8 de julio de 2008

En casa



En el Matxo del Castell, en un lugar emblemático de Alicante. De camino a él, he pasado la calurosa mañana de hoy. Eso sí, ha sido un paseo tan inusual como irrepetible. Un día para apuntar en la agenda.

La visita programada por el concejal de Cultura, Miguel Valor, me ha brindado el gran placer de tocar la Cara del Moro. De estar a escasos centímetros de sus ojos, de su nariz, incluso de su hasta -hace pocas fechas- maltrecha ceja. Una experiencia espectacular: «Escalar» la pared del Benacantil, subir por el andamio que ahora oculta parte de la falda del Castillo de Santa Bárbara... Pocas personas pueden contar lo que, para mí, es un privilegio. Desde la lejanía, la vista impresiona; desde cerca emociona mucho más.

El andamiaje es espectacular. Tan seguro que, tal vez, reduzca parte de la emoción de trepar, ladera arriba, por el Monte. Más de treinta pisos, más de quinientos peldaños… y todo esto a muchos metros de altura. Ahí arriba, las vistas son impresionantes; las sensaciones, mejores.

Nunca pensé que podría estar tan cerca de uno de los monumentos (fruto de la naturaleza, o capricho de la leyenda) más representativos de Alicante. Una imagen que cualquier turista se lleva de recuerdo.


P.S.: Un post dedicado a todos aquéllos que pedíais entradas más personales. He aquí una.

6 comentarios:

lorenacalvo dijo...

Me he sentido aludida y he decidido escribir... :-P

Esto ya se va acercando más a tu corazoncito (que sí, que lo tienes) ;-)

Marisol dijo...

Lo que pedíamos era algo aún más personal...Ya sabemos que adoras el Matxo, no es una novedad, jajaja, si no, tu blog no llevaría este nombre. Aun así son preciosas las fotos, qué vértigo.

Raúl G. Sirvent dijo...

Esa descripción y esa emoción me ha hecho sentir ganas de tocar su cara. ¡¡ Quiero subir al andamio!! El vértigo es otra cosa pero hay veces que merece la pena sufrir.

Carolina Pascual ||Atocha|| dijo...

¿Vertigo? Bastante, y no soy yo especialmente miedosa. Pero impresiona escalar entre tantos hierros... a tanta altura. Te asomas, ves la ladera del Benacantil y... dejas de asomarte, jajaja.

Ahora, es una experiencia irrepetible. Pocas personas tienen la oportunidad de estar ahí. Lo mío fue suerte. Estar el día... en el lugar...

Raúl G. Sirvent dijo...

Aunque vuelvo a pensar en lo de los 30 pisos y me mareo... Con lo pequeño que se ve desde la terraza de mi casa...

lorenacalvo dijo...

¡Pues a mi me encantaría subir! ¿Cuándo me llevas, Carol? jajaja