorpresa para todos, y para mí también.

Cuando, horas antes de hacerse pública la decisión, Alperi le comunicó su próximo cargo en el Ayuntamiento... ¿Sintió vértigo?
Sí, mucho.

Pese a que su nombre era el favorito en las apuestas.
Aún así. Me anunció su dimisión en torno a la una y media, y a las cinco de la tarde estábamos en la rueda de prensa que se celebró en el Ayuntamiento. Ese día no comí. Incluso le dije: “Luis, ¿no podemos esperar un poquito más?”. Es verdad que se llevaba mucho tiempo rumoreando, incluso él [Díaz Alperi] había dicho públicamente que se presentaba a las elecciones, pero que no iba a cumplir la legislatura.


Sonia Castedo posa frente a la mesa de su despacho, donde conserva la imagen de varias brujas, por eso de las “meigas”...

Por tanto, fue una sorpresa relativa.
No me debió sorprender, porque se decía que yo iba a ser la sucesora, y a mí Luis ya me lo había confirmado: “Lo dejaré y te quedarás tú…”. Sólo faltaba saber cuándo. Pero debo reconocer que al escuchar: “Hoy es el día”, pensé: “¿Sonia, dónde te has metido? “.

Pero no renunció.
Tuve miedo. Recuerdo que cuando llegó el presidente de la Generalitat estaba muy nerviosa, extraño en mí porque soy tranquila, y me dijeron [Alperi y Camps]: “Si quieres que abortemos la operación, la abortamos, esperamos unos meses…”. Enseguida les dije que no, que lo estaba pasando mal, pero creía que era una oportunidad irrechazable, porque a lo mejor no volvía a presentarse. Asumí la responsabilidad, pese al mal trago. Pero al mismo tiempo sentía mucha ilusión… ¡Me iba a convertir en la alcaldesa de la ciudad de Alicante! Llevo trabajando desde los 24 años en política y ese día viví sensaciones muy contradictorias: nervios y miedo. No me lo podía creer.

¿A quién se lo anunció en primer lugar?
A mi marido.

¿Y él se lo creyó?
Le dije: “Me van a nombrar alcaldesa de Alicante”, y su respuesta fue: “¿Perdona? Se lo tuve que repetir varias veces. Además, le pedí que llamara a mi madre.

¿Cumplió el recado?
Sí, la llamó, se lo contó y la reacción de mi madre fue: “¿No me digas que Luis ha dimitido?”. Le costó asimilar que su hija iba a ser la próxima alcaldesa.

Cuando el 17 de septiembre recibió la vara de mando, ¿se planteó cuál iba a ser su próximo objetivo en política?
No, Pero, ¡si entre mis objetivos nunca estuvo la Alcaldía...! Cuando entré en el Ayuntamiento, lo hice en el Gabinete de Prensa. A los dos años, la responsable se marchó y me quedé al frente. Y ya en al siguiente legislatura, en 1999, Luis me incluyó en la lista electoral. Eso ya era un sueño: estar en la lista de una ciudad tan importante, y además iba como número siete, un puesto de salida, así que iba a ser concejala. Llegar ahí, de alguna manera, sí que llenó mis expectativas. Fui concejala de Turismo, Playas y Partidas Rurales… Pero quise más. Después me dieron Urbanismo. Y sólo cuando se empezó a escuchar mi nombre como posible alternativa a Luis, me dio por pensar en llegar a ser la alcaldesa. Pero lo veía muy lejano. Porque todos sabemos que en política hay muchos intereses, padrinos y gente con un círculo de fuerza… Y yo no tenía nada.

Bueno, se ha demostrado que tenía al mejor padrino.
Sin duda, y la vista está. Alperi apostó por mí.

VISTA ATRÁS
Y tras su paso por el Gabinete del Ayuntamiento, ¿qué piensa de los medios?
Mantengo una relación muy especial con los periodistas. Los medios resultan imprescindibles, porque son la herramienta para dar a conocer los aspectos de cualquier gestión. Sin embargo, pienso que los medios, en algunas ocasiones, no son consiente de esa labor. Por ello, la objetividad debe ser la prioridad de cualquier profesional. Un medio puede hacer mucho daño si tratan una noticia de una manera inadecuada.

¿Le han hecho mucho daño?
Mucho, mucho.

¿Y guarda rencor?
Al final todo pasa. No sirve de nada el rencor cuando vas a convivir con esa persona. No te queda más remedio que hacerte una espalda muy ancha y echártelo todo… Además, el periodista y el político se necesitan mutuamente. Por eso, se debe llegar a un equilibrio, aunque a veces se rompe. No guardo rencor a los que me han hecho daño. Y no hablo de un daño profesional, porque siendo político te expones…

¿Se refiere a nivel personal?
Sí. No tienen por qué hacerlo, a nadie le importa. Tan sólo quisieron hacerme daño a través de mi familia. Pero, ¡para qué! Fue un daño injustificado.

¿Habla de la vinculación de su marido con el constructor Ortiz?
Me sentí absolutamente ridícula. Ocupaba ocho páginas de un periódico todos los días y con mentiras. Hubo muy mala leche en lo que se escribía, se buscaba hacer daño.

Pese a todo, ¿conserva algún recuerdo positivo de la prensa?
Por supuesto, mis cuatro años en el gabinete. Allí conocí a grandes amigos y aprendí mucho. Porque hacer política es una cosa, y transmitir esa gestión a través de los medios de comunicación es otro asunto muy diferente.

¿Considera tan importante hacer política como transmitirla?
Exactamente igual. Todo aquello que no sepas vender es como si no existiera. Puedo hacer maravillas, pero si no las vendo, no me sirven de nada.

Tampoco le gustó un reportaje sobre la evolución de su estilismo durante su primer año como alcaldesa que se publicó en un periódico de Alicante.
Con un alcalde no hubiera sucedido. Me sentó muy mal. Me llamaron incluso para pedirme la opinión y me negué. Me parecía absolutamente machista. ¿Por qué se me juzga el estilismo? Si utilizo más pantalón o falda, las chaquetas coloridas… Al final te llegan a acomplejar. Mi trabajo no se va a resentir porque lleve pelo largo o una chaqueta con flores… Se va a necesitar mucho tiempo para presumir de una igualdad total y absoluta a la hora de tratar a un hombre y a una mujer en política.

Porque la política también es machista.
Por supuesto. Las críticas que me hace la oposición siempre llevan palabras como flores, fotos… Si lo analizamos, vemos que en la política también se es machista.

Pero, ése no será el motivo de su relación distante con miembros del PSOE.
No. Va más allá. Uno de mis defectos es que no sé disimular. A veces debería, pero no puedo. Es cierto que existe una relación muy distante con algunas personas del Grupo Municipal Socialista, y se nota. Con otros, mantengo una relación más cordial.

¿Se podrían mejorar esas relaciones?
Sería rozar la utopía, porque en política anteponemos los intereses del partido.

Pero usted se declaraba una idealista de la política…
Y me mantengo. Me considero idealista, porque con tiempo, trabajo, paciencia y serenidad se puede llegar a conseguir mucho. Por eso aspiro a cambiar el concepto que se tiene de los políticos. Y a mí me han intentado manchar con acusaciones, he estado tres veces en los juzgados, y lo han archivado todo. Pienso seguir peleando para demostrar que hay políticos honestos. Y que somos muchos. Estoy convencida de que me meterán otra querella antes de las próximas elecciones, con la única finalidad de conseguir en los juzgados lo que no logran en las urnas.

Pasar por los juzgados, ¿deja una mancha en el currículo político?
Fíjese. A mí me ha quedado una mancha, pero a mí. Me daba una vergüenza tremenda ir por al calle tras el asunto de los aparcamientos. Pensaba que la gente diría: “Mira, la concejala de Urbanismo, ésa es una mangante, está imputada por cinco delitos…”. Te queda una mancha, porque eres quien lo sufres, pero también por tu gente, porque a ellos también les tendría que dar vergüenza. Pero creo que esa mancha… a mí nunca me la ha tenido en cuenta. Creo que se ha olvidado, ya que los seres humanos somos capaces de las peores cosas, pero también de las mejores, y ahí destaca la capacidad de olvido que tenemos. Me da la impresión de que esa imagen deteriorada se puede diluir, y para ello es necesario darte a conocer y dejar que te conozcan.

Esos ataques a su persona, a su familia…, la dedicación a la Alcaldía... ¿Teme reproches en un futuro, por ejemplo, de su hija que apenas tiene ocho años?
Creo que no, porque mi hija nació siendo yo concejala. Ella ha vivido una sensación personal especial. Y para mí hay cosas inamovibles: Al colegio la llevo todos los días, cuando se pone mala y llaman del colegio, dejo lo que esté haciendo para ir a recogerla, pese a tener reuniones importantes, las tardes que puedo estoy en casa, hablo con ella, le ayudo con los deberes… Pero ella está orgullosa, presume de madre.

¿Echa de menos el anonimato?
Mucho. En parte, me pasa por seguir haciendo lo mismo que cuando era concejala.
¿A qué se refiere?
Voy a comprar al supermercado, me voy a pasear un sábado y a mí me encanta mirar, y aunque no compre nada, me meto en las tiendas y ojeo. Y desde hace un año resulta incómodo, porque entro en un local y no pasan tres minutos cuando viene a saludarme el director, ponen a una persona a mi disposición... También lo notas cuando vas a cenar, porque te sientes observada, y te expones a un juicio permanente.

Pero a usted le gusta el contacto con los ciudadanos. ¿No es cierto?
Exacto. Por ahí es muy halagador. Pero te llega a cohibir.

¿Se acostumbra uno a ser, con mucha frecuencia, portada de los periódicos?
Nunca. Además, el problema es que no sabes qué enfoque le van a dar. A los medios hay que darles la importancia que tienen, porque tu imagen se transmite a través de ellos. Al final siempre te levantas pensando qué saldrá en los periódicos, en cómo saldrá. Sobre todo cuando se producen situaciones conflictivas.

UN PASEO POR LA CIUDAD
De las obras financiadas con el Plan E, ¿de cuál se siente más orgullosa?
De todas, pero si tengo que destacar una, me quedo con la Plaza del Ayuntamiento. Fue una apuesta personal. Justo un mes después de tomar posesión como alcaldesa, prohibí que los coches aparcaran en la plaza. Estaba fatal, pero es la plaza mayor de la ciudad. Será más grande o pequeña, pero es la que tenemos. Por eso me siento muy orgullosa, porque creo que necesitaba una reforma.

Sin embargo, ha originado mucha polémica entre los comerciantes de la zona.
Todas las obras tienen un problema detrás, pero en una ciudad hay que buscar el interés general. Y cuando nos hemos equivocado hemos rectificado.

Como en el carril-bici de la Avenida de la Estación que apenas duró unos días…
Exacto. Pero no siempre nos equivocamos. Hay que acostumbrarse a los cambios. Alicante es una gran ciudad y debe asumir este tipo de esfuerzos. La peatonalización es positiva, porque convierte la plaza en un foco de atracción.

¿Considera el colegio Benalúa un fracaso general de los políticos alicantinos?
Sin duda. Hemos sido unos perfectos ineptos. Benalúa es el claro ejemplo de lo que no se debe hacer en política. La actuación fue una equivocación por cómo se hizo, con una tramitación alocada, y que al final tan sólo ha conseguido diez años de barracones.

En el aspecto deportivo, ¿qué piensa de la precariedad de instalaciones?
Creo que existe cultura deportiva en la ciudad, y lo demuestra el éxito de la San Silvestre o de Alabici. El problema es que Alicante ha crecido mucho en poco tiempo, y la oferta deportiva no lo han hecho al mismo ritmo. Tenemos instalaciones desde hace años en determinados puntos, pero no existen en las zonas de crecimiento de la ciudad, como San Juan. Por eso, se está llevando a cabo la obra en la Vía Parque.

Pero es una actuación que no solventa el déficit.
Siempre morimos en el problema económico de construir y de mantener las instalaciones. La situación del Ayuntamiento es muy difícil, se priorizan otras obras y se deja atrás el interés deportivo. Tendemos a realizar actuaciones como el Tram, el Centro de Congresos… Por eso no puedo decir que en asuntos deportivos la ciudad esté bien, porque no lo está. No hemos llevado adelante una buena política deportiva.

Mirando a un futuro próximo. ¿Cree que para encabezar la lista del PP en las próximas elecciones debe ser la presidenta de la Agrupación Local?
El tema de la Alcaldía no lo uno con la Presidencia local. Pero en mi partido, los presidentes locales siempre han sido los alcaldes o los portavoces. Por ello, si soy la alcaldesa y se tiene que llevar la renovación local del PP, es lógico que sea yo quien presida el partido de la ciudad. Además, es tan fácil como sentarnos, hablarlo, llegar a un acuerdo y tirar para adelante todos juntos.

¿Se plantea hasta cuándo estará en política?
Lo que la gente decida.

Pero, ¿si tiene el apoyo constante del ciudadano…?
Como alcaldesa no estaré más de diez años, seguro. A mi me encantaría ser la cabeza de lista en 2011 y ganar las elecciones. Y también las siguientes. Ahí finalizaría mi carrera como alcaldesa. Sería el momento adecuado. La ciudad necesitaría renovarse.

¿Cómo se definiría como alcaldesa?
No lo sé. Intento ser la misma persona. Me considero noble, leal, sincera y a la vez complicada. Tengo muchos problemas para delegar, por eso me suelo entrometer en el trabajo de mis compañeros. Por otro lado, represento una nueva generación que ha sabido dar carpetazo a muchas cuestiones que se venían arrastrando hace tiempo, pero que no tienen sentido para aquéllos que hemos nacido con la Democracia. Somos una nueva generación en la que se debe creer. Vamos a llevar adelante las renovaciones de las que tanto hablan los partidos, pero que jamás se han hecho.

Y como persona, ¿qué destacaría?
Soy transparente y poco ingenua. La política me ha espabilado bastante, antes era confiada, pero aprendes a base de palos. Soy como se ve, intento no engañar a nadie.
¿Resulta complicado convivir con usted?
Soy bastante cabezota, por eso sí que es complicado vivir conmigo.

¿Y cómo lo consiguen?
Porque la misma independencia y libertad que quiero para mí, se la doy a los demás.

¿Se defiende con las nuevas tecnologías?
Regular. Las utilizo, porque formo parte de las generaciones que estudiamos con ordenadores. Pero no tengo tiempo ni para crear mi cuenta en Facebook… Me falta habilidad, pero sí las uso, y cada vez más. Mi correo lo llevo en el móvil, y también lo uso como agenda. Me gustaría controlar mejor, porque me facilitaría el trabajo.

Roque Moreno sí tiene perfil en Facebook. ¿Dispone de más tiempo libre?
[Ríe]. Bueno, yo ahora estoy con el blog. Ya lo tengo creado, y en unos días me lo activarán. Voy a ser la encargada de mantenerlo, aunque haya días que no podré actualizarlo. Intentaré reservarme una hora diaria para dedicársela al blog.

MÁS PERSONAL
¿Se considera más… cercana, generosa, soñadora, sensible o simpática?
En orden, diría que soy sensible, cercana, generosa, soñadora y, por último, simpática.

¿Y ambiciosa, estricta, impulsiva, orgullosa y rencorosa?
Impulsiva, estricta, orgullosa, ambiciosa y rencorosa.

¿Cuál es su rincón favorito de la ciudad? Cala Palmera.

Un deporte. Digo dos: el piragüismo y el levantamiento de pesas.

¿Y el pádel? Lo practico, pero no me acaba de llenar.

Un libro. “La conjura de los necios”, de John Kennedy.

Una canción de enamorados. “The power of love”, de Jennifer Rush.

Un viaje soñado. Nueva York.

Para comer. Soy muy tradicional, me gustan los platos de cuchara, como el cocido.

La persona más crítica con usted. El director de un periódico.

Le gustaría conocer a… Barack Obama.

Saca las uñas cuando… me torean. Siempre que me siento engañada.

Sus últimas lágrimas. Lloro con mucha frecuencia.

Considera la libertad… Perfecta. Debería estar prohibido prohibir.

¿Y prohibir el tabaco? Si tengo 39 años y decido fumar, fumo. Sin molestar a nadie. No es lógico que prohíban fumar y permitan abortar a una niña de 16 años sin el consentimiento de sus padres. No podemos estar en esos límites.

¿Y los crucifijos en los colegios? Yo soy católica, apostólica y… romana. Pero cada uno es muy libre de pensar lo que quiera. Mi hija va a un colegio religioso y hay crucifijos. Ahora, si fuera a un colegio público y la mayoría apoyase retirar los crucifijos, me parecería perfecto. Hay libertad de religión y se debe respetar.

¿Aguirre o Gallardón? Alberto Ruiz Gallardón.

¿Culé o merengue? Del Real Madrid.

Las campanadas de Año Nuevo, ¿con Belén Esteban o con Anne Igartiburu? En la Plaza del Ayuntamiento, sin tener que aguantar a Esteban ni a Igartiburu.

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Entrevista realizada para la asignatura 'Periodismo Especializado'.

3 comentarios:

Miguel Carvajal dijo...

Claps, claps, claps. Qué buena entrevista. Enhorabuena, Carolina.

Marisol dijo...

Tiene letra típica de chica, jejeje. Ya sabes que la leí en borrador...poco más te digo. Tú me entiendes.

Raúl dijo...

Me encanta el inicio, la descripción de la entradilla. Sin haber visto el lugar que describes, cada una de las palabras nos trasladan a esa sala de invitados y puede uno imaginarla palmo a palmo, milímetro a milímetro.

Grande la entrevista, grande!! Enhorabuena!!