4 de diciembre de 2007

Cómo ser hipócrita y no morir en el intento


El diario PÚBLICO lleva hoy a su portada un asunto, digamos, impertinente. Muestra de la hipocresía de nuestro país y, por extensión, de nuestros gobernantes. Y no, no es cuestión política, sólo ética.

Según PÚBLICO, el Gobierno fabrica y comercia con bombas de racimo (dicen que la más cruel con la población civil), a la vez que trabaja en Líbano para limpiar los explosivos lanzados por Israel en 2006. Curioso, ¿verdad?

España fabrica y comercia con el armamento más cruel con la población civil de un país bombardeado. Dos empresas: Expal (pública) e Instalaza elaboran bombas de racimo capaces de provocar mutilaciones hasta 30 años después de haber sido lanzadas. El Gobierno no prohíbe su elaboración, uso o almacenamiento a pesar de colaborar en Líbano en la limpieza de estos explosivos lanzados por el ejército israelí el pasado 2006.

[…]

La capacidad de destrucción de este tipo de bombas es salvaje y duradera. Estos artefactos causan mutilaciones en Camboya, sobre todo a niños, con una frecuencia de dos veces al día a pesar de que las bombas se lanzaron entre 1969 y 1973.

[...]

El Ministerio de Industria asume la fabricación de este material y esgrime razones de defensa estatal para no renunciar, por el momento, a su uso.

Sí, todos sabemos la doble moral de cualquier político. Casi todos somos conscientes de que interpretan un papel (con más o menos credibilidad). Pero qué mal quedan cuando se publican asuntos de este alcance. Pero mal.

1 comentario:

ephemera mariposa dijo...

Es verdad que la hipocresía es la madre de la política, y que hoy es lo más normal del mundo y totalmente inprescindible entre las potecias primer mundistas vender armas a no se sabe quien para no se sabe qué, o si se sabe pero se prefiere omitir. No es nuevo que nos acaben matando con nuestros productos, que gran verdad aquel refrán de "cría cuervos y te sacarán los ojos".
Pero también lo sabemos todos y nadie dice nada, no es un tema prioritario en los programas de los partidos políticos. Nadie se escandaliza, ¿por qué? porque el tema nos pilla lejos, no nos afecta. ¿Qué pasaría si a Chávez se le cruza un cable, (otro) y nos atacara con nuestras propias armas, esas que le vendimos hace nada cuando eramos amigos?
Entonces con nuestra habitual hipocresía, pondriamos el grito en el cielo.