
Un ejemplo más. Continúan proliferando aquéllos (Gore's style) que piensan que predicar con el ejemplo no va mucho con ellos.
La resolución se refiere a la denuncia formulada por la Fiscalía Anticorrupción de Alicante contra el alcalde, la concejal Sonia Castedo y el ex edil Luis Concepción por cinco supuestos delitos (prevaricación administrativa, tráfico de influencias, falsedad, malversación de caudales públicos y apropiación indebida) en la adjudicación de tres aparcamientos subterráneos a al empresa Ortiz e Hijos. ¡A quién si no!, añado.
El tribunal ha considerado que los hechos «no son constitutivos de los delitos cuya comisión se imputaba en la denuncia interpuesta por el Ministerio Fiscal y en las querellas».
Además, hace apenas unos días la magistrada que investiga el caso Mercalicante admitió a trámite la petición del cierre del proceso penal abierto contra el alcalde.
¿Demasiadas buenas noticias? ¿Seguirá la Fiscalía Anticorrupción de Alicante su particular batalla legal contra Alperi? ¿Pondrá el alcalde sus barbas a remojar… tras la reciente detención de su homólogo en el Ayuntamiento de Totana?
Muchas preguntas. ¿Las respuestas? Con el tiempo, no se apresuren. Estamos hablando de la Justicia, recuerden.
Tras la reunión de hoy, el primer ministro de Israel, Ehud Olmert, y el presidente de la Autoridad Nacional Palestina, Mahmud Abbas, han acordado iniciar las negociaciones que lleven a un acuerdo de paz antes de 2009.
El presidente George Bush, organizador de la reunión, ha informado que la declaración acordada en Annapolis es el inicio para buscar la paz que ambos desean y que es el momento oportuno para evitar que los terroristas continúen con sus ataques en la región.
Reuniones bimensuales, ininterrumpidas y con voluntad de alcanzar un acuerdo de paz permanente en la zona… Mucha palabrería… A ver qué llega a cumplirse. ¡Qué bonitas palabras! ¿Hechos? No más de los comunes.
Estados Unidos se ha comprometido a ser mediador. Pero mediador, ¿de qué? ¿Hay algún país más partidista en el conflicto de Oriente Próximo? No. ¿Cómo se va a fiar Palestina de ellos? ¿Por qué? ¿Deben?
Para llegar a una solución, permanente, entre estas dos regiones, ambas deben ceder y no parece que lo vayan a hacer, de hecho. La historia da la razón a cualquiera que mantenga este pensamiento (negativo).
Bill Clinton ya intentó, durante el último tramo de su mandato, canalizar las conversaciones entre israelíes y palestinos y facilitar el acuerdo. Camp David fue un fracaso. De esa ronda de reuniones, muchas conclusiones se extrajeron. Realidades, ninguna. Todos sabemos cuál es la situación actual entre Israel y Palestina. Seis años después de este encuentro, Jerusalén continúa siendo irrenunciable para ambas partes; los asentamientos en Cisjordania y Gaza no ven solución al problema; la resolución 181 de la ONU sigue sin cumplirse; y las fronteras… ¡Cuánto mal crean las fronteras!
Bush ha querido dejar su nombre marcado en el futuro de Oriente Próximo… Seguramente se quede en una intención más, de las muchas que ha habido durante las últimas seis décadas. ¡Que ya son años, ya!
Para que estas reuniones tengan visos reales de éxito deben contar con el apoyo de la sociedad. Pero, en este caso, ¿apuestan por la paz verdadera israelíes y palestinos? ¿Todos o una parte? ¿Son mayoría los que quieren ver el final del conflicto? ¿Los que encabezan las manifestaciones representan a su población? Demasiadas cuestiones en el aire.El 25 de noviembre fue declarado Día Internacional contra la Violencia de Género en el I Encuentro Feminista de Latinoamérica y del Caribe celebrado en Bogotá (Colombia) en julio de 1981.
Hoy, por tanto, es un día de reflexión y para actuar. De reflexión de todos y de actuación, también. No seamos necios.
Tenemos reciente un caso con gran trascendencia mediática, la muerte de Svetlana, aquí, en Alicante. Este caso, por ejemplo, podría servir para basar una reflexión con su consiguiente opinión, pero mejor voy a darle «voz» a alguien que lo hace mucho mejor.
El «Análisis» de hoy en INFORMACIÓN merece la pena leerlo. Y después, meditar sobre el qué nos quiere transmitir Juan R. Gil con él, si tiene razón (para mí, toda) y de qué medios disponemos para hacer frente a esta lacra de nuestra sociedad.
El Día por la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres, que hoy se celebra, viene marcado por el caso de la joven rusa que hace una semana fue degollada en el portal de su vivienda. Un caso que pone en evidencia tanto los fallos del sistema como la hipocresía de nuestra sociedad. Porque Svetlana , que tan sólo tenía treinta años, había hecho todo lo posible para librarse de la muerte. Y no es que no la dejaran, es que no la dejamos, que no es lo mismo. Svetlana se había escondido de su acosador buscando un piso refugio, le había denunciado, había llegado a colarse un día en un cuartel de la Guardia Civil en demanda de auxilio, estaba tramitando el regreso a su país y sabía, a ciencia cierta, que la iban a matar. Nada le sirvió. Al maltratador, hoy en prisión como acusado de su asesinato, le entregaron la orden de alejamiento del juzgado cuando ya se encontraba entre rejas y Svetlana en la morgue. El tribunal no había podido notificar dicha orden alegando que no lo encontraba. Qué ironía. No sólo que la orden de alejamiento se la dieran cuando ya lo tenían preso, sino que lo que el juzgado no fue capaz de hacer lo hiciera un programa de telebasura que se emite en horario infantil. Un bodrio al que, para mayor desvergüenza, llevaron a Svetlana sin decirle que allí se iba a encontrar con el hombre al que tanto temía, sino permitiéndole que creyera que era con su madre con quien se iba a ver. Dice hoy, en una entrevista en este periódico, el nuevo comisario provincial, que sólo mueren las mujeres que no llaman a la Policía. No es verdad: la Policía no puede alardear, en estos momentos, de proporcionar una protección realmente efectiva. No tiene medios suficientes para ello. Y, por su lado, la burocracia no tiene, ni sentido, ni corazón. Conseguir un pasaporte resulta, a veces, cuestión de meses. Y las notificaciones de los juzgados se entregan hoy en día como en el siglo XIX, y no sólo el sistema no se cambia (ni siquiera en un caso de violencia, donde habría que poner a la Policía de inmediato a buscar al condenado con esa orden) sino que el Consell le recorta los escasos medios de los que ya dispone ese servicio. Han dicho también en distintos momentos y en diferentes casos, tanto la subdelegada del Gobierno, Encarna Llinares , como la delegada contra la Violencia de Género, Antonia Graells , que las mujeres maltratadas tienen que poner de su parte para no acabar muertas. Y eso también es una falacia, un mirar para otro lado, porque la maltratada generalmente es una persona con demasiado terror y demasiado minada en su voluntad como para poder, de un día para otro, recuperar la conciencia de su dignidad y, con ella, el timón de su vida. Svetlana hizo mucho por escapar a su suerte. Pero entre todos le pusimos al asesino la presa a tiro.
-.LAS DESVIACIONES.-
Siempre me ha gustado esta profesión sobre todas las historias pero, de un tiempo a esta parte, se ofrece un determinado tipo de espectáculo en nombre del periodismo que te dan ganas de dedicarte a cualquier otra cosa, incluida la política. Con eso lo digo todo. Afortunadamente no soy el único que se estremece. Bastantes nos temíamos lo que se desplegaría en esos platós para darle vueltas y más vueltas a un suceso tremendo del que además nadie maneja apenas información como es lógico. Pero eso es lo de menos. La gente se bebe lo que le echen y los medios se lo inyectan. Me gustaría decirle a la gente joven que no siempre fue así. Tuve la suerte de iniciarme simultáneamente en las redacciones y en la facultad en el año que cayó Nixon. El objetivo de profesionales que ya estaban y de los que llegábamos era el de ser capaz de contarle a nuestros lectores lo que pasaba a su alrededor y destapar desatinos, desviaciones y abusos. Hoy es que abusa todo quisque sin distinción de procedencia y, el que no lo hace, parece que es un timorato anacrónico. Pues que siga el número. Así, mientras la «pía» Paloma Gómez Borrero acude al «tomate» a certificar que fue un suicidio, la republicana Rahola le dice perrerías a Peñafiel y lo acusa de hacer negocio con el asunto como si ella estuviera ahí, frente a los focos, porque sus convicciones se lo demandan. El problema de esta profesión incumbe a otras batallas. No sólo en esta vertiente llamémosle más frívola se traspasa la raya. Buenafuente acaba de renunciar a un premio porque se lo han concedido también a Losantos y, en su criterio, «así tratan de ser salomónicos y decir que todo vale, y poco a poco se va pudriendo el periodismo». No siempre fue así ni tiene por qué seguir siéndolo. Basta con que nos dediquemos a lo que tenemos que dedicarnos. Depende, pues, de nosotros y de ustedes.
Y ya sabéis, la palabra «cosa» cuanto menos la usemos, mucho mejor.
De pequeño tuve una caja de zapatos que llegó a ser mi juguete preferido, entre otras cosas porque no tenía otro. Pero envejeció más deprisa que los zapatos que había llevado dentro, de manera que a mi caja se le cayó un día la primera a y se quedó en una cja, que así, a primera vista, parece un juguete yugoslavo. Busqué entre las herramientas de mi padre una a de repuesto, pero no había ninguna y tuve que sustituirla por una o. De este modo, sin transición, tuve que olvidar la caja para hacerme cargo de una coja, lo que es tan duro como pasar directamente de la niñez a los asuntos. Jugué mucho con aquella coja, todavía la recuerdo, pero se fue haciendo mayor también y un día se le cayó la jota. Hay quien piensa que las vocales se estropean antes que las consonantes, pero yo creo que vienen a durar más o menos lo mismo. El caso es que tampoco encontré entre los tornillos de mi padre una jota en buen uso, así que la sustituí por una pe que estaba prácticamente sin estrenar. La coloqué en el lugar de la jota y me salió una copa estupenda, con la que he bebido de todo hasta ayer mismo, que se me cayó al suelo y se rompió. A decir verdad, se rompió justamente por la pe, y como es muy antigua no he encontrado en ninguna ferretería una igual. Ayer fui a casa de mis padres, y después de mucho rebuscar en el trastero di con una ese que no desentona con el conjunto. O sea, que ahora tengo una cosa, pero no sé qué hacer con ella. La caja, lo coja y la copa eran muy útiles para guardar secretos, jugar o emborracharse. Pero la cosa me da miedo; además, la escondí en el bolsillo interior de la chaqueta, de manera que desde ayer tengo una cosa aquí, en el pecho, que me llena de angustia. Lo peor de todo es que, como no sé qué es, tampoco sé cómo se rompe. Qué vida, ¿no?
Por fin una radio generalista ha tenido la osadía de colocar a una mujer al frente de un programa de actualidad política. Y no, no voy a escribir el típico discurso feminista. Descuiden.
Por fin un medio de comunicación, la SER para ser más exactos, ha obviado el carné de identidad a la hora de elegir al director de un programa referente. Àngels Barceló es la afortunada.
Hasta el día de hoy, no había ninguna mujer a lo mandos de ningún formato referente. Hasta hoy. Si repasamos las parrillas de los principales medios radiofónicos vemos nombres como Carles Francino, José Antonio Marcos y Javier Casal (en la SER); Carlos Herrera y Carlos Alsina (Onda Cero); Federico Jiménez Losantos, Ignacio Villa y César Vidal (COPE); Luis del Olmo y Félix Madero (Punto Radio)… Todos hombres y todos con puestos de especial relevancia en su empresa.
Hasta hoy, como decía. La dirección de la Cadena SER, con valentía, ha apostado por la catalana para sustituir, definitivamente, al desaparecido Carlos Llamas. No es una labor sencilla. «Hora 25» es el programa de Llamas. Sé que no lo creó él, pero también sé que lo convirtió en suyo. Àngels tiene doble hándicap: ser mujer y ocupar el puesto de un maestro de las ondas.
Este nombramiento lo podremos sentir y valorar a partir de enero. Estaremos alerta.
Esta mañana se ha hecho público el esperado fallo, y nunca mejor dicho. El magistrado Vázquez Honrubia ha impuesto sendas multas de 3.000 euros a Guillermo Torres y Manel Fontdevila, autores de la archiconocida caricatura de los Príncipes.
El juez ha considerado que tanto el dibujo como el texto de la viñeta son «objetivamente injuriosos». Aún así ha rebajado en un 50% la multa que solicitaba la Fiscalía.
En realidad no sé qué es más lamentable: el resultado de la sentencia o la solicitud del fiscal.
La libertad de expresión, claro está, debe tener unos límites. Pero ¿la portada de El Jueves los sobrepasaba? Para unas cosas tanto y para otras tan poco… En fin.
La pasada semana, en la Universidad, nos facilitaron un Informe de Reporteros Sin Fronteras, donde la organización francesa denunciaba los casos de falta de libertad en distintos países de Europa y la extinta URSS. Ejemplos flagrantes para la profesión periodística, lugares donde es imposible informar acerca de las intenciones de los gobiernos, de sus actuaciones.
Y me pregunto, ¿no es peor nuestro caso? La familia real debe exigir respeto, pero no más que cualquier otro cargo representativo del poder español. Incluso, no más que cualquier ciudadano (y en este instante, con los programas de sociedad, los jueces no darían abasto).
Pero yendo más allá, la supuesta humillación de esa viñeta, ¿dónde estaba? ¿En la imagen? Pienso que no ¿Nos es peor, más ofensivo, el texto que la acompaña? Está claro que ese mismas líneas (donde se les tachaba de vagos e improductivos) sin el correspondiente dibujo no hubiera tenido ni un ápice de la trascendencia que tuvo.
Por otro lado, aunque no menos importante, la actuación de la Fiscalía. ¿Cuál era su finalidad? ¿Pretendía defender a la institución o incrementar la polémica? Quiero pensar que la respuesta correcta es la primera. Quiero, aunque eso no significa que lo consiga. Entonces que se dediquen a asuntos más relevantes y que vulneran mucho más la libertad, aunque no sea la de prensa.
¡Esto es España! Demócratas nos llaman.
P.S.: ¡Ah! Y ya sabéis. Para conseguir dinero, a tener hijos. A nosotros las injurias, ni de refilón. Dicen que no tenemos ni fama ni estimación. Ellos tampoco, que es lo peor.
Llega un momento en que, de
oír las mismas noticias –y
normalmente malas– en un
informativo tras otro, acaba uno
hasta el gorro, ¿verdad? Pues, si
esto les ocurre a ustedes, imagínense
a los que como nosotros
nos dedicamos a lo que nos dedicamos
y, por tanto, tenemos
que estar todo el santo día dándole
que te pego a lo mismo. El caso
es que en buena parte de los trayectos
que hago dentro del coche
por la ciudad, en un instante determinado,
recurro a las emisoras
enteramente musicales. Y he descubierto
en los últimos tiempos
una de este tipo que cuenta con
una selección de melodías, de las
mejores que pueden sintonizarse
para mi gusto. Se trata de ese
apartado del dial que Onda Cero
ha dejado para estos menesteres.
Sólo tiene un inconveniente. Y es
que siempre que me refugio en
ella para relajarme de
lo mío, pero es que siempre –da igual de la
hora que estemos hablando–,
me entra la canción francesa titulada
«Je t´aime». Sí, es esa, que
seguro que habrán escuchado en más de
una ocasión, compuesta mitad en
plan susurros haciéndote llegar
una señora lo mucho que te quiere,
pero en francés, y mitad jadeos.
Y, claro, huyo de las programaciones
convencionales para no
ponerme malo y, en donde voy a
refugiarme, me pongo peor. Porque,
además, es que no hay derecho.
Cuando uno andaba por
los dieciocho años no salía en estos
días de «La túnica sagrada» y,
ahora que no los tiene pero que
tampoco se ha convertido en estatua
de sal, le saltan con jadeo va,
jadeo viene. La historia de la humanidad
es jodida pero, en fin,
joder por joder de esa manera, y
sabiendo además cómo está el
tráfico en estos días, no es cristiano.
El otro día venía mi hijo
cuando ocurrió y, como llevaba
mucho acumulado, con qué expresión
no me vería que me dijo:
«Papá, ¿te pongo las noticias?».
Hay libros que forman parte de un plan y libros que, al modo del automóvil que se salta un semáforo, se cruzan violentamente en tu existencia. Éste es de los que se saltan el semáforo. Me habían encargado un reportaje sobre mí mismo, de modo que comencé a seguirme para estudiar mis hábitos. En ésas, un día me dije: «Mi padre tenía un taller de aparatos de electromedicina.» Entonces se me apareció el taller, conmigo y con mi padre dentro. Él estaba probando un bisturí eléctrico sobre un filete de vaca. De súbito, me dijo: «Fíjate, Juanjo, cauteriza la herida en el momento mismo de producirla.» Comprendí que la escritura, como el bisturí de mi padre, cicatrizaba las heridas en el instante de abrirlas e intuí por qué era escritor. No fui capaz de hacer el reportaje: acababa de ser arrollado por una novela.
I des del Matxo del Castell mires i dius: «Què encant!». No és este ja el poble vell, que és altre Alacant. Visca Alacant! Visca Alacant! Visca Alacant! Visca Alacant!