6 de abril de 2012

Las barbas del vecino y otras hierbas


Hoy somos más pobres que ayer pero menos que mañana. Sin duda. Dos sillas han permanecido hoy a la espera de sus inquilinos de siempre, pero éstos nunca han llegado. Ni lo harán. Dos activos, dos personas, ya no volverán a contribuir, como han hecho durante los últimos veinte años, en la confección de un producto referente en Alicante. En lo personal, siempre recordaré los consejos, el exquisito trato y los debates sobre temas de todo color y textura con Pepe, José López Marín según rezaba la mancheta. Compartí, codo con codo, medio año de aquel 2010 en la ya casi extinta sección de Nacional e Internacional. Y espero, algún día, volver a encontrármelo en alguna trinchera. Por puro egoísmo, no más: una siempre quiere rodearse de buenos profesionales y de mejores personas.

Hoy, los compañeros han realizado un simbólico parón de 15 minutos bajo el lema «Despidos no, negociación sí». Los transeúntes que hayan circulado en torno a las 19.30 por la avenida Doctor Rico habrán sido testigos de una escena cada vez menos extraordinaria. Cartelitos al estilo high school, demandas al aire y una unión, que desprende una fragilidad sustentada en poco más que el miedo, han protagonizado la protesta convocada por el comité. Menos es nada, cierto. Pero más tampoco es que sea mucho. El pasado nos delata. Y la movilización  de hoy recuerda tiempos bien recientes. Entonces también se paró… Y, con las mismas, se reanudó la marcha que nos ha traído hasta este abril de 2012. Parece sencillo prever el mañana. En el calendario de protestas, digo.

Toda la solidaridad con los que ya no están. Toda la fuerza para los que todavía seguimos. La sociedad necesita un periodismo fuerte, con independencia de su formato, centrado en contar lo que sucede, en abrir alcantarillas malolientes y en aplaudir a héroes desconocidos. Alicante, también. Y tampoco estamos tan mal como para distraer la atención. Centremos esfuerzos, la dispersión nunca se erigió como solución. La guerra, la empiecen unos o la continúen otros, deja poco más que muerte y destrucción. El diálogo, a veces, permite vivir en paz... Obviar la crisis sería de necios. Sensatez, sinceridad, voluntad y palabras...



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